Balonmano

Árbitras, gemelas, pioneras

Las hermanas Bonaventura tienen por costumbre arbitrar a hombres, pero son las primeras en ejercer en un torneo mundialista

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No marcan goles ni los defienden ni lanzan los contragolpes, pero su calidad las ha llevado al Mundial de Francia 2017. Y a formar parte de su historia, para siempre. Julie y Charlotte Bonaventura (Marsella, 1980) son hermanas y, sobre todo, son árbitras. Las primeras en un Mundial masculino.

En su camino han mostrado su profesionalidad y su rigor, y también una comunicación perfecta y una visión idéntica para identificar y señalar los pasos, los agarrones o las faltas en ataque. Apenas necesitan comunicarse a través del pinganillo. Una mirada es suficiente. Es cuando más se nota que son, además de buenas árbitras, gemelas. Una dupla estricta e inmutable, pues no se imaginan arbitrando con alguien más.

Comenzaron como jugadoras después de probar varios deportes. Y se quedaron enganchadas al balonmano. No tanto al arbitraje, pues reconocen que no les hizo mucha gracia tener que coger el silbato en un partido en el que faltaba quien lo hiciera. Sin embargo, algo hubo en impartir justicia en el campo que las atrajo hasta convertirlo en su profesión. Quince años de carrera con grandes hitos internacionales: se estrenaron en el Campeonato del Mundo femenino 2009, en China, y en su historial destacan la final del Mundial de Dinamarca 2015 o las finales olímpicas de Londres 2012 y Río 2016. Pero no solo entre mujeres. Llevan arbitrando diez años en la liga francesa masculina, y ya en los Juegos de Londres compaginaron ambos cuadros con un Serbia-Corea del Sur masculino. Incluso la selección española conoce bien su profesionalidad, pues ellas arbitraron el partido en el que Jordi Ribera debutaba en el banquillo: el amistoso España 30 - Bosnia 21 del pasado 3 de noviembre.

Costumbre

Para el Mundial de Francia, la Federación Internacional de Balonmano (IHF) no tuvo dudas: los mejores tienen que pitar siempre, y el historial de las Bonaventura era lo que buscaban para un torneo de esta entidad, sin acotar la calidad al apellido femenino.

«No están por ser francesas. No están por ser mujeres. Están porque son las mejores del mundo», indicó Patric Strub, director de competiciones de la IHF al elegir a las parejas que dictarían sentencia en las pistas del torneo francés. Y lo corrobora Ramón Gallego, miembro de la Comisión de Árbitros de la IHF: «Este es el primer paso público, pero la idea en los torneos top de la Federación es seleccionar a los mejores en las diferentes posiciones: los mejores delegados, los mejores médicos y, sobre todo, los mejores árbitros. Si tenemos dos o tres parejas femeninas que son las mejores árbitras -no los mejores hombres o las mejores mujeres, sino mejores árbitros-, ¿por qué no íbamos a seleccionarlas? No les ha tocado la lotería ni es un regalo especial para ellas, se lo merecen estar aquí. Son las primeras elegidas para un Mundial, pero estoy seguro de que no serán las últimas».

Aunque las hermanas siempre han tenido en cuenta que hay más ojos pendientes de ellas. «La IHF está evolucionando, pero no tan rápido como nos gustaría», se expresaban tras la designación. En Francia se estrenaron en un Chile-Bielorrusia, en un partido para la historia porque además de su debut, también significó la primera victoria chilena en un campeonato del mundo. Lo que pretenden, en cada partido, es que no se hable de ellas. Significará que el encuentro ha discurrido con normalidad. Es su propósito también para después de este torneo: que ser las primeras solo sea una anécdota de lo que quieren sea costumbre.

«Después de tanto tiempo, este era el siguiente paso. Sabíamos que la IHF confiaba en nosotras, y arbitramos a hombres durante la temporada. Por eso no miramos este torneo como algo especial. Pero sí lo es para el público, para los que no sabían que una mujer puede manejar partidos de hombres».