Fórmula 1 | GP de Estados UnidosHamilton lo tiene en México

El inglés ganó en Austin, con Vettel segundo, y será campeón por cuarta vez si es quinto en México. Sainz, séptimo. Alonso, retirado

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Cuestión de tiempo, paciencia y cálculo. No fue en Estados Unidos, sino que la cuarta entronización de Lewis Hamilton como campeón de la Fórmula 1 tendrá lugar probablemente en México. Su victoria en Austin, incontestable y redonda, le proporciona un colchón de seguridad para el próximo domingo. Le basta con ser quinto, aunque Vettel triunfe en el DF. En Texas brilló Carlos Sainz, séptimo en su debut con Renault, y se retiró Alonso, de nuevo planchado por el motor Honda.

La Fórmula 1 está viviendo una transformación evidente. Desde el despido de Bernie Ecclestone por la ley del mercado y los entramados empresariales, este deporte ya no vive en la exclusividad de las pulseras vip, sino que se ha abierto al público que paga un billete por ocupar las gradas. Bill Clinton, Michael Douglas, Usain Bolt o Woody Harrelson compartieron con los aficionados llegados de Monterrey, Ciudad Juárez o Chihuahua la presentación a la americana de los pilotos. Vocerío a tope, alfombra roja y entrevistas a pie de pista de cada estrella de la Fórmula 1.

Usain Bolt dio la salida a la carrera -un banderazo al aire que no quedó muy glamuroso-, en la que Hamilton consideró la posibilidad de ser campeón mundial. Por una vez Vettel apartó de su cabeza la hegemonía del inglés, su poderoso monoplaza Mercedes y ese motor que nunca falla. Le tiró el coche en el puerto que oficia el arranque del fantástico circuito de Austin. Una curva a izquierdas en potente rampa de elevado desnivel y su osadía le valieron para adelantar a Hamilton.

«Tranquilos»

Lo que parecía un desafío a la autoridad (Hamilton había ganado cuatro de las cinco ediciones del gran premio) se convirtió en una partida de ajedrez en la que el británico se manejó con una moderación sobresaliente. «Tranquilos, todo en orden», calmó a los ocupantes de su garaje. Seis vueltas más adelante, expuso sus argumentos.

Realizó Hamilton un adelantamiento con vitola de campeonato. Se pegó a Vettel al salir de una curva, lo cuadró durante la recta de atrás del circuito y se lanzó como una fiera en la frenada. El orden natural regresó a Austin. Hamilton se colocó en el primer puesto y exprimió ese talento que Dios le ha dado. Vettel, con el Ferrari que no alcanza para ganar, se replegó obligado a la segunda posición. Verstappen, desde muy atrás, protagonizó una vigorosa remontada gracias a su arrojo y a la estrategia de Red Bull que lo llevó a discutir con Vettel en las últimas vueltas.

Los dos españoles salieron desde la misma fila, la cuarta. Fernando Alonso, pensando más en el futuro que le espera en la carcasa 2018 de su McLaren, y Carlos Sainz, feliz como un niño en Reyes con el Renault pata negra. El ciclo de los giros bendecía una hermosa pelea entre ambos en la zona media de los puntos junto a los Force India y los Williams. Pero la realidad de la F1 decreta versiones fiables. El motor Honda lo traicionó otra vez y lo retiró de la prueba cuando iba séptimo. «No me lo puedo creer -lamentó el español-. Otra vez hemos tirado seis u ocho puntos».

A Carlos Sainz lo protegió el motor Renault, consistente hasta el final. Ello le permitió la oportunidad de mostrar sus habilidades. Selló un adelantamiento estupendo a Checo Pérez, preparando el terreno desde varias curvas antes. En el garaje de Renault lucieron rostros de satisfacción ante el desempeño del español.

Vettel se complicó la carrera por un arriesgada apuesta estratégica en Ferrari. Quiso proteger su posición (era segundo) ante el impulso de Verstappen, que venía lanzado con el Red Bull, y la segunda parada para cambiar ruedas lo ubicó en una peliaguda cuarta posición, con Hamilton, Raikkonen y Bottas por delante sin intención de detenerse más veces. Sus aspiraciones de título son casi inexistentes, pero con esa táctica se obligó a un adelantamiento crítico a Bottas. Vettel pasó entre el finlandés, por dentro, y el belga Vandoorne, por fuera, incrustado en un sandwich.

Fue la representación oficial del campeonato. Los sudores fríos de Ferrari para aproximarse al Mercedes de Hamilton. Vettel se asomó al precipicio en ese trance ante Bottas y esta vez salió airoso, mientras Hamilton, con la calculadora en la mano y un bólido superior, ganaba con el brazo en la ventanilla.