El irlandés Conor McGregor
El irlandés Conor McGregor
Artes Marciales Mixtas

Conor McGregor, de fontanero a la lista Forbes

El luchador irlandés ha pasado en un lustro de vivir precariamente a ser uno de los deportistas mejor pagados del mundo

MadridActualizado:

Hay personas que, más que abrir las puertas que ofrece la vida, las derrumban. Que entran sin llamar. Con decisión. Sin temblar. Forjando su camino pese a los vaivenes externos que pretenden desestabilizar. Con empuje, carisma y un innato autoestima. Uno de estos seres descritos es Conor McGregor, el campeón del peso pluma de UFC, que ha logrado en menos de un lustro pasar de ser un humilde fontanero a escribir su nombre en el puesto 85 de la lista Forbes de los deportistas mejor pagados del mundo. Pero su travesía hasta el estrellato ha sido turbulenta.

Hoy en día, McGregor, el luchador de 27 años, es un portento físico dentro de sus 175 centímetros, aunque no siempre fue así. Cuando era adolescente, era un tipo pequeño y delgado, el blanco perfecto para los abusones del instituto donde estudiaba, en un modesto barrio de Dublín, su lugar de nacimiento y crianza. Un día decidió que ese abuso escolar tenía fecha de caducidad, y se introdujo en un gimnasio a aprender artes marciales mixtas como método de defensa personal y, sobre todo, de método de escape mental ante las continuas burlas de sus compañeros. Una llama acababa de encenderse. Y prometía que no iba a apagarse fácilmente.

«Mi sueño siempre fue ser el campeón del mundo de las artes marciales mixtas»

La familia de McGregor nunca fue de grandes lujos. La necesidad de dinero apremiaba. Por ello, el luchador irlandés dejó los estudios y comenzó a aprender el oficio de su padre: la fontanería. Estuvo años trabajando duramente, arreglando las tuberías, las bajantes o la faena que tocara ese día. Pero él, en su interior, sabía que era como el agua, que todo lo puede. Siguió entrenando y entrenando. Pelea tras pelea. Con convicción. «Mi sueño siempre fue ser el campeón del mundo de las artes marciales mixtas», ha dicho en alguna ocasión. En el anonimato se estaba forjando un campeón.

A los 20 años debutó profesionalmente contra un compatriota suyo, Gary Morris, al que noqueó en el segundo asalto. Comenzaba la aventura hacia la cima y ya no había forma de desistir en el intento. Así se sucedieron los combates uno tras otro –incluidas dos derrotas en 2008 y 2010 frente a Sitenkov y Duffy, respectivamente–, en el Cage Warriors (organización de artes marciales mixtas) y alguna otra entidad de esta disciplina. El irlandés seguía creciendo. La llama cada vez era más grande. Había peligro de incendio. En 2012 llegó uno los momentos más importantes de su carrera. El primer trampolín para ascender peldaños. Derrotó a Dave Hill por sumisión y ganó el Campeonato de peso pluma de Cage Warriors (CW). Con 23 años había que seguir avanzando.

En ese momento, su autoestima subió, pero también su peso. Trató de derribar otra puerta. Y lo hizo. Se enfrentó a Ivan Buchinger en una pelea por el cinturón del peso ligero (cuatro kilos más) y le duró un asalto, hasta que consiguió hacerle besar la lona para proclamarse campeón en dos divisiones distintas. Esta vez no se abría una puerta. Se abría un portón. En febrero de 2013 firmó un contrato de múltiples peleas con Ultimate Fighting Championship (UFC), se convertía así en el segundo irlandés en conseguir llegar a la élite de las artes marciales mixtas después de Tom Egan.

Solo su presencia en el cartel de las veladas del UFC asegura vender todas las entradas disponibles

En abril de 2013 hizo su debut contra Marcus Brimage en UFC y ganó la pelea por nocaut técnico, ganando así el premio del K.O. de la noche. El siguiente en caer en sus manos fue Max Holloway. Y luego fueron Diego Brandao, Dustin Poirier, y Denis Silver. Como siempre, derribando puertas, metas, objetivos. La llama se estaba convirtiendo en un incendio. Y no había cortafuegos. Así llegó julio de 2015. Por entonces, McGregor ya era el «showman» más auténtico. Un espartano excéntrico y un provocador único. El hombre que más personas ha arrastrado a las artes marciales mixtas, por su exclusiva manera de ser, se enfrentaba a Chad Mendes para lograr el cinturón interino del peso pluma del UFC. Y se lo puso.

Hubo que esperar tres meses para que llegara el momento que tanto había soñado. Ese niño menudo y vulnerable había trepado la escalera al estrellato para enfrentarse contra José Aldo por el Campeonato de peso pluma del UFC. El irlandés se encargó de calentar la pelea. Solo su presencia en el cartel aseguraba agotar las entradas. Pero quería más. Insultos y bravuconerías incendiaron el ambiente previo. Récord de ventas en pago por visión. Era un ahora. Pero no un nunca. El resto es historia. Desde que sonó la campana hasta que McGregor impactó un golpe ganador pasaron 13 segundos. No solo le bastó con coronarse, también se hizo con el K.O. más rápido de la historia del UFC. Sus bolsillos estaban llenándose de billetes.

Es sabido que el irlandés tiene un pilar en el que sostener su vida. Su novia Dee Devlin. A la que admira y le da suerte. Lleva ocho años con ella. Tanto es así que la contrató para que le manejase las finanzas. Y, cierto es, que tuvo que recurrir a ella para superar la dolorosa derrota contra Nate Díaz en su último combate el pasado marzo en UFC196. De nuevo, su autoestima estaba por las nubes, pero su peso también. Y es que subió dos categorías de peso para medirse contra otro «showman» de mucho pedigrí. Y le pasó factura. Aunque el irlandés también le pasó factura al UFC. Otra lluvia de millones en su haber. Los bolsillos pesaban alegremente, cada vez más. Había que levantarse. Siempre hay puertas que abrir.

«El irlandés significa millones de seguidores para este deporte. Lo tiene todo: carisma, manera de vender y control de las redes sociales»

McGregor es hoy en día la mayor estrella de las artes marciales mixtas, y, por supuesto, el luchador más rentable para el UFC. Miggy C. (experto en esta disciplina) explica que «el irlandés significa millones de seguidores para este deporte como nadie había hecho antes. Lo tiene todo: carisma, manera de vender y saber controlar las redes sociales». Por ello, si hubiera que hacer una comparación con otra estrella del deporte, sería el Cristiano Ronaldo del UFC: «No cabe duda que es la persona que más mueve la prensa. Perdió con Nate Díaz y sigue moviendo 250.000 personas por una foto de sus zapatos. Es increíble», apostilla el experto.

El campeón del Peso Pluma de UFC ha conseguido escalar la cima de las artes marciales mixtas, pero también se ha colado en el puesto número 85 de la lista Forbes de los deportistas mejor pagados del mundo. Sus mediáticas batallas le han valido para ganar este año 18 millones de euros sin contar el resto de contratos publicitarios. Con todo, el irlandés es un tipo extravagante, dentro y fuera del ring, conocido por su estrambótica manera de vestir, y por sus trajes y relojes de miles de euros. Es más llegó a asegurar que estaba vestido «como El Chapo Guzmán en su mejor momento». Un bocazas para algunos. Un tipo gracioso para otros. Sea como fuere, este guerrero forjado a sí mismo no deja indiferente a nadie.