Toros

Palma de Mallorca vibra con el toreo de Talavante entre gritos de «¡libertad, libertad!»

Sale por la puerta grande en la que podría ser la última corrida en el Coliseo Balear

Alejandro Talavante sale a hombros - Angel de Antonio
ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNES/JOSEP MARÍA AGUILÓ Palma De Mallorca - Actualizado: Guardado en: Toros

Los gritos de «¡libertad, libertad, libertad!» volvieron a resonar este jueves por la noche con fuerza en la plaza de toros de Palma, como si fueran una especie de conjuro ante la posibilidad cada vez más cercana de que el Coliseo Balear no vuelva a acoger ya nunca más un festejo taurino, al menos en el sentido clásico del término. Como es sabido, el pasado mes de julio el Parlamento autonómico aprobó la ley de toros «a la balear», que si bien no prohíbe expresamente las corridas en el archipiélago, fija numerosas restricciones para su celebración, como por ejemplo la de que no se hiera o mate al toro. La noche, pese a que los toros de Núñez de Tarifa no dieron el juego deseado en conjunto, tuvo un brillante broche con la salida a hombros de Alejandro Talavante.

Abrió el festejo Francisco Rivera, enfundado en un terno sangre de toro. Paquirri, como se anuncia en los carteles, suscitó el entusiasmo del público con su valerosa actuación, especialmente cuando se puso de rodillas en un desplante. Pero luego decepcionó cuando entró a matar y pinchó en hueso dos veces. El silencio no era completo. De fondo, se oían los gritos del centenar de manifestantes antitaurinos, frente a los miles de aficionados que ejercían en el coso su derecho a asistir a una corrida de toros, un espectáculo legal. A la tercera, la estocada fue completa, hubo aplausos y parte del público se puso en pie, entre ellos la Infanta y sus hijos.

Alejandro Talavante, de frambuesa y oro, no tuvo ninguna opción con el segundo toro de la divisa de Núñez de Tarifa, un animal inválido que fue apuntillado y recibió las protestas del respetable en el arrastre.

Completaba el cartel Cayetano, que brindó su faena a Doña Elena. La Infanta recogió la montera entre los aplausos del público. Una vez más, el menor de los Rivera demostró su garra delante de la cara del toro, pero tampoco tuvo suerte al entrar a matar y, tras varios intentos, el estoque siguió resistiéndose.

Tampoco Francisco Rivera anduvo afortunado en la suerte suprema en el cuarto, pese a su oficio y voluntad de agradar durante su actuación.

La faena de la noche

Todo cambió con el quinto toro, que dio juego a Talavante, animó a la afición y compensó de la decepción del segundo. En medio de un profundo silencio, roto por algún gracioso -«cállate», le gritó un aficionado-, sucedió el milagro y el tono de la corrida dio la vuelta. La figura extremeña cuajó una gran faena, con pasajes puros y originales. Hubo muletazos excelentes, muy jaleados por la afición. La gente buscaba los pañuelos mientras Alejandro Talavante se perfilaba en la hora final: el estoque se hundió hasta la empuñadura entre la algarabía general. El público, puesto en pie, vistió de blanco los tendidos y pidió las dos orejas entre gritos de «¡libertad, libertad, libertad!». En la apoteósica vuelta al ruedo, le arrojaron flores y abanicos. El matador pacense sembró la locura y se ganó la puerta grande.

A punto estuvo de acomparlo en volandas Cayetano, en una noche de menos a más. Aunque el sexto toro también se mostraba aplomado, el diestro fue capaz de sacarle partido y de ganarse a la afición con gestos de valor torero. Mientras se lucía, hubo vivas a los toros, a España, a la Infanta y al Rey. A la hora de matar, metió el estoque hasta la bola y, aunque el público reclamó dos orejas, se tuvo que conformar con una. Eso sí, cuando dio la vuelta al ruedo se llevó toda la gloria, especialmente cuando se cubrió con una bandera de España, mientras la afición gritaba otra vez «¡libertad, libertad, libertad!».

Desnaturalizar la Fiesta

Y con la salida a hombros de Talavante se despidió la noche en el Coliseo Balear en la que puede haber sido la última corrida. Recordemos que el propósito implícito de la nueva norma -promovida por el PSOE, MÉS y Podemos- es desnaturalizar por completo la Fiesta, con el objetivo de que en la práctica los aficionados acaben desistiendo de ir a presenciar un espectáculo en los términos fijados por el tripartito. La última palabra la tendrán, en cualquier caso, los tribunales.

El controvertido modelo de toros «sin sangre» establece bastantes limitaciones, como por ejemplo que sólo se podrán torear un máximo de tres reses por festejo y por un periodo de tiempo no superior a los diez minutos. Además, estará prohibida la entrada a los menores de 18 años. Por lo que respecta a los empresarios, deberán abonar fianzas previas por un importe global mínimo de 300.000 euros. En cuanto a las sanciones, pueden alcanzar los 100.000 euros en los casos más graves. Otro requisito es que se hará «un control antidopaje» de los toros y de los diestros «antes y después del espectáculo». Con posterioridad, las reses serán devueltas a la ganadería que las suministró.

Contra esas disposiciones y contra el posible fin de la Fiesta en Baleares, miles de aficionados isleños abogaron anoche nuevamente por la libertad.

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