deporte e historia

El fútbol nació como remedio contra la masturbación

La lucha contra el onanismo en la Inglaterra del siglo XIX vino de la mano de lo que hoy es el deporte rey

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A tres civilizaciones de la antigüedad se le suele colgar la etiqueta de inventores del fútbol. El «ts'uh kúh», lanzar hacia una red un balón de cuero cuero relleno de plumas y pelo, es considerada por algunos como la primera señal que se tuvo del deporte rey, hace ya más de 2.200 años, en la China de la dinastía Han. Se trataba de un método de adiestramiento militar con una severa pena al capitán del equipo perdedor: flagelación pública. Otros hablan del «chukkuk», también un tipo de entrenamiento militar con un balón de por medio, en el reino de Shilla en Corea, hace ya 1.500 años, como la primera evidencia del fútbol. Y en el Japón de los samurais, se identificó con este deporte al «Kemari», todavía vigente, consistente en lo que hoy sería un rondo pero sin dejar caer la pelota al suelo.

Luego llegó la época romana, que trajo consigo el «harpastum», una evolución del Epislcyros, un juego griego que se practicaban desnudo y que utilizaba una vejiga de buey o cerdo como pelota. En la Edad Media, debido su violencia y al potente factor de distracción que suponía para los soldados, el fútbol fue prohibido en distintas ocasiones, como en el año 1314, por el rey Eduardo II, o en 1365 por Eduardo III. Afortunadamente, en la edad Moderna, salió de su clandestinidad y volvió a ser practicado como motivo de divertimento, hasta que en el siglo XIX, en Inglaterra, se pusieron por fin los primeros ladrillos de lo que hoy es el fútbol contemporáneo.

Fue en 1848, con el «Reglamento de Cambridge», cuando se oficializaron las primeras normas, muchas de ellas compartidas con el rugby, como poder coger el balón con la mano. Por eso, en la mañana del 26 de octubre de 1863, en la taberna londinense «Freemasons’s», tuvo lugar el nacimiento de la FA (The Football Association), el máximo organismo del deporte rey en Inglaterra, cuyo primer objetivo fue separar el fútbol del rugby. Y así fue. Ese mismo día se aprobaron las primera catorce reglas del fútbol moderno.

Lo que para algunos no parece estar tan claro es el por qué el fútbol contemporáneo nació en Inglaterra y no en otro lugar, aunque si hacemos caso a David Winner, autor de «Brilliant Orange», el motivo no fue otro que un remedio contra la masturbación. Así lo cuenta el popular escritor y periodista británico en su libro «Those Feet: A Sensual History of English Football».

Los hermanos Thring

La sociedad victoriana de aquella época era muy estricta en cuanto al onanismo, por el carácter perverso del mismo para el desarrollo del ser humano o por su posible evolución hacia la homosexualidad. Así de retrógrados eran los pensamientos de entonces. De hecho, en la prestigiosa «Uppingham School», un alumno era expulsado ipso facto si se le pillaba practicando la masturbación. De este modo, con el fin de evitar que los imberbes estudiantes cayeran en la tentación de lo que popularmente se conoce como «hacerse una paja», se puso el acento en la práctica del deporte. Éste sería un elemento básico de distracción contra el autoplacer, de liberación de hormonas y de proclamación de masculinidad.

Es ahí cuando fútbol y masturbación unen sus caminos, como señala David Winner en su libro. John Charles Thring, hermano del reverendo Edward Thring, el estricto director de la «Uppingham School» entre 1853 y 1857, fue uno de los padres del «Reglamento de Cambridge», razón de pedigrí para que se impusiera el fútbol en la «Uppingham School» como infalible antídoto contra la masturbación, que tantos quebraderos de cabeza generaba. Aquella metodología se extendió rápidamente por las universidades británicas y, de este modo, en muy corto espacio de tiempo la popularidad del fútbol creció como la espuma hasta lo que es desde hace ya bastantes décadas: el deporte más practicado y visto en todo el planeta.