Piqué, en el momento de ser sustutuido por Nacho
Piqué, en el momento de ser sustutuido por Nacho - Reuters

España-AlbaniaPiqué pasa a un segundo plano

El central siguió con la rutina de los silbidos, aunque fue redimido por buena parte de la afición

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Ya sea por cansancio, por el buen juego de España o porque la gente tenía ganas de fiesta y no de jaleo, el asunto Piqué pasó definitivamente a un segundo plano en Alicante. El central siguió recibiendo pitos, no se puede decir lo contrario, pero la sensación que dejó su presencia sobre el Rico Pérez es que la mayoría está aburrida del tema, hastiada de un conflicto que ha enrarecido el ambiente previo a un partido fundamental hasta límites brutales, y cuya resolución en ciernes es la mejor noticia que se lleva Lopetegui, al margen de la clasificación.

Piqué, que tiene ya más que asumido lo que le viene encima cada vez que juega con la selección en territorio español, se lo toma ya como una rutina más. Es consciente de lo que hay y se intenta aislar como puede. Su llegada al estadio, con los auriculares puestos y la mirada baja, ya dio un síntoma de lo que se iba a encontrar después. Al igual que en los días previos hubo una opinión dividida. Nada que ver con el clima irrespirable que se generó en Las Rozas en el entrenamiento del pasado lunes.

El mayor volumen de decibelios se alcanzó cuando fue anunciado su nombre por los altavoces del estadio durante la presentación del once de España. Y a partir de hay, una y otra vez, el mismo ritual, resumido en unos pitos iniciales, de más o menos intensidad en función de la atención del público, seguidos de un arrebato espontáneo de aplausos como respuesta.

Y él, a lo suyo, gesto serio y concentrado, evitando cualquier mueca interpretable porque se sabe el objetivo de las cámaras. Sergio Ramos le buscó justo antes del pitido inicial para darle un abrazo que viera todo el estadio. Un abrazo sincero entre amigos, o entre socios. Pero ni el gesto con evidente mensaje del capitán impidió que una parte de la afición siga ofendida por las declaraciones y actuaciones del central durante el 1 de octubre y en los días posteriores. Incluso llegó un momento en el que el centenar de seguidores albaneses, conmovidos desde su esquina en el Rico Pérez, comenzaron a corear el nombre de su rival.

Lo que quedó claro también es que a Piqué los pitos le afectan lo justo para su desempeño en el campo. El azulgrana se contagió del buen tono general del equipo. Es cierto que no tuvo excesivo trabajo, pero en general controló bien a Grezda y Memolla, los esforzados delanteros albaneses. Su único error, que pudo ser grave, fue en un control en el área al filo del descanso durante una pugna con Grezda. Se jugó el penalti al intentar recuperar el balón y protestó airadamente al árbitro al considerarse él víctima de la falta.

Piqué llegaba al encuentro apercibido y recibió una amarilla al inicio del segundo acto, por lo que no jugará el lunes ante Israel en el cierre de la fase de clasificación. Al poco era sustituido por Nacho en un acto que se convirtió en el juicio final de Alicante con el jugador. Ahí los aplausos ganaron por amplia mayoría, y el jugador respondió parándose en la línea de banda y correspondiendo el gesto de la misma manera. No hay redención absoluta, pero sus explicaciones del pasado miércoles y los continuos mensajes de apoyo de sus compañeros han mitigado la polémica.

Visto lo visto, con el objetivo cumplido y eximida su presencia en Jerusalén, la tensa relación entre Piqué y los aficionados debe quedar en el olvido al menos hasta el próximo año, donde llegará un nuevo examen en función de su comportamiento y sus palabras. En los próximos meses se verá si la hostilidad de estos días y el hartazgo de sus compañeros por defenderle cambian su actitud, porque aún le quedará algún amistoso en España antes de viajar a Rusia para vivir, si nada cambia, sus últimos momentos como internacional.