Alonso, durante la carrera
Alonso, durante la carrera - AFP

Gran Premio de EspañaAlonso sigue sumando

Quinta carrera en los puntos del español, octavo en Montmeló. Apabullante triunfo de Hamilton. Sainz, séptimo

MontmelóActualizado:

La regularidad y la eficacia se miden en puntos en la Fórmula 1. Las gentes de este deporte aprecian y valoran la capacidad de los pilotos para exprimir los coches, su potencia total, la última gota de su contenido vital. Y en Montmeló, con 90.000 personas en las gradas, se vivió otro episodio que refrenda esta teoría. Hamilton, que ganó con una mano, ha sumado puntos en las cinco carreras disputadas. Con un Mercedes superlativo, es el líder del Mundial (95). Alonso, que fue octavo después de una mala salida y de esquivar al Haas volador de Grosjean, también ha reunido puntos en las cinco pruebas del campeonato. Pero conduce un McLaren en progresión, sin la finura aerodinámica del Mercedes, y es sexto. Dos vidas paralelas que un día coincidieron en 2007.

El Gran Premio de España suele ser, por el trazado de Montmeló, uno de los más aburridos del curso. Una vez salen los coches a escape y se ordena el asunto en las primeras vueltas, la carrera suele tornarse plomiza, grisácea, sin gracia.

Sucedió una vez más. La salida deparó un reguero de situaciones adversas, emocionantes o dramáticas y después fue un tostón, coches por raíles sin mucha historia que contar.

Grosjean, de nuevo el francés, salpicó la primera vuelta de un estrés abrumador. Hizo un trompo en la tercera curva y en vez de enderezar el Haas sobre una línea imaginaria, lo derivó de un golpe a la pista. Y allí se produjo la colisión padre. Juego de bolos del coche americano contra Gasly (Toro Rosso), Hulkenberg (Renault) y todos aquellos que lo evitaron por milímetros.

Lo esquivó Alonso, cuya salida no fue la mejor de la historia, y perdió la posición con Carlos Sainz, que lo pasó en la recta y ya no le concedió esa mejora.

La carrera paralela de los dos españoles tuvo enemigos que difícilmente reconocerían los aficionados por la calle: Magnussen y su Haas, Leclerq y Ericsson con su Sauber de motor Ferrari 2017.

Es lo que toca. Tanto el novel Sainz que lucha por abrirse camino en la F1 y conseguir su primera victoria o, antes, su primer podio, como el veterano campeón Alonso, que busca pertinaz regresar a los éxitos cinco años después, pelean contra la clase media del pelotón. No lo hacen, porque no tienen el material, contra Red Bull, Ferrari o Mercedes.

En la vuelta 50 de las 66 que constaba el gran premio, los tres equipos de la Champions ya habían doblado a todos los demás monoplazas, incluidos Sainz y Alonso. Es un dato.

El abandono de Kimi Raikkonen y el trastazo de Grosjean auparon a los dos españoles hacia sólidas posiciones de puntos, donde ambos se manejaron con destreza, sobre todo Alonso. El asturiano realizó un par de adelantamientos (Ocon y Lecreq) que recuerdan a todo el mundo el talento que albergan esas manos.

Ganó Hamilton en un desfile triunfal de Mercedes (primer doblete del año, con Bottas segundo) en parte debido a la estrategia fallida de Ferrari. Vettel iba segundo, paró dos veces y acabó cuarto para satisfacción de Verstappen, el kamikaze holandés que, con el alerón delantero destrozado, llegó a meta en tercer lugar.