Gran Premio de Estados Unidos

Carlos Sainz vuela alto

Ha debutado con Renault, uno de los grandes de la F1, y destierra el sambenito de «hijo de papá»

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A las cinco de la tarde en Madrid, las diez de la mañana en la texana Austin, un deportista español colocó otro cimiento del sueño que persigue: ser campeón del mundo algún día. Carlos Sainz se estrenó con Renault en el circuito estadounidense. El coche que entronizó a Fernando Alonso con sus títulos en 2005 y 2006 y llevó a un país pegado a su volante lo ocupa ahora este madrileño tímido y cauteloso cuya evolución en la Fórmula 1 no ofrece dudas. Piloto consistente, rápido y preparado que busca su oportunidad en una escudería gigante. Un salto potente para él.

Hace once años, el garaje de aquel Renault azul pilotado por Alonso y dirigido por Flavio Briatore era como el palco del Real Madrid. Espacio influyente, donde cogían cita los principales actores de la vida social y deportiva del país. Una de aquellas tardes en el circuito de Montmeló, Carlos Sainz padre hizo valer sus influencias como campeón del mundo de rallys y figura del deporte español para agenciarse unos pases y llevar a su pequeño chaval a la Fórmula 1 y a la guarida de Alonso.

El niño se subió a un Toyota (el bólido que conducían Ralf Schumacher y Trulli), paseó por el paddock con su credencial vip y consiguió su objetivo:fotografiarse con Fernando Alonso, reciente campeón del mundo y un ídolo mundial de 24 años. Se subió durante unos segundos a aquel Renault azul con la publicidad de Mild Seven que había maravillado al personal. Carlos Sainz junior ratificó aquel día su futuro oficio:sería piloto de F1.

Once años después de aquello, Sainz compite contra Fernando Alonso en la pista y mantiene estrechos lazos con el universo del asturiano. El manager y mano derecha del asturiano, Luis García Abad, hombre experto y sagaz en un mundillo complejo, ha negociado su salida de Toro Rosso y su fichaje por Renault con el intercambio de motores de por medio (Honda se asocia con Toro Rosso y McLaren ha contratado los propulsores Renault). El mundo Sainz-Alonso, en un pañuelo.

Siempre en Red Bull

Tres temporadas después de acceder a la F1 y más de un lustro de haberse cultivado en la cantera de Red Bull, el piloto madrileño llega al lugar que pretendía. El tránsito no le ha salido gratis. Red Bull lo captó en un Mónaco Cup de karts. Concursaba en la Fórmula BMW y Helmut Marko en persona (el ideólogo de la marca Red Bull F1) lo eligió entre más de una treintena de participantes. También al ruso Daniil Kvyat, con quien ha compartido volante en Toro Rosso, y cuyas vidas deportivas han transcurrido paralelas.

En Red Bull se ha beneficiado de los privilegios de una casa que financia toda la carrera de un piloto, sin tener que pagar por correr ni obligarse a aportar patrocinadores para tener un coche. Pero, a cambio, la firma austriaca exige una obediencia casi debida. A Sainz, como a tantos pilotos, le han intentado separar de su padre, de su exmanager, de su gente de confianza. Y le han exigido ganar para continuar en el programa. O ganas las World Series o te vas, le dijeron hace cuatro inviernos. Sainz venció en duelo director con otro expiloto español de F1, Roberto Merhi, y escaló a Toro Rosso.

A Sainz siempre le afectó la popularidad de su padre y el sambenito de haber llegado a la F1 por él y no por sus méritos. Paciente y laborioso, ha desterrado ese cliché con resultados. Los equipos saben que hay materia prima en esas manos y esa cabeza.

«Carlos es un valor seguro, un deportista responsable y un piloto rápido a una vuelta y en carrera –comenta a ABC su exmanager Borja Ortiz-Echagüe, hoy responsable de las World Series–. Es muy completo, transmite proyección y una buena imagen sin explotar de deportista sano y luchador».

Sainz pasó un 2015 duro en su debut en la F1. Max Verstappen lo eclipsó con su agresividad y talento. Pero el madrileño ha demostrado perseverancia para, kilómetro a kilómetro, recoger los frutos. Renault lo reclama para superar a Williams y Toro Rosso en el Mundial de constructores. Hay diez millones de diferencia en el reparto de los derechos televisivos. Y Sainz arrancó solvente. Décimo puesto en los primeros ensayos en Austin.