Gran Premio de Abu Dabi

Una final en el desierto

Hamilton y Rosberg dirimen el título con ventaja para el alemán y el protagonismo para el inglés

Una final en el desierto

Un título en juego en la última carrera de la Fórmula 1 genera un estado de desazón y ansiedad que transporta a la zozobra. Lo sabe Felipe Massa, protagonista de un grotesco episodio en el que sintió campeón durante veinte segundos hasta que supo que Hamilton había superado a Glock. Lágrimas en Sao Paulo, 2008. También conoce el paño del llanto Fernando Alonso, desconsolado perdedor en 2010 por un error táctico de Ferrari que le condenó a entregar su título, el tercero, a Vettel. Alguien llorará hoy en ese mismo circuito, Yas Marina, en el duelo Rosberg-Hamilton. Es el último asalto sobre la arena, un trazado en el desierto del emirato árabe.

Son los dos actores protagonistas de la F1 durante las tres últimas temporadas gracias a la materia prima que marca la diferencia: el coche. El Mercedes ha sido infinitamente superior, aburrido el tema, también en 2016. Rosberg comparece con doce puntos de ventaja y escenario a favor: le basta ser tercero para ganar el Mundial, haga lo que haga Hamilton. Éste necesita ayuda externa, a los pilotos de Ferrari (Vettel y Raikkonen) o a los jóvenes de Red Bull (Ricciardo y Verstappen). Cualquier intromisión de estos cuatro en las primeras plazas favorecerá a Hamilton, que ayer hizo la pole con una solvencia total y ha ganado las últimas tres carreras.

Los antiguos hermanos de sangre, compañeros de cenas, pizzas y helados en Italia mientras concursaban en el Europeo de Karting, ya no se saludan. Ni en el podio cuando arrasan ni en la sala de prensa cuando comparten micrófono, rozando brazo con brazo.

Amigo de las estrellas, Hamilton ha buscado la inspiración en Serena Williams. Se ha codeado con la vencedora de 22 Grand Slams en una especie de pacto social. Ambos son negros, provienen de una familia poco adinerada y han llegado a la cima por orgullo y el empuje de un padre obstinado. «Estoy hipnotizado por lo que ha logrado e inspirado por ella como atleta y ser humano. Nos divertimos, bromeamos y me aporta magia con sus palabras». Hamilton pertenece al «star system».

Nico Rosberg tiene un desafío familiar por delante. Hasta hoy solo un piloto, Damon Hill (campeón en 1996), ha completado la obra de su padre, Graham (venció en 1962 y 1968). El progenitor del alemán, Keke, se hizo con el título en 1982 y dio lugar a una célebre tonadilla interpretada por Siniestro Total. Gracias a la fortuna que hizo su padre, Rosberg se crió en Mónaco, donde ha residido siempre, y donde recibió el apodo de «Britney» por su largos cabellos rubios y su enfoque de top model.

Rosberg palideció en el último gran premio (Brasil), sobrepasado por Verstappen y favorecido por un fallo estratégico de Red Bull. Ayer no pudo con Hamilton. El germano aprovechó un buen inicio de curso para conducir sin fallos, sumar muchos puntos y administrar luego la renta ante la furiosa embestida de su enemigo y compañero. Llegado a este momento, apela a la experiencia. «Llevo tres años luchando por el Mundial y esa seguridad del trabajo bien hecho hace que me sienta más relajado», dice el metódico Rosberg. Hamilton tiene otro perfil personal, menos complaciente. Lleva meses diciendo que hubo algo extraño en el cambio de mecánicos en Mercedes, de un garaje a otro. «Dentro de diez años, lo contaré en un libro».

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