Dopaje

Jefe del dopaje y del Mundial de Rusia

Vitali Mutkó, el exministro ruso de Deportes sancionado de por vida, es el responsable de la gran cita futbolística del verano

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La sanción a Rusia y no a los rusos para participar en los Juegos de Invierno de Pyeongchang (del 9 al 25 de febrero próximos) encierra una paradoja que afecta a la credibilidad de los dirigentes deportivos, muy en entredicho en los últimos tiempos. Vitali Mutkó, ministro de deportes ruso considerado el eje nuclear sobre el que pivotaba la trampa del dopaje antes y durante los Juegos de Sochi 2014 y que ha sido sancionado de por vida por el Comité Olímpico Internacional, es el presidente del comité organizador del Mundial de fútbol de Rusia 2018. Mutkó no puede ni acercarse al movimiento olímpico (se le prohibió la entrada a los Juegos de Río 2016, está castigado a perpetuidad por el COI), pero sí organizar la gran cita del verano futbolístico.

Nadie dio positivo en este proceso ruso, pero todos los actores de la película han aceptado como cierta la existencia de una trama de estado en Rusia. El COI acepta la veracidad del informe McLaren encargado por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), según el cual se falsificaban controles en el laboratorio de Moscú, se daba el cambiazo con orina limpia congelada de sus deportistas cada vez que pasaban por la sala del antidopaje, intervenía la antigua KGB (ahora FSB, los servicios secretos), los deportistas consumían «duquesa» (una mezcla indetectable de tres esteroides) y se abrían los frascos de los controles en operaciones nocturnas planificadas y conocidas por los agentes del deporte ruso. Desde los integrantes del laboratorio a sus deportistas (la atleta Yulia Stepanova destapó el caso) en una pirámide que llegaba al entonces ministro de deportes, Vitali Mutkó.

El director del laboratorio de Moscú, Grigori Rodchenkov, señaló a Mutkó como la punta del iceberg de un sistema de dopaje estatal. El arrepentido está en busca y captura para Rusia, pero según se dice, lo protege el FBI por el valor de sus testimonios y la documentación que, en cuentagotas, va apareciendo en los periódicos de Estados Unidos. El presidente ruso, Vladímir Putin, ya tiene argumentos para desviar la atención con una presunta guerra fría entre EE.UU. y Rusia.

Casi todos los integrantes de la trama han desaparecido de la faz de la tierra, menos Mutkó. Putin lo ascendió a viceprimer ministro de Rusia y le encomendó la dirección del Mundial de fútbol. Mutkó es el presidente del comité organizador y el pasado viernes 1 de diciembre se sentó junto al presidente de la FIFA Gianni Infantino para dar el pistoletazo de salida al sorteo del certamen. Ambos pusieron la mano encima del balón del Mundial, el Telstar, como el Papa que bendice la ceremonia.

Siempre en el fútbol

Vitali Mutkó, que tiene 59 años, ha crecido en el Gobierno ruso al amparo del fútbol. Fue presidente del Zenit de San Petersburgo (junto al CSKA y el Spartak de Moscú, el principal club del país) y máximo mandatario de la liga y la federación rusas. Hizo de Tebas y Villar en sucesivas etapas.

En 2003 entró en el Parlamento como diputado de San Petersburgo. En 2008 ingresó en el gobierno como ministro de turismo. Putin lo nombró ministro de deportes en 2012, y en 2015 compaginó el cargo con la presidencia de la federación rusa por segunda vez. El 18 de julio de 2016, unas semanas antes del comienzo de los Juegos Olímpicos de Río, el informe McLaren lo señaló como responsable del dopaje de estado en Rusia. El autor de dicha investigación, Richard McLaren, asegura que hay 150 futbolistas rusos que se beneficiaron del dopaje.