FC Barcelona El epílogo de un campeón desgastado

El proyecto de Luis Enrique en el Barça parece agotado y al club se le exige renovar una plantilla que lo ha ganado todo. El clásico, último tren

Leo Messi durante el partido entre el Barcelona y la Juventus
Leo Messi durante el partido entre el Barcelona y la Juventus - AFP
SERGI FONT Barcelona - Actualizado: Guardado en: Deportes

Todos los ciclos ganadores tienen un final y necesitan de una derrota contundente que obligue a poner en marcha la maquinaria del club, despierte la autocrítica y busque soluciones para regresar, renovado, a lo más alto. Sucedió con el Dream Team de Johan Cruyff tras estrellarse ante el Milán en la final de Atenas 1994, con el Barça de Rijkaard y Ronaldinho tras una temporada en la que no ganaron ningún titulo y se había caído en la autocomplacencia, o con el grupo de Guardiola tras otro año en blanco bajo la dirección del Tata Martino. Situaciones parecidas a la actual en la que el proyecto deportivo queda a expensas de lo que suceda en el clásico del domingo. Todo lo que no sea una victoria en el Bernabéu abocaría a los culés a tener que conformarse con una Copa del Rey, siempre que se gane en la final al Alavés.

«Es una derrota dura, pero que la afición esté cantando así hoy merece ser recordado. Creo que es de las pocas veces que he visto el Camp Nou así en una derrota y me llena de orgullo y me emociona», explicaba Gerard Piqué en referencia a la ovación del público tras el pitido final y con la eliminación consumada. Nunca una alegoría fue tan bella, plástica, contundente y significativa. Más que la gratificación por el intento de remontada ante la Juventus era el reconocimiento a la trayectoria de un equipo que parece tocar fin. Fue un aplauso de agradecimiento a los jugadores y al ciclo de Luis Enrique, que ha conquistado ocho títulos de los once disputados en sus tres años en el banquillo culé, palmarés que puede engrosar aún con dos trofeos más.

El asturiano supo recoger el testigo de Guardiola y que Martino no aprovechó a pesar de la calidad de la plantilla que heredaba. Pero ahora, después de tres temporadas y un equipo base que no se ha renovado, el proyecto del asturiano parece agotado. La debacle de París ya fue un serio aviso que el equipo recondujo tras un último estertor que escondió las carencias que se han sufrido durante todo el año y que reaparecieron en Turín.

Dependencia del tridente

Han sido muchos los encuentros en los que las calidades individuales han salvado los puntos, pero ante la Juventus volvieron a aflorar las carencias ofensivas ante equipos de primera línea. El tridente se busca en exceso, pero genera cierta dependencia de sus componentes. La sensación es que el juego no es colectivo y que los argumentos tácticos están agotados y obsoletos. La sensación es que el mejor equipo del mundo, aquel que maravilló a propios y extraños, se quedó en Berlín, anclado en la final de 2015.

Los culés se frotaban las manos viendo juntos a Messi, Neymar y Suárez. El triplete parecía el primer botín de una etapa en la que debería primar la ampliación del museo del club para albergar todos los títulos que estaban por llegar por encima de la del Camp Nou. Pero para mantener la excelencia hay que cuidar el proyecto, regarlo y podarlo. Camino opuesto al que siguió la Juventus que cayó en Berlín. Los italianos eliminaron el miércoles al Barcelona con ocho caras nuevas y ahora son la gran apuesta para ganar la Champions. Los azulgranas, en cambio, presentaron el mismo equipo con la salvedad de Dani Alves, al que no han sabido encontrarle repuesto.

Al Barcelona le queda la bala del Bernabéu para cerrar un ciclo con honor. Y acudirá sin Neymar después de que Apelación desestimara el recurso a su sanción. El Barça tratará de conseguir la cautelar.

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