Manifestación antitaurina
Manifestación antitaurina

El populismo se crece contra los toros

Los antitaurinos han encontrado en la nueva izquierda el aval para radicalizar sus ofensas

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La muerte de Víctor Barrio ha avivado los ataques contra la Tauromaquia. Los mensajes en redes sociales celebrando la tragedia del sábado en el ruedo son la última manifestación de un movimiento amparado por los populismos. Estos son los hitos principales:

1. Prohibición catalana. Fue el punto de partida. De nada sirvió alegar la larga tradición de la Fiesta en Cataluña ni la hipocresía de mantener, por conveniencia electoral, los «correbous», ni alegar que choca contra la igualdad de mercado. La razón declarada fue muy simple: los toros «huelen a España».

2. Tribunal Constitucional. Hace ya seis años, en el 2010, se presentó el recurso contra la resolución del Parlamento catalán que prohíbe las corridas. Todavía no se ha resuelto. (La Fundación del Toro de Lidia acaba de iniciar una campaña). Si ese retraso es habitual, la imagen es muy mala; si ha habido una intervención política, peor.

3. Ayuntamientos. Los populistas coinciden en sus ataques a la Fiesta. A la cabeza de las ocurrencias, Madrid, que quiere aparecer como «Capital Animal» y niega la historia, al patrocinar una exposición en la que aparece Goya como antitaurino. También se ha atacado a la Fiesta en San Sebastián, La Coruña, Palma de Mallorca, Valencia, Alicante, Córdoba... Creen algunos que esto se hace sólo por tapar la mala gestión. En realidad, forma parte de una campaña para cambiar la mentalidad popular española..

4. Festejos populares. Se prohíben, en vez de regularlos razonablemente, evitando sus excesos, sin tener en cuenta su arraigo y provocando una grave división. El Toro de la Vega de Tordesillas es el caso más famoso. La Comunidad Valenciana no se resigna a perder sus popularísimos «correbous».

5. Escuelas Taurinas. Se está atacando el futuro de la Fiesta. En esto, una vez más, el Ayuntamiento de Madrid se lleva la palma de la ocurrencia sectaria.

6. Ataques a monumentos. Abundan los atentados contra los monumentos taurinos: en Sevilla, al de Curro Romero, en Madrid, al de Yiyo; en Valencia, al de Montoliú. Y las autoridades ni lo corrigen (tuvo que hacerlo Joaquín Moeckel, en Sevilla) ni los protegen como debieran...

7. Saltos al ruedo. Menudean los lanzamientos de «espontáneos» nada espontáneos, cuasiprofesionales, a los ruedos (cuando el toro ha muerto, naturalmente). Algunos son bien conocidos, con nombre, apellidos y el dinero que reciben. Se equivocan las autoridades al dejar a los toreros el reducirlos: causa enfrentamientos, que han dado ya lugar a denuncias de maltrato por parte de los antitaurinos. En ningún espectáculo legal sucede algo parecido.

8. Manifestaciones antis. Las personas que ejercitan su derecho a acudir a un espectáculo lícito tienen que soportar insultos y vejaciones de manifestantes antitaurinos. Todavía no se ha elevado a ley la prohibición de que esto suceda a una distancia determinada de los cosos, como en Francia. La recomendación del Ministerio del Interior suele incumplirse, por pusilanimidad.

9. Consultas sobre los toros. Como España no tiene mayores problemas, se suscitan referendums sobre los toros, aunque la sociedad no los demande. En Bilbao, juiciosamente, no se ha admitido pero Bildu, que ya prohibió los toros en San Sebastián, al verse obligada a readmitirlos, ha jugado esta nueva baza. El Ayuntamiento donostiarra ha convocado una consulta sobre el uso de la plaza de Illumbe para el 19 de febrero de 2017.

10. Redes sociales. Sirven de vehículo a expresiones que avergüenzan a toda persona de bien. Alegrarse de la muerte de un hombre es lamentable; colocar a los animales por encima de los seres humanos, una aberración.

Todo esto lo promueven los políticos de la izquierda radical, que en tantos sitios está en el poder gracias al PSOE. La ambigüedad de los socialistas, en este tema, es escandalosa. Sólo el PP defiende algo la Fiesta. Los motivos de atacarla están bien claros: un falso concepto del animalismo y el odio a España y a todo lo que representa su cultura popular. No es un problema de afición taurina o no, sino de libertad.