conmociones cerebrales

El desconocido riesgo a largo plazo de las conmociones cerebrales para los futbolistas

víctor pérez - Actualizado: Guardado en: Deportes Fútbol

Aunque el riesgo parezca menor en comparación a otros deportes de contacto como boxeo, rugby, o incluso hockey sobre hielo, varios médicos preguntados por ABC subrayan los posibles problemas, sobre todo a largo plazo, que puede llegar a suponer la práctica del fútbol para el cerebro humano. La preocupación nace a partir de los resultados de las autopsias a medio centenar de jugadores de fútbol americano que fallecieron poco después de retirarse y presentaban un notable daño en el tejido cerebral, rastro evidente del traumatismo craneoencefálico crónico (conocido como CTE por sus siglas en inglés) que ha desembocado en un cambio en la normativa de la NFL, la liga que más dinero mueve en el mundo, con el fin de proteger a sus propias estrellas de las conmociones cerebrales en un deporte con un futuro plagado de interrogantes.

El riesgo para los futbolistas es menor respecto a otras disciplinas como el rugby, fútbol americano o hockey«El riesgo es significativamente menor entre los futbolistas respecto a los jugadores de fútbol americano o hockey sobre hielo. Existe un pequeño riesgo, pero no creo que sean un grupo de alto riesgo de sufrir daños a largo plazo», recalca al diario ABC Benet Omalu, un neuropatólogo forense pionero en la investigación de los daños a largo plazo para el cerebro que suponen las conmociones cerebrales, habituales en el mundo del «football», pasatiempo nacional en Estados Unidos. «Cualquier golpe puede dañar el cerebro de forma permanente», advierte el médico.

El riesgo para la salud del deportista a largo plazo se eleva con cada conmoción cerebral, que provoca una brusca aceleración del órgano dentro del cráneo dañando a los neurotransmisores. La repetición de esos fuertes golpes en la cabeza puede provocar la acumulación de la proteína tau, que se vuelve dañina llegando a provocar cuadros de depresión, trastornos compulsivos o pérdida de memoria y funciones cognitivas según han demostrado los últimos estudios médicos. Así ha quedado demostrado con las autopsias de medio centenar de exjugadores de fútbol americano que perdieron la vida a una edad temprana, rastro evidente en su cerebro del traumatismo craneoencefálico crónico muy poco tiempo después de retirarse, de ahí que cerca de 4.000 exjugadores hayan denunciado a la NFL por ocultar durante años los riesgos a largo plazo que corrían mientras batallaban sobre el césped.

Descubierta la terrible huella de las conmociones cerebrales entre los jugadores de fútbol americano la pregunta gira ahora sobre si el resto de deportes de contacto implican también un riesgo elevado a largo plazo. Durante los ochenta y noventa un par de estudios intentaron dar algo de luz al asunto. Las conclusiones de las investigaciones aseguraban entonces que los futbolistas eran más propensos a sufrir atrofia cerebral por los continuos golpes en la cabeza y, además, sostenían que los jugadores presentaban peores resultados que el resto de población en las pruebas neuropsicológicas. «Aunque estas conclusiones parezcan preocupantes, lo cierto es que no se tomaron en cuenta otros factores como el consumo de alcohol», explica a ABC Chris Koutures, pediatra y doctor en medicina deportiva. «Por ahora no existen hallazgos concluyentes que demuestren que el fútbol causa daños a largo plazo en el cerebro de los jugadores», sentencia, ¿qué pasó entonces con Jeff Astle?

La polémica muerte de Astle

Icono del West Bromwich Albion en tiempos de los Beatles, autor de más de 150 goles, Jeff Astle fue uno de los mejores rematadores de cabeza de su generación. Perdió la vida en 2002, con solo 59 años, víctima de un coágulo en el cerebro. Una muerte temprana que la justicia británica relacionó con el fútbol por los continuos cabezazos que había pegado al balón durante su trayectoria profesional. Sin embargo, la Federación Inglesa (FA) jamás aceptó aquella explicación y argumentó que existían «opiniones contradictorias» sobre los posibles efectos de los cabezazos al balón.

La FIFA cambió sus normas en 2006 para castigar los codazos en la cabeza¿Son los remates de cabeza un peligro para la salud a largo plazo de los futbolistas? La FIFA no lo cree probable. «No existe ninguna prueba de una relación causal entre el fútbol y ninguna enfermedad neurodegenerativa», responde a ABC Jiri Dvorak, también neurólogo, jefe de la oficina médica de la FIFA. Alertado por el descubrimiento de casos de CTE en otras disciplinas, el máximo organismo del fútbol introdujo en 2006 un cambio en las normas para expulsar de los partidos a los futbolistas que golpeasen con el codo la cabeza de un rival, una de las principales causas de las conmociones cerebrales en los partidos de fútbol. La FIFA insiste en que este tipo de acciones han disminuido drásticamente en los últimos años, pero no parece misión imposible encontrar una acción así castigada solo con tarjeta amarilla cada fin de semana.

Colgar las botas en la consulta médica

La investigación sobre el traumatismo craneoencefálico crónico todavía se encuentra en su infancia. El rastro de la enfermedad solo se puede descubrir en la autopsia, de ahí que durante años los síntomas de los exjugadores de fútbol americano se relacionasen con la depresión, enfermedad más o menos habitual por alejarse de un espectáculo enorme que marca toda una vida.

«Cuando escuchas que no puedes tener otra conmoción es fácil decidir colgar las botas»Los casos descubiertos en los últimos tiempos han puesto la lupa sobre otros deportes como el hockey sobre hielo o el fútbol. Taylor Twellman, uno de los máximos goleadores en la historia de la MLS estadounidense, colgó las botas a los 30 años. «Cuando escuchas que no puedes tener otra conmoción la decisión es simple», explicaba meses atrás a este periódico Twellman, ahora comentarista de la ESPN. «Para mí no hay duda de que el fútbol es tan peligroso como otros deportes porque no jugamos con la protección que sí llevan en otros deportes y golpeamos con la cabeza balones que impactan a gran velocidad», sostiene el exfutbolista, imposible de borrar su historial de conmociones. «Todavía tengo dolores de cabeza y algunos síntomas más, pero nada parecido a lo que sufría cuando todavía jugaba», argumenta.

Según las estadísticas, las mujeres sufren un riesgo mayor de sufrir una conmoción durante un partido de fútbol. Cindy Parlow, dos veces campeona olímpica con la selección de Estados Unidos, decidió retirarse con apenas 26 años. «Sufrí dos conmociones que me dejaron inconsciente y un puñado de golpes menores», recuerda ahora en su nuevo papel de entrenadora. «Los médicos me dijeron que no me podían garantizar cuánto empeoraría si sufría otra conmoción», explica la exfutbolista. Parlow reconoce que, como Twellman, todavía sufre alguna que otra cefalea y confiesa que utiliza el GPS de su coche cuando está en su estado natal porque a veces se siente desorientada.

El asunto ocupa páginas en los diarios y minutos en las televisiones de Estados Unidos, pero apenas encuentra cobertura en Europa, donde solo unos pocos futbolistas juegan con casco. Quizás el más reconocido sea el checo Petr Cech, guardameta del Chelsea, apartado del deporte durante más de tres meses en 2006 por una fractura de cráneo al recibir un rodillazo de un rival. «Sé que corro un pequeño riesgo por mi lesión. Por eso compito con un casco especial que me permite jugar sin ningún miedo», explicaba el portero a ABC en un correo meses atrás.

Una patología desconocida

Los jugadores ocultan los síntomas por miedo a perder su puesto en el equipoDe la experiencia del fútbol americano se extrae la necesidad de identificar a tiempo las conmociones cerebrales porque, según los médicos, sufrir un segundo golpe sin recuperarse aumenta los posibles daños de manera exponencial. El problema es que los deportistas acostumbran a subestimar o incluso ocultar sus propias lesiones -especialmente si apenas notan un pequeño mareo- con el objetivo de seguir en el césped y evitar así perder su puesto en el equipo. «Somos conscientes de este problema, por eso queremos asegurarnos que todo el mundo relacionado con el fútbol esté al corriente de las posibles consecuencias de una conmoción», explica a ABC el jefe médico de la FIFA. «Debemos ser honestos, no se puede tomar ningún atajo con las conmociones, la gente ha de concienciarse del peligro que suponen», relata Twellman.

Una encuesta anónima realizada por la revista ESPN a medio centenar de «gladiadores» de la NFL desveló que casi la mitad de los jugadores estaban dispuestos a acortar su vida cinco años a cambio de llevarse el premio al mejor jugador en una Super Bowl. «Si un jugador muestra signos de una conmoción ha de ser retirado del campo y no debería regresar hasta ser evaluado por un médico profesional que haya sido formado en este campo», concluye el Consejo de la Academia Americana de la Medicina del deporte y la actividad física.

Los casos confirmados de CTE han obligado a reaccionar no solo al fútbol americano, sino al deporte estadounidense al completo. Las grandes ligas han tomado posiciones más conservadoras respecto a las conmociones cerebrales como pudo comprobar el español, Pau Gasol, que recibió un fuerte codazo de JaVale McGee durante un partido contra los Nuggets. El jugador de los Lakers estuvo en total diez días fuera de juego, prohibidos los entrenamientos y los estímulos audiovisuales. «No podía leer, ver la tele o estar con el ordenador. Mientras, seguía teniendo dolor de cabeza y cierta fatiga cerebral. Me notaba cansado y algo disperso. Me afectaba la luz y el sonido», explicó el propio Gasol.

Protocolos insuficientes

Desde hace años los órganos de los principales deportes afectados por este problema trabajan para establecer protocolos y recomendaciones que se puedan utilizar en todo el planeta. Así nació en 2005 la herramienta para la evaluación de las conmociones en el deporte (SCAT) que intenta facilitar el diagnóstico a jugadores y médicos. El problema es que los equipos a menudo se saltan los controles como demostró un estudio realizado por el departamento de medicina de la Universidad Queen Mary de Londres sobre el comportamiento de los equipos de la Premier League durante la temporada 2009-10.

«Ante el más mínimo signo lo mejor es retirar al futbolista del campo», explica el médico del Betis«Tenemos que decidir en cuestión de segundos sobre un signo que a lo mejor aparece más tarde, todo depende de la experiencia profesional y las características físicas de cada futbolista. Algunos no son muy conscientes, por eso ante el más mínimo signo lo mejor es retirar al jugador del campo», explicaba a este diario semanas atrás el doctor Calero, al frente del equipo médico del Real Betis, que apenas recuerda una conmoción grave y otras cuatro más leves en sus 22 años como médico del equipo andaluz. «Algunos han sufrido un golpe en la cabeza y han salido a jugar en el segundo tiempo, es muy complicado que un jugador te diga que no se encuentra bien», argumenta.

Varios equipos españoles utilizan la escala de Glasgow para medir la gravedad de la conmoción, lo que equivale solo a una pequeña parte del protocolo que recoge la SCAT. «La FIFA hace sus recomendaciones, el personal sanitario también, pero no significa que sea obligatorio seguir las indicaciones», precisan los médicos. «Estamos trabajando para poder hacer llegar nuestros consejos a todo el mundo, pero la diseminación de los nuevos protocolos lleva su tiempo, en parte por las barreras del idioma», reconoce Dvorak. Barreras contra un problema que ha cambiado el presente y amenaza con revolucionar el futuro del fútbol americano, el deporte rey en Estados Unidos.

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