Miguel Ángel Perera, en Cañaveralejo
Miguel Ángel Perera, en Cañaveralejo - Efe

Miguel Ángel Perera se deja un toro vivo en Cali

Sin trofeos en una deslucida corrida de Salento y desaciertos con el acero en la penúltima de Feria

CALIActualizado:

Un deslucido encierro del hierro Salento impidió el lucimiento de un rematado cartel compuesto por el extremeño Miguel Ángel Perera, el colombiano Luis Bolívar y el madrileño Alberto López Simón, en la penúltima tarde de la Feria de Cali, en la que se celebran los 60 años de la plaza de Cañaveralejo.

Los alternantes no cortaron orejas. Menos de media entrada registró el principal coso vallecaucano.

El cartel de la penúltima de abono de la Feria de Cali se quedó en eso, en papel. La terna, una de las mejor confeccionadas del ciclo en Cañaveralejo, poco pudo hacer frente a un incierto encierro de la ganadería Salento, triunfadora en la pasada edición.

De hecho, no hubo un solo trofeo aparte de la ovación que recibió el colombiano Luis Bolívar tras la lidia al quinto de la tarde.

La corrida fue particularmente dura para el extremeño Miguel Ángel Perera, al menos en la lidia de su segundo toro, que terminó yéndose vivo a los corrales tras los reiterados fallos con la espada.

En la lidia de ese ejemplar, Perera encontró más temperamento que franqueza por parte del astado. En el otro, primero del festejo, Perera pudo enseñar parte de sus reconocidos temple y poder en el único toro de todo el encierro que dio posibilidades. El mal uso del acero le impidió hacerse con algún tipo de reconocimiento.

Para Luis Bolívar hubo dos cartas. Una, la de su primer ejemplar, en la que olfateó opciones en las primeras de cambio con la muleta antes de que su enemigo se tornara distraído y gazapón, lo que le hizo difícil la suerte suprema. El otro saltó al callejón y produjo pánico, sin consecuencias, antes de dejar ver su real condición de descastado.

Alberto López Simón no tuvo suerte diferente. Tanto en el tercero, que le buscó las zapatillas al final de los viajes, como en el sexto, prometedor por la forma como humillaba pero pegajoso en los momentos decisivos hasta hacerse casi imposible de acompañar con el trapo rojo.