Peter Sagan con el «maillot arcoiris»
Peter Sagan con el «maillot arcoiris» - AFP

CiclismoSagan es intocable

El eslovaco logra su tercer mundial consecutivo, lo que nadie en la historia del ciclismo

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Hay campeones y clase premium en el ciclismo. Existe una minoría selecta y una franja de deportistas que destacan. Hay artesanos en este deporte, trabajadores por cuenta ajena y becarios en busca de una oportunidad. Hay de todo en el pelotón, pero solo un intocable. Es Peter Sagan, el tipo que logra un bien más preciado que ninguno: reconciliar al público con el ciclismo. Por tercera vez en tres años, pleno total de efectividad en tres continentes, el eslovaco ganó el Mundial de ruta, la prueba de un día más hermosa de este deporte maravilloso que entrega la prenda con más fulgor, el maillot arcoíris, ya propiedad para siempre de Sagan. Así iguala a tres títulos con Binda, Van Stenberger, Merckx y Freire.

El Mundial consiste en hacer un Freire. Hibernar durante 267 kilómetros, la distancia que une Madrid y Albacete, ausentarse de del pelotón durante seis horas y 28 minutos en bicicleta, para comparecer en 500 metros, los últimos, los que valen, los que separan la paja del grano y entregan medallas.

Eso hizo Sagan. No dio señales de vida, no asomó su bigotillo a la moda por la cabeza del pelotón, no admitió que le soplase una brizna de aire... Solo observó y calculó.

Apreció cómo se movió la carrera según los cánones de toda la vida en los Mundiales. Selecciones sin pedigrí que tejen escapadas en busca de la sorpresa, corredores que se mueven en labor de estrategia para sus líderes, equipos sin nada que perder que se la juegan con medio día por delante.

En ese grupo de aspirantes sin galones actuó España. Poco o nada que hacer sin Alejandro Valverde, seis medallas en los Mundiales y nunca un oro, controvertido por las decisiones tácticas, pero una garantía en su género. Duro tránsito por el desierto espera a la selección...

El circuito noruego de Bergen no aportaba la dureza y el desnivel de otras ediciones. Tenía un poco de todo, pero no la sustancia para romper por sí mismo un Mundial.

La mañana transcurrió en ese desafío de Sagan. Ser invisible hasta dar el zarpazo. Lo mismo decidieron otros, como el belga Van Avermaet, su compatriota Gilbert, el polaco Kwiatkowski o el colombiano Gaviria. Su sentido de la opacidad fue indiscutible. No se les vio. Pero para ganar el oro hay que ganar a Sagan.

"Pues lo vi perdido a cinco kilómetros", confesó el eslovaco. Ya se habían cancelado todas las fugas (en una de ellas viajó De la Cruz y en otra Lluis Mas) y el francés Alaphilippe (fantástico corredor) le puso precio al Mundial con un arreón brutal en la cota de Salmon Hill.

Fue tan duro su asalto que Sagan lo vio perdido porque solo respondió el italiano que aupó a Froome en la pasada Vuelta, Gianni Moscón. Ambos hicieron camino por la cima, por el llano y el empedrado, pese al afán de los belgas en cazarlos.

La tele noruega añadió más suspense al perder la conexión en la última vuelta, a falta de cuatro kilómetros, con Alaphilippe al mando. Cuando regresó la tele, el francés había sido engullido por un grupo de veinte ciclistas sin españoles.

En el esprint lo dio todo el local Kristoff, vencedor de la Milán San Remo, el Tour de Flandes y de etapas en el Tour. Sagan salió de su escondite como un tiburón. Arremetió en el final en ligera cuesta como lo que es, un depredador. Fue tan violento su estallido que el tercero, el australiano Matthews, casi se va del plano.

No hizo falta foto-finish. Había ganado el mejor. Con ese imponente golpe de riñones, Sagan entra en la historia del ciclismo. Ha vencido tres veces seguidas. Nadie lo ha hecho desde que se inauguró el Mundial, en 1927 con el triunfo de Binda, al que apodaban La Gioconda por su elegancia. Ni siquiera Merckx ha podido con tanto. Sagan ha tocado oro en América (Richdmond), Asia (Qatar) y Europa (ayer en Bergen). Lo hizo con frío o calor, al esprint o en ataque solitario, con adoquines y sin ellos, en cuesta y en llano. Ciclista total y único. Intocable para siempre.