Bádminton

«Se verá una nueva Carolina, pero siempre hay que mantener el secreto»

La española defiende su corona olímpica en el Mundial de Escocia (del 21 al 27 de agosto). Su reto: ser la mejor jugadora de la historia

Carolina Marín posa para ABC en el CAR de Madrid - Isabel Permuy

A pesar del cansancio que acumula ya al mediodía, su rostro está iluminado, su gesto es relajado y su sonrisa abierta cuando habla con ABC. El entrenamiento ha salido mejor de lo que esperaba a primera hora, y esos pequeños triunfos diarios son los que llenan de energía a Carolina Marín. Es campeona olímpica, dos veces campeona del mundo, tres de Europa. «Pero eso ya es pasado», dice. Su mirada, igual de desafiante que cuando tiene enfrente a una rival, está puesta en el Mundial de Escocia (21-27 de agosto).

-Hace un año de su oro olímpico, ¿qué es lo que más ha recordado?

-La confianza que demostré y con la que me encontraba. Me recuerdo esos buenos momentos para sacar cosas positivas y mantenerlas para lo siguiente. También los momentos duros de aquella preparación porque demostré que cada esfuerzo tiene su recompensa. Ahora vamos a por otra.

-¿Qué hizo con la medalla?

-Mi idea era haberla colgado al día siguiente de conseguirla y pasar página. Pero la tengo guardada en la cajita, en el cajón de la mesita de noche porque para algún evento la necesito así. Todavía no la puedo colgar.

-Fue decidida a por el oro, pero ¿había un plan B de si algo fallaba?

-Planeamos todo lo que nos podía afectar. Río podía ser peligroso, y mis padres estaban fuera de la Villa. Para que tú veas cómo íbamos de preparados pensamos incluso en un posible secuestro o cualquier cosa que les pudiera pasar, que a mí no me afectara o que me enterase más tarde. Íbamos preparados para todo, pero teníamos tan claro a lo que íbamos, que no teníamos opciones de pensar en un posible fallo. Al final, lo que primaba era ese deseo de querer ganar ese oro.

-¿Disfrutó algo de Río 2016?

-Disfruté muy poco porque iba a lo que iba. No era Londres, que iba siendo una niña, con muy poca experiencia; aquí tenía un objetivo en la cabeza. Solo los dos últimos días: el sábado vi el oro de Ruth Beitia, y el domingo, el bronce de los chicos de baloncesto. También hay gente que va a solo a disfrutar que acaba viendo muchísimos deportes. Pero eso no entraba en mi cabeza.

-¿Se dio algún capricho?

-Disfrutarlo con toda mi familia. Llegué a Huelva y les dije: «quiero hacer una barbacoa». La que está en la pista soy yo, pero es tanto de mi equipo como de mi familia que me apoya en la distancia. Hace tiempo mi madre me decía que fue muy bonito aceptar dejar a su hija de 14 años hacer su sueño, pero también muy duro. Se perdió la adolescencia de su hija.

-¿Qué aprendió de la Carolina de Río?

-El equipo y yo tenemos claro que sin aquel camino no tendríamos los éxitos que tenemos. Como debilidad... siempre hay pequeños detalles que necesitamos fortalecer para mejorar y marcar esa pequeña diferencia. El equipo está haciendo muchísimo análisis de los partidos para ver dónde fallo, dónde me están forzando las rivales.

-¿Qué es ser campeona olímpica?

-Sinceramente no pienso en eso. Mis objetivos, cuando me despierto, es qué voy a hacer hoy y en qué quiero ser mejor. Ser campeona olímpica o europea o mundial es pasado. Me centro en el día a día. Y hoy es el Mundial.

-¿Cómo se entrena esa hambre?

-Cada uno lo alimenta como quiere, con el sueño que cada uno tiene. Mi hambre está, hoy, en ser la mejor jugadora de la historia. Y eso pasa por ganar dos mundiales más y otros Juegos. Va a ser muy complicado, claro. Pero también era complicado que de repente una española ganara un Mundial en 2014 o unos Juegos. Era impensable. Pero no imposible. Vamos a por ello.

-Sufrió después de los Juegos.

-Sí, tuve un periodo bastante complicado, sobre todo mentalmente, fue una piedra que se me puso en el camino. Perdí la motivación porque la lesión del sacro no se me curaba. Lo peor es que no sabía el por qué tenía esa lesión. No se ha curado, pero hay momentos en los que me respeta. De septiembre a diciembre no había una semana en la que me pudiera entrenar al cien por cien. Incluso salía cojeando. Desde enero ya empecé a entrenarme con buenas sensaciones. Me afecta a la movilidad de las piernas. Ahora me respeta, no me está doliendo. Pero es algo que viene y va.

-¿Y para descansar?

-Mi descanso es estar tirada en el sofá o en la cama. No hago nada. El lunes a las ocho de la mañana Carolina tiene que estar de nuevo en el pabellón.

-Después de usted, ¿qué hay?

-Me preocupa. Hay que seguir formando entrenadores, porque al final los jugadores podemos crecer, pero si no hay entrenadores buenos es imposible que se suban escalones, se cree una buena base y un buen futuro. Yo he llegado muy alto. Muchos compañeros están llegando muy arriba, pero hay muchos clubes en los que la base de entrenadores no es suficiente. Si queremos seguir formando campeones, que es lo que quiero, necesitamos entrenadores.

-¿Hubiera llegado otra persona a donde usted ha llegado? ¿Es su talento, su ambición, el entrenamiento?

-Lo he hablado mucho con mis entrenadores. Es complicado. Creo que es un poco de todo. Si me hubiera dedicado al baloncesto no creo que hoy estuviéramos hablando tú y yo. No sé decirte, sí es un poco de talento, un poco de... Lo he debatido mucho pero no he sacado ninguna conclusión. Está claro que sin talento es imposible, pero también es muchísimo esfuerzo. No se ve, y mucha gente que opina y critica no sabe lo que hay detrás de cada uno de los éxitos, y de las derrotas. En estos dos últimos torneos que me han ido bastante mal, la gente no sabe lo que he tenido que hacer para llegar allí o cómo me encontraba. Yo acepto toda la crítica y toda palabra positiva. Pero a veces da rabia. Como con Rafa Nadal, que para mí no es que no estuviera en su mejor momento sino que ha estado en modo pausa y ahora mira. Decían que era imposible que volviera, pues ahí lo tenemos. Una leyenda del deporte español que nunca se va a olvidar.

-¿El esfuerzo se valora?

-No se valora lo suficiente.

Parece que llega a los Juegos y ya…

-Pero no, ¿eh? Solamente vemos lo que queremos ver, no lo que la persona está haciendo por detrás para llegar allí. A lo mejor yo llego a Río y pierdo en segunda ronda, pero la gente no sabe la preparación que he tenido para llegar a esa segunda ronda.

-¿Lee lo que se escribe sobre usted?

-Intento leer mucho en redes sociales. Las llevo yo y me gusta leer lo que la gente opina de mí. Y agradezco mucho todo el apoyo de España y de fuera. Sobre todo cuando me agradecen los valores que represento. Para mí eso es un orgullo. Sabemos que el fútbol es lo que más prima en España. Está claro que me gustaría que se nos valorara un poquito más en prensa, poco a poco esos deportes minoritarios lo vamos consiguiendo. Aunque tengo que decir que el bádminton ya no es tan minoritario, ¿eh?

-Es todavía joven, pero lleva muchos años en la élite, ¿lo nota?

-Sí, sí. El cuerpo se desgasta, va notando todos esos esfuerzos que una hace en la preparación de cada año y arrastra lesiones. Por suerte yo no me he operado de nada. Esperemos que no tenga que pasar por una operación pero… tengo el tobillo tocado desde el primer mundial, el hombro lo tengo bastante fastidiado... Y mentalmente. Yo consigo levantarme cada mañana por objetivos. Sin objetivos hubiera sido muy complicado. No solo en mi vida deportiva. También en mi vida personal. Esta forma de seguir lo he aprendido del deporte. He sacrificado mucho, pero me ha dado muchos valores que hubiera sido difícil encontrarlos en otro lado.

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