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España anula a Dinamarca y se baña en oro

Día 28/01/2013 - 11.05h
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La selección borra a la todopoderosa Dinamarca, que tembló ante la intensidad española, y consigue su segundo Mundial

España
35
Dinamarca
19
EFE

En la segunda final de un Mundial para España resonaban los ecos del oro de 2005 en Túnez. Intenso el momento porque solo dos jugadores vivieron aquello, que nada tenía que ver con lo del Palau Sant Jordi, en casa, ante la afición propia. "Un gustazo", que dijo Alberto Entrerríos. Y se enfrentaba a Dinamarca, calidad por los cuatro costados, apoyo social porque el balonmano allí es deporte nacional, y en la memoria, dos finales anteriores sin ningún oro porque Checoslovaquia en 1967 y Francia en 2011 se lo robaron. Dos memorias, pero un mismo objetivo por el que dejarse la piel. Los 32 jugadores se la dejaron en la pista, pero solo uno logró que el esfuerzo terminara bañado en oro: una España descomunal que hizo el mejor partido cuando más lo necesitaba. [Narración y estadísticas]

Con el pitido inicial, los sueños se aparcaron y surgió Dinamarca para hacerle frente. Con ataques muy largos, España inauguró el marcador por mediación de Antonio García. Sterbik reapareció con su calidad de siempre y evitó el primer gol danés. Un buen robo de balón propició que Cañellas y Guardiola llevaran el partido a un sorprendente 3-0 a los cuatro minutos de encuentro. El trabajo, la unión y la alegría daban sus frutos y el Palau Sant Jordi respondió. El guión distaba mucho de lo que pensaban los daneses porque tardaron casi cinco minutos en conseguir el primer gol. Una España fortalecida en la defensa, en la portería y en el ambiente entendió que no había tiempo que perder, solo se podía salir con una intención, ganar desde el primer minuto, con la presión siempre en los brazos daneses, llenos de calidad, pero que no encontraron la salida a la intensidad española.

Con 3-0 en el marcador, Dinamarca pidió tiempo muerto. Le precedía la fama, pero estaba siendo engullida en esos primeros instantes de juego. Se pusieron a uno, pero los de Valero Rivera no bajaron los brazos y no se dejaron intimidar ni por Eggert ni por Green, que salió en sustitución de Landin. Hizo muy bien su papel bajo los palos daneses, pero España no desaprovechó la ventaja en el marcador y siguió mirando el partido con la sonrisa en la cara y el oro en la mirada. Esta vez sí, el Palau Sant Jordi se dejó notar y acompañó en cada ataque y defendió intensamente desde sus silbidos y gritos de ánimo.

España anula a Dinamarca y se baña en oro

Comida por la intensidad española, Dinamarca sufrió los nervios de su tercera final del mundial y en el ataque le atenazaron los fantasmas de no haber logrado el oro en ninguna ocasión. La campeona de Europa se enfrentó a Sterbik y sus despistes en el lanzamiento y España continuó haciendo su papel, su juego, ese que, como dijo Valero Rivera, le había llevado hasta aquí.

Maqueda, Entrerríos, Rivera y un explosivo Cañellas confirmaron que el Mundial se jugaba en casa y deleitaron a la afición con sus goles, sus ánimos hacia la grada y hacia ellos mismos, perplejos porque se fueron en el marcador de hasta siete goles a falta de un minuto para el descanso. El mejor entrenador de 2012 cambió la táctica, sorprendido de la actuación de los suyos, fallones al ataque y dubitativos atrás, sorprendido de que no le funcionara nada ante una España superior, imperial, que se recreaba en los contragolpes y con cada gol deseaba ya el siguiente. Julen Aguinagalde firmó el último gol, el número 18, antes del descanso (18-10).

El descanso había dado refresco a los nervios, pero España siguió muy centrada en lo que mejor sabe hacer: defender. Y con un Sterbik que se reivindicó como el mejor, el resultado siguió muy favorable a la selección porque no solo era superior con los goles, que entraban todos, sino también en sensaciones. Imposible que se escapara este partido si se continuaba por el mismo camino. A los lados, un Palau Sant Jordi de diez que celebró los diez goles de diferencia conseguidos a los cinco minutos de la reanudación.

A disfrutar

Los fallos al ataque danés se multiplicaban conforme crecía la diferencia en el marcador, también los daneses en la grada, ruidosos al principio, dejaron que el empuje español hiciera mella en sus gargantas. Aguinagalde, Cañellas reivindicativo de su calidad en los dos últimos partidos, y Sterbik dejaron sin adjetivos su actuación. Este era el camino y ya no se iba a soltar porque España superaba desde todos los ángulos a una desconocida Dinamarca, sombra de lo que una vez fue, y no tan lejos en el tiempo, sino en este mismo mundial que llegaba con la marca de favorita, invicta hasta la final, con los mejores números, dando el mayor de los miedos, pero que se empequeñeció porque los de Valero Rivera salieron a disfrutar y a hacer disfrutar.

España anula a Dinamarca y se baña en oro

La defensa, que funcionó de maravilla, dejó paso a los contragolpes, los que anularon a Alemania y a Eslovenia, los que borraron de la pista a Dinamarca. Y la sangría continuó, incapaces los daneses de hacer su juego, incapaces de hacerle un gol a Sterbik, coreado su nombre en más de una ocasión. La grada no se creía la facilidad con la que llegaban los goles, extasiada por el buen hacer de los de Valero Rivera, haciendo de Manolo Escobar y su "Que viva España" banda sonora en un Palau que botó con los goles y con las paradas de un inconmensurable Sterbik, sonriendo porque jamás había pensado que en su primera final de un mundial sus brazos se multiplicaran para frenarlo todo.

Se relajó el partido a la mitad de la segunda parte cuando el marcador reflejaba un espectacular 30-15 que hacía celebrar el oro antes de tiempo a los jugadores españoles, y a la grada, que comenzó a cantar "Campeones, campeones", eliminados los vestigios de selección inferior cuando se habla de Dinamarca. Fue el Palau quien pidió que entrara Sierra y Valero Rivera le invitó a la fiesta. Sterbik agradeció con aplausos el apoyo y se abrazó a Sierra, conscientes ambos de estar viviendo un momento histórico porque los daneses ya no tenían ni fuerzas ni ideas para llegar con claridad a la portería española. Perdieron balones, fallaron lanzamientos y mientras, España se ponía con 12 goles de diferencia en una final que a falta de cinco minutos ya no tenía más historia que la de saborear un oro largamente ansiado.

Fiesta final con los jugadores abrazándose en el banquillo, sonrientes del primero al último. Y estallido de emoción con 30 segundos por delante. Intensidad hasta el final por parte de los jugadores en la pista, pero en la grada y en el banquillo, la ilusión era tremenda. El oro era para España, por derecho propio. Por intensidad, por juego, porque supo anular a Dinamarca y porque un Mundial en casa no podía tener otro final.

Para el recuerdo: los abrazos, la alegría, la vuelta de honor en calzoncillos de Jorge Maqueda y un Alberto Entrerríos levantado por los aires por sus compañeros. El adiós del capitán era un sueño dorado que ellos mismos habían hecho posible.

Ficha del partido

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