Cristiano ante Koke en el partido de ida jugado en el Calderón (0-0)
Cristiano ante Koke en el partido de ida jugado en el Calderón (0-0) - REUTERS
Champions | Real Madrid-Atletico

La historia contra el presente

El Madrid, vigente campeón y con diez títulos, acude repleto de bajas al duelo contra el Atlético, al que no ha ganado en ninguno de los siete últimos duelos

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Se me ha quedado cara de cero a cero, se dice, y por algo será. El del Vicente Calderón llevamos mirándolo una semana por veinte sitios, como si fuera un poliedro, y cada vez se ve distinto. Sabemos, claro, que dos de los tres resultados posibles le valen al Atlético. Suele pasar que a mitad de partido alguien (casi siempre la misma persona) pregunte lo del doble valor de los goles en campo contrario. Pues bien, al Atlético le vale cualquier empate con goles. Esto es una ventaja objetiva. Al Real Madrid, sólo ganar o estirar el 0-0 hasta penaltis, que no es propiamente ganar. Y se sabe algo más. Cualquiera de los últimos ocho resultados entre los dos equipos haría pasar al Atlético. Todos los enfrentamientos de este año y el 1-1 con el que acabaron los noventa minutos de Lisboa.

Para el Madrid, pasar a semifinales sería una relativa proeza. Sería la quinta consecutiva en Copa de Europa, algo que no ocurre desde el lustro 1956-1960, cuando las cinco Copas que construyeron su leyenda. Esto certificaría una edad de plata del club, el Renacimiento Florentiniano.

Juicio a Ancelotti

Para el Atlético, sería la primera vez que repite semifinal de Copa de Europa. Con Simeone, el club ha seguido una línea ascendente año tras año y encontraría, de perder, su primer estancamiento.

Si fuera el Madrid el derrotado, Ancelotti se enfrentaría a un juicio severo. El italiano ha afirmado que ante el Atlético mantendrá el mismo dibujo, pero afronta las obligadas bajas de Modric, Bale, Marcelo y Benzema. Con Marcelo pierde un afluente de fútbol; con Modric, el equilibrio en el centro del campo y la virtud en la banda derecha; se hace, sin él, hemipléjico; arriba, la BBC se disuelve y el aficionado se preguntará si es lícito mantener entonces la servidumbre del 4-3-3.

Más allá del sistema, los cambios y sus nuevas actitudes aportarán flexibilidad. Coentrao, Isco, Illarramendi y Chicharito son la apuesta conservadora de los apostantes. En las tertulias se ha dejado caer la posibilidad de introducir otro central, algo que ya probó Ancelotti, sin suerte, en su primera visita al Camp Nou.

Ante las bajas, los antecedentes y las dudas sobre el once, el Madrid decide ser optimista. Este año tiene dificultades para imponerse a los mejores equipos, pero Ancelotti en el Madrid no ve problemas, sólo soluciones. Esto se parece un poco al «Yo no busco, encuentro» de Picasso (salvando las distancias). El optimismo, por definición, se justifica fácilmente: con el sufrimiento de los últimos minutos ante el Málaga, con la recién descubierta viveza de Chicharito, nuevo picante para la delantera (ese arranque mariachi no le viene mal al Bernabéu tras años de genialidad introspectiva) o en lo de toda la vida: el escudo, la camiseta y las posibilidades épicas del escenario. Si Ancelotti no sabe cómo ganar a Simeone, será el club el que lo haga, parece pensar el aficionado.

El madridismo, con la historia de su lado, siempre puede optar por el espiritismo, pero en ocasiones el «modo remontada» le generó ansiedad y acabó remontándose a sí mismo.

En las horas previas, Ancelotti se ha mostrado resuelto y contagioso; Simeone, sin embargo, prudente y menos pasional que de costumbre. No quiere subir ni un grado la temperatura del Bernabéu.

El Atlético pierde a Mario y recupera a Mandzukic, que formaría con Griezmann en la delantera. Al probable 4-4-2 se le opone como alternativa un 4-5-1 que con Saúl o Raúl García llenaría el Bernabéu de centrocampistas. Illarramendi agitando un cazamariposas en medio del Viet Cong.

La experiencia del Chelsea

El Atlético ya supo mantener un cero a cero ante el Chelsea de Mourinho el año pasado. En Stamford Bridge acabó imponiéndose por 1-3.

Tu historia contra mis antecedentes. Perfecto argumento para una amistosa disputa vecinal. En la temporada 1958-59, los dos rivales se enfrentaron en Copa de Europa. No había doble valor de los goles en campo contrario y el desempate se tuvo que resolver en Zaragoza. Ganaron los blancos.

Casi siempre hay ruido en las vísperas del Madrid. En el Atlético, un silencio que sólo rompe el alegre casticismo de Cerezo, lo único anterior a Simeone. Con tan intensa rivalidad, no sabemos aún si Madrid está disfrutando como debe lo de ser la capital del fútbol europeo.