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Barcelona-Real Madrid Rakitic: «Cuando cuelgue las botas quiero ser costalero en Semana Santa»

Apunto de comenzar su tercera temporada como azulgrana, el croata es ya una pieza clave en el equipo de Valverde como lo fue antes en Sevilla

Rakitic posa para ABC en la Ciudad Deportiva del Barcelona
Rakitic posa para ABC en la Ciudad Deportiva del Barcelona - INÉS BAUCELLS
S. FONT / E. V. ESCUDERO - Actualizado: Guardado en: Deportes Fútbol

A simple vista, Ivan Rakitic (Mohlin, 1988) podría pasar por uno más de los jóvenes que esperan a las puertas de la Ciudad Deportiva Joan Gamper para ver a sus ídolos. Luce vaqueros y camiseta, sin rastro del divismo que acompaña a algunas estrellas de fútbol. Su voz resuena con un agradable acento andaluz y la entrevista discurre en un perfecto castellano, uno de los siete idiomas que domina. Aunque quedan apenas unas horas para que se dispute la Supercopa de España ante el Real Madrid, el croata aparca la tensión para charlar con ABC sobre ese primer título nacional de la temporada y sobre la deriva que su deporte ha alcanzado en este mercado de fichajes que dejó al vestuario azulgrana sin una de sus piezas clave.

—¿Se ha vuelto loco el fútbol?

—Bastante. Hace poco escuchábamos las cifras que llegaban desde China y nos echábamos las manos a la cabeza y de repente vemos todo lo que ha pasado este verano... (resopla). Y eso que aún no ha acabado, porque yo creo que va a pasar alguna locura más. Explicar esto es bastante complicado, pero es la dirección hacia la que va el fútbol y todos los deportes en general. Esto se ve también en los contratos que se han firmado en la NBA. Va siempre a más. Si en 2017 hemos visto que se ha pagado por un jugador 220 millones (por Neymar), no sé qué nos espera en 2025. Es complicado pensar que esto va a ir a menos.

—¿Y vale un futbolista esos 220 millones?

—Hemos visto que sí. Es lo que hay. El otro día un amigo me enseñaba lo que podría hacerse con 222 millones y es un poco alucinante... No sé. Dicen que el PSG vendió muchas camisetas el primer día y que hay muchas más cosas alrededor. Creo que el fútbol es ya mucho más que solamente fútbol. Hay mucho márketing y muchas más cosas alrededor y es ahí donde los equipos ganan mucho dinero.

—Y con todo ese negocio, ¿no se está perdiendo un poco la esencia del fútbol?

—Es a eso a lo que me refiero, pero no solo en el fútbol, en muchos otros deportes también. Está claro que esto es un negocio y que va a más, aunque yo no esperaba que explotara así este verano. Creo que ha habido un cambio monstruoso. No era esperable. Cuando se firmó esa cláusula (en referencia a la de Neymar) nadie pensaba que alguien iba a venir y decir, «toma». Por eso, las cláusulas que se están firmando a día de hoy van mucho más allá de los 222 millones.

—¿Y la esencia del Rakitic futbolista dónde está?

—Nací en Suiza, en medio de una familia muy futbolera. Mi padre era un loco de este deporte, jugó a nivel casi profesional, pero no pudo hacer carrera. A veces creo que yo estoy viviendo la vida que le hubiera gustado a él. También está mi madre, que sabe mucho más de fútbol que la mayoría de aficionados, y está mi hermano mayor que también me hizo amar este deporte. Era casi imposible escaparse del fútbol, así que me enganché, como ellos. Con cuatro años ya jugaba en el pueblo donde vivíamos en Suiza, aunque mis primeros recuerdos relacionados con el fútbol son de cuando mi padre nos llevaba al estadio a ver al Basilea. Ahí es donde empecé a tener claro que quería ser futbolista.

—Anda, que si le da por otro deporte...

—Mi familia es así. Mi madre no se pierde ni un partido. Por ejemplo, durante la gira de este verano, en la que los encuentros que hemos jugado han sido de madrugada, le ha dado igual. Los ha visto todos. Creo que fue mi padre el que le metió un poco el gusanillo en el cuerpo y ya toda la familia crecimos con un balón debajo del brazo.

«Modric es el que lleva el peso del equipo en el Real Madrid. Es un alivio que no juegue esta noche»
—¿Ha cambiado mucho Rakitic en este tiempo?

—Claro que sí. Ahora soy padre, tengo dos niñas preciosas y la mejor mujer que se puede tener. Es inevitable ir creciendo y cambiando. Es parte de la vida. Eso sí, tengo alrededor a la misma gente con la que crecí en Suiza o en Alemania después. Uno tiene que saber siempre de donde viene, aunque luego me enamoré de Sevilla y de ahí será difícil moverme cuando me retire.

—Más allá de los millones que mueve el fútbol, usted habla de sus raíces, de valores...

—Es que para mí es lo más importante. Es la educación que recibí y lo que me ha enseñado la vida. Mis padres hicieron todo lo posible para que nosotros pudiéramos estar bien. Dejaron su país y se fueron a vivir al extranjero pensando solo en el bienestar de sus hijos, sin importarles lo que dejaban atrás. Me acuerdo que había momentos en los que veía que ellos lo pasaban mal y ahí aprendes mucho. Todo eso, lo intento aplicar en mi vida, con mis hijas... Además, tengo una mujer que da aún más importancia a todo eso.

—¿Le marcó el conflicto de los Balcanes aunque no lo viviera en primera persona?

—De niño, niño, no lo recuerdo mucho. Si acaso esa imagen que le decía antes de mis padres pendientes de las noticias. Aún así, trataban de que nosotros no nos enteráramos de nada. Querían que tuviera una infancia normal. Lo que te provoca aquello es salir aún más fuerte de todo eso, aprender muchísimo y aplicar todo eso en tu vida cotidiana.

—¿Quién ocupaba los pósters de la habitación de Rakitic?

—Todo estaba lleno de fútbol, porque mi hermano mayor es muy futbolero también. Cada póster que caía en nuestras manos acababa en la pared. Éramos de equipos donde había jugadores suizos. Chapuisat, que era el mejor entonces, jugaba en el Borussia Dortmund. Después, también nos gustaba mucho el Basilea y, como no, estaban los Prosinecki, Suker, Boban... una generación de jugadores croatas que puedes cerrar los ojos y elegir a cualquiera porque era una pasada. Esa selección nos enganchó aún más a la pasión por el fútbol...

«Cuando me hablaron del interés del Barcelona, pensé que era una broma, que se estaban quedando conmigo»
—Es croata, ha jugado al fútbol en Suiza y en Alemania, pero se ha enamorado de España...

—Sí. Si alguien me lo hubiera dicho antes de firmar aquel contrato con el Sevilla le hubiera dicho que estaba loco. Llegué sin hablar una palabra de español, sin saber casi nada del club -dónde estaba en el mapa y poco más-, pero desde el primer día sentí una atracción especial por la ciudad y el equipo. Estoy muy agradecido a toda la gente del club, a Monchi, a Del Nido y a Manzano, que me recibieron con los brazos abiertos; tuve además la suerte de conocer a mi mujer, con una familia espectacular que me abrieron las puertas de su casa y me enseñaron todos los valores que hay en España, en Andalucía y en especial en Sevilla. Con mi suegro me aficioné hasta a la Semana Santa...

—Un croata aficionado a la Semana Santa, esto promete...

—Sí (se ríe). Al principio fue un poco raro. El primer año no sabía lo que era y me metí en un lío bastante grande con el coche, porque me cortaron las calles por todos los lados y no sabía cómo salir... Después, aprendí a disfrutarla como ellos. Es emocionante la pasión con la que lo viven. Es lo más grande. También en Croacia es bastante importante la religión, pero vivirlo en Sevilla es especial. Poder compartirlo con todos ellos es muy bonito y toda la gente que me visitó desde Suiza o Croacia en ese tiempo me decía lo mismo. Me encanta la Semana Santa y cuando me retire ya le he dicho a mi suegro que quiero salir con él de costalero en un paso. Es lo más grande que hay... 

—Aunque son España las dos, Barcelona y Sevilla son muy diferentes, ¿no?

—Sí, no tienen nada que ver. Barcelona es una ciudad mundial. Aquí hay mucha culturas, mucha gente de todo el mundo y, en ese sentido, es más abierta. Aquí conoces gente de cualquier lado del mundo. En Sevilla eso es un poco más complicado. Seguimos en España, pero no tiene nada que ver. Aquí lo pasamos muy bien, porque hay muchas cosas para hacer con las niñas y en el club nos han ayudado muchísimo desde el primer día. Claro que echo de menos Sevilla, pero estamos aquí muy felices.

—¿Se acuerda del día que le llegó el interés del Barcelona por ficharle?

—Claro, me acuerdo perfectamente porque estaba a punto de coger el avión rumbo al Mundial de Brasil con mi selección. Estando casi en la pista me llamó mi hermano para decirme que había interés del Barcelona por ficharme. Lo primero que pensé es que era una broma, que se estaba quedando conmigo, y le dije que no tenía tiempo para tonterías. Él me dijo que era de verdad y que si me interesaba. Le repetí que se dejara de tonterías, que tenía que dejar el móvil y ahí se quedó la cosa. Fueron nueve horas de viaje hasta Brasil que se me hicieron muy largas. Solo quería llegar y ver el móvil. Las negociaciones fueron rápidas, porque solo duraron dos o tres días, y la verdad es que todo salió muy bien para todos.

«Tenía claro que para salir del Sevilla tenía que hacerlo bien, porque es mi casa y allí volveré para vivir cuando acabe mi carrera»
—¿Qué hizo Rakitic que no han hecho otros jugadores para poder volver a Sevilla y seguir siendo un ídolo para la afición?

—Entiendo que cada jugador pueda tener su idea o planteamiento. El mío fue llamar a Monchi y decirle que solo saldría si el club estaba de acuerdo. Si todos nos beneficiábamos de la operación y el día de mañana podíamos mirarnos a la cara. Si eso no era así, prefería renovar y quedarme en Sevilla. Le dije que nunca le iba a presionar. Que me gustaría salir, porque era un reto nuevo, un paso más en mi carrera, pero solo si era de la mejor manera posible. Lo que siento por esa ciudad no es agradecimiento, es que yo me veo el resto de mi vida allí. Si me pregunta dónde voy a ir el día de mañana, le diré que mi casa está en Sevilla con todos los respetos para mi familia en Suiza o en Croacia. Yo veo mi casa ahí. Cuando cuelgue las botas, pediré el pasaporte español y viviré allí con mis hijas y mi mujer. Por eso era tan importante para mi salir bien del Sevilla.

—Y entonces, se produce el acuerdo. El Barcelona pagó alrededor de 20 millones por usted... ¿Una ganga?

—(Se ríe). Han pasado solo tres años y es una diferencia muy grande con lo que se está pagando ahora. Fíjese, con ese dinero hay clubes que podrían renovarse enteros y hay otros para los que es solo una parte pequeña de su presupuesto. Es ahí donde se ve el desequilibrio y hay que respetarlo. Cada equipo juega sus fuerzas y unos las tendrán en el apartado económico y otros en el césped.

—¿Cómo afecta la marcha de un jugador como Neymar?

—Hay que pasar página. Nos hubiera gustado que Neymar se hubiera quedado con nosotros, porque era un jugador importante en el campo y en el vestuario. Un chico de diez. Me dio mucha pena el día que se vino a despedir, pero hay que pasar página. Desearle mucha suerte, que tenga toda la felicidad del mundo y nosotros centrarnos en lo nuestro. El Barcelona tiene una exigencia muy alta y tenemos una plantilla perfecta para pelear por todos los títulos.

—¿Qué tal están siendo los primeros días con Valverde?

—Siempre que hay un entrenador nuevo hay cosas diferentes. Si cogiéramos a cien entrenadores al azar, todos tendrán cosas diferentes y en este caso ocurre algo parecido. Valverde conoce muy bien la casa y la Liga, tiene mucha experiencia, nos sabe llevar muy bien...

—¿Es muy distinto a Luis Enrique?

—Por supuesto, pero hubiera ocurrido igual si hubiera venido mi padre desde Suiza para entrenarnos. Todos los técnicos, como le digo, son diferentes y tienen sus ideas. Unos le dan más importancia a unas cosas y otros a otras. Lo bueno es que la idea del Barcelona está bastante hecha y sea Valverde o quien sea, el estilo no cambia.

«Creo que el fútbol se ha vuelto loco. Ha dado un cambio monstruoso este verano que nadie se esperaba»
—El año pasado fue uno de los jugadores más sustituidos sin mucha explicación, ¿habla Valverde más con usted de lo que lo hacía el asturiano?

—No llevamos mucho tiempo juntos, pero durante la gira ya hemos podido ver que es muy claro. No sé si más o menos. Yo siempre digo que si el día de mañana soy entrenador, tampoco voy a explicar todo a todos. De aquello, lo que me molestaba era que no veía razón para que pasara. Yo me veía muy bien, pero creo que hay veces que explicaciones no hace falta dar.

—¿Duelen más los títulos del Real Madrid que de los de otros clubes?

—No, a mí me duele que gane cualquier si no es el Barcelona. Me da igual que sea o no el Real Madrid. Cuando no ganamos, hay que felicitar al rival, porque somos deportistas, y lo que queremos nosotros es aprovechar todas las oportunidades que tengamos de ganar títulos. Sabemos que podemos conseguirlo y hay que afrontarlo con confianza y tranquilidad.

—¿Y ganarle al Real Madrid un título sabe mejor?

—Un clásico sí que es algo diferente. Es especial. Y si además eso lleva sumado un título, pues mejor. Pero lo que realmente me importa es levantar copas y no a quién se las gano. Quiero llevar otra réplica pequeña a mis hijas y nada más...

—¿Cree que el secreto del Madrid es que ha formado un gran centro del campo?

—Para mí, con todo el respeto para todos, una parte muy importante de ese éxito es de Luka Modric. Creo que lleva el peso del juego de este Real Madrid, un equipo que es muy difícil de jugar, que tiene mucha fuerza delante y que también trabaja muy bien en defensa. Pero nosotros no tenemos que pensar en los demás. Debemos centrarnos solo en lo nuestro, porque hoy es el Madrid, pero mañana el rival será otro. Si nosotros estamos a nuestro nivel podemos ganar a cualquiera y ese tiene que ser nuestro objetivo.

«¿Pasillo al Madrid? De eso no tenemos que hablar nosotros»
—¿Es un alivio entonces que no juegue Modric por sanción?

—Sí, claro, pero si no está él, estará otro que lo hará bien. Tienen una plantilla muy buena. Pero ya le digo que no pensamos en eso. Tenemos que trabajar nuestra parte. Ellos vendrán con confianza, porque un título les dará fuerza, pero jugamos en nuestra casa y tenemos que sacar ventaja para poder ganar esta Supercopa.

—¿De qué se habla en el vestuario del Barcelona?

—Somos una familia grande, que pasamos mucho tiempo juntos y tenemos un ambiente muy positivo. Salimos mucho juntos y se habla de muchas cosas, no solo de fútbol. Incluso temas serios. Si tenemos que hablar de cualquier tema, se trata sin problema, pero lo que pasa allí se queda allí dentro. Al final tenemos un mismo objetivo, que es ganar títulos y ese es el nexo común de todos.

—¿Le ayuda esa confianza a la hora de jugar y asociarse?

—Todo ayuda. Estamos mucho rato juntos, es normal que te lleves mejor con unos u otros, pero lo importante es que el grupo esté junto y luche por los objetivos cuando haya que sufrir.

—¿Han hablado de si van hacerle o no pasillo de campeón al Real Madrid?

—De eso no tenemos que hablar nosotros.

—¿Qué hace Rakitic cuando no habla de fútbol?

—Lo dedico a mis hijas y mi mujer. Tengo dos perros, un conejo y me gusta cocinar, pero todo el tiempo libre que me deja mi vida como futbolista lo disfruto con mi familia, que son lo más importante en mi vida.

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