conmociones cerebrales en el deporte

«Los niños no deberían dar cabezazos a un balón de fútbol hasta cumplir los 18 años»

víctor pérez - Actualizado: Guardado en: Deportes Fútbol

El descubrimiento de los riesgos para la salud que entrañan los repetidos golpes en la cabeza, más o menos habituales en los deportes de contacto, ha despertado el debate entre la comunidad científica sobre los posibles perjuicios de que los niños imiten desde pequeños a sus ídolos quedando expuestos a conmociones que puedan dañar su cerebro a largo plazo. Un riesgo inaceptable para muchos que amenaza con cambiar el deporte base en Estados Unidospara limitar los golpes del espectáculo del fútbol americano, gran pasatiempo nacional.

La mayoría de las conmociones en el fútbol vienen de colisiones entre cabezas al intentar rematar un balón en el aireDestapada la terrible huella de las repetidas conmociones cerebrales a lo largo de una trayectoria deportiva, confirmada la presencia del traumatismo craneoencefálico crónico (CTE) en el cerebro de varios exjugadores de fútbol americano, boxeo, rugby o hockey sobre hielo muertos a una edad temprana, muy poco después de retirarse, que a menudo presentaban cuadros de depresión, problemas cognitivos y de memoria, ansiedad o cambios bruscos de humor, la pregunta gira ahora sobre los posibles daños a largo plazo que podría implicar, también, el deporte base.

Robert Cantu, uno de los grandes expertos en la materia, neurocirujano y codirector del centro para el estudio de la Encefalopatía Traumática de la Universidad de Boston (Estados Unidos), pionera en las investigaciones sobre el CTE, advertía en una tribuna en The New York Times sobre los peligros de los golpes en la cabeza en todo tipo de deportes entre los más pequeños. «La exposición a golpes en la cabeza supone un riesgo demasiado alto. Somos conscientes de la la vulnerabilidad de los cerebros de los niños, pero lo más preocupante es lo que no sabemos, ¿Cómo afectarán los golpes que sufra un niño de 9 años cuando cumpla los 30, o los 50?», explicaba el médico.

Medidas para proteger a los niños

«El fútbol es uno de los deportes más proclives a las conmociones cerebrales»El debate en Estados Unidos gira, sobre todo, alrededor del fútbol americano. Varios expertos, como Cantu, están a favor de prohibir los placajes para limitar los golpes. «Los niños, sin embargo, no son adultos. Sus cuerpos todavía están madurando. Tanto el cerebro como la cabeza de un niño están desproporcionados respecto al resto del cuerpo, especialmente de los cinco a ocho años. Y el débil cuello de un pequeño no puede prepararse ante un golpe de la misma manera que lo hace un adulto», añade. El gran interrogante se centra en cómo pueden afectar los golpes en la cabeza, más habituales en el fútbol americano, en el cerebro de los jóvenes. «El cráneo de un niño a los cuatro años tiene ya el 90 por ciento del tamaño adulto. Esto es muy importante para hablar del riesgo de las conmociones cerebrales», sentencia el médico, que propone «afinar» las reglas de varios deportes con el objetivo de convertir en una prioridad proteger el cerebro de los más pequeños en el deporte.

El médico propone, por ejemplo, prohibir los placajes entre los más pequeños en el fútbol americano. Pero también sugiere cambios en el otro fútbol, deporte rey al otro lado del Atlántico. «Puede que algunos padres y entrenadores se sorprendan al descubrir que el fútbol es uno de los deportes más proclives a los traumatismos craneoencefálicos. En 2010 el fútbol tuvo una tasa más alta de conmociones cerebrales entre menores que practicaban baloncesto, béisbol o lucha libre», afirma Cantu, que aboga por la eliminación del golpeo de cabeza al balón hasta cumplir los 14 años. Una medida que parece sobre el papel muy radical pero que encuentra apoyos de otros expertos como el doctor Bennet Omalu, un neurólogo pionero en la investigación de los daños a largo plazo para el cerebro que suponen las conmociones cerebrales, que incluso eleva el listón. «La prohibición debería subir hasta los 18 años. A esa edad es cuando el cerebro termina de desarrollarse para la mayoría de la gente. A los catorce años aún sería demasiado pronto», explica a ABC el doctor Omalu, que como millones de niños jugó al fútbol durante su infancia.

Cambios en la materia blanca del cerebro

¿Pueden causar los frecuentes golpeos de cabeza al balón disfunciones cognitivas y lesiones cerebrales? Desde los años ochenta una treintena de estudios han intentado responder a la pregunta. A finales del año un pequeño estudio realizado por la Universidad de Harvard entre jugadores profesionales menores de 23 años demostró que sufrían cambios en la materia blanca del cerebro, incluso sin sufrir una conmoción cerebral. La investigación, liderada por la doctora Inga Koerte, sometió a 12 futbolistas a una tomografía por resonancia magnética junto a 11 nadadores como grupo control. Los resultados descubrieron sorprendentes alteraciones de la sustancia blanca consistentes con lo descubierto en pacientes con una lesión cerebral traumática leve (MBI), sugiriendo una posible desmielinización, un trastorno nervioso.

«Propuestas como limitar el número de remates de cabeza deben como mínimo discutirse»¿Debe entonces prohibirse que los niños rematen de cabeza? «Teniendo en cuenta que el fútbol es el deporte más popular del mundo, tanto los jugadores como los médicos deben ser conscientes de que esta investigación ha demostrado cambios en la arquitectura del cerebro», explica a ABC la doctora Koerte, que trabajó durante años en el departamento de neurología infantil de la Universidad de Múnich «Los jugadores pueden estar en riesgo de desarrollar algunas lesiones cerebrales, los niños son especialmente vulnerables», reflexiona. «Se debe alentar a realizar más estudios para evaluar el impacto clínico de los golpes. Las medidas de seguridad como limitar al número de remates de cabeza deben al menos estar encima de la mesa», concluye la doctora.

Otro reciente estudio, publicado en febrero por el Centro Ciencias de la Universidad de Texas recurrió a un equipo femenino de un instituto de Houston para arrojar algo de luz al asunto, elegido porque según los estudios las chicas son más propensas a sufrir conmociones cerebrales en el fútbol. Los investigadores desarrollaron una aplicación para el iPad con el objetivo de medir el rendimiento cognitivo de las chicas a través de una especie de juego con cuatro cajas: en la primera parte del test debían pulsar la caja que se iluminaba: en la segunda, algo más exigente para el cerebro, debían pulsar la caja opuesta controlando el impulso natural. La prueba se realizó justo después de un entrenamiento y los resultados de las futbolistas se compararon con otro grupo de estudiantes que no jugaban al fútbol.

Los resultados de los estudios todavía no son concluyentes por la limitación de las muestras estudiadasLos resultados fueron alarmantes. Las respuestas de las futbolistas fueron ligeramente peores, pero significativamente más lentas. Además, las chicas que más remataban de cabeza eran las que más sufrían para responder correctamente en la segunda prueba. Los investigadores estudiaron entonces el historial de cada futbolista y descubrieron que las que más tiempo llevaban jugando más lento respondían. Las conclusiones, sin embargo, se deben poner en cuarentena porque el estudio resulta tremendamente limitado: solo se examinó a un equipo de fútbol muy concreto (solo un sexo y un grupo de edad) después de un entrenamiento. Ni siquiera se volvió a examinar a las chicas para estudiar si los resultados eran transitorios.

La FIFA descarta cualquier peligro

«No tenemos evidencias claras de los efectos negativos de cabecear el balón o pequeñas conmociones»Las posiciones conservadoras en el deporte base estadounidense han comenzado a extenderse durante los últimos años ante las preocupantes noticias del notable daño que presentaba el tejido cerebral de grandes mitos de fútbol americano o hockey sobre hielo muertos a una edad muy temprana, alrededor de los 50 años. Cindy Parlow, doble campeona olímpica de fútbol con la selección de Estados Unidos, decidió retirarse con apenas 26 años. «Los médicos me dijeron que no me podían garantizar cuánto empeoraría de sufrir otra conmoción», cuenta a este periódico. Su experiencia le sirvió para tomar una actitud mucho más conservadora cuando comenzó a entrenar equipos infantiles, algo que a menudo no entienden los padres. «Es un asunto muy interesante sobre el que debemos seguir investigando para que nuestros hijos jueguen seguros», explica.

El debate, sin embargo, no parece estar encima de la mesa para la FIFA, que rechaza cambiar una regla que cambiaría por completo el fútbol base, extendido en los cinco continentes. «No tenemos evidencias claras de los efectos negativos de cabecear el balón o pequeñas conmociones», explica Jiri Dvorak, también neurólogo de profesión, jefe de la oficina médica de la FIFA, que habla de opiniones dispares en los estudios. «Por un lado el cerebro de los pequeños parece más vulnerable y la recuperación debe tomar más tiempo que en un adulto, pero por otro lado la enorme plasticidad del cerebro de los niños quizás sea más capaz de compensar los golpes», asegura a ABC. Igual de escéptico se expresa el doctor Calero, médico del Real Betis. «Si anulas la posibilidad de tener un traumatismo anulas la patología, pero si piensas así te quedas en casa», sentencia a través del teléfono.

Las dudas de Obama

Entre los escépticos se encuentra Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, que mostrós sus dudas sobre los beneficios de que los niños imiten a las estrellas del fútbol americano. «Si tuviera un hijo tendría que pensármelo mucho antes de dejarle practicar este deporte» explicó durante una entrevista a The New Republic días antes de la gran fiesta de la Super Bowl. «Creo que los que amamos este deporte vamos a tener que afrontar el hecho de que probablemente cambie para reducir su violencia», añadió Obama.

«Hace falta más literatura científica», concluye el doctor Mario Riverol, especialista en Neurología por la Clínica Universidad de Navarra. Quizás ayude el examen neurológico de los más de 300 deportistas que se han comprometido a donar su cerebro al centro especializado de la Universidad de Boston. Entre ellos estarán algún día el de Cindy Parlow para responder a las incógnitas que aún rodean al fútbol.

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