Toros

Curro Díaz, Puerta Grande a la torería

David Galván, herido, corta una oreja en Las Ventas

Curro Díaz, saliendo por la Puerta Grande de las Ventas
Curro Díaz, saliendo por la Puerta Grande de las Ventas - EFE
ANDRÉS AMORÓS Madrid - Actualizado: Guardado en: Toros

Se inaugura la temporada en Las Ventas, en una tarde muy desapacible, con frío y lluvia, pero vivimos momentos de auténtica emoción: Curro Díaz corta dos orejas, después de dos preciosas faenas, y abre la Puerta Grande; David Galván protagoniza un gesto al cortar una oreja, después de sufrir una cornada. Juan Ortega confirma con dignidad la alternativa.

Antes, el comienzo de la temporada taurina, en Madrid, en Las Ventas, era un acontecimiento nacional, «más que un cambio de gobierno», decían los revisteros, que atraía a aficionados de toda España. Ahora, muchos madrileños huyen a las playas, en busca de un sol que no aparece. Si son aficionados, se han perdido, la que será, sin duda, una de las mejores tardes de la temporada. Los toros de Gavira, serios, muy armados, han sido abantos pero manejables, tercero y cuarto, como el buen sobrero de Torrealba, lidiado en segundo lugar.

Confirma la alternativa el sevillano Juan Ortega, de familia ganadera. El primero luce dos «perchas» de aúpa; es cinqueño, mansea y derrota. Juan no se amilana, logra derechazos con gusto y mata a la segunda. Se corre el turno por estar herido Galván. El quinto es reservón, complicado. Ortega se muestra sereno, aguanta arreones, se libra por pelos de un percance y mata mal. Ha cumplido con decoro.

A varios profesionales les he escuchado alabar las buenas maneras del gaditano Galván. Esta tarde protagoniza un auténtico gesto. El tercer toro, descompuesto, pega arreones. Sin estar fijado, inicia la faena con un pase cambiado (no es lo más adecuado) y sufre una cornada. Se ve claramente que le ha atravesado la pierna derecha a la altura del gemelo. Sin mirarse, sangrando mucho, continúa toreando, con notable estilo. Destacan los naturales de buen trazo. Único pero: alarga la faena. Por eso y porque el toro tarda en caer, recibe dos recados pero corta una merecida oreja. Con un torniquete, da la vuelta al ruedo antes de pasar a la enfermería, de la que no saldrá. (La herida ha causado destrozos en los músculos sóleo y gemelos, de pronóstico reservado).

Curro Díaz ya sabía lo que es abrir esta Puerta Grande. Pasados los cuarenta años, vuelve a lograrlo, en una tarde plena de torería. En el segundo, nos hace disfrutar con derechazos de mano baja y doblones de gran estética: primera oreja. En el cuarto, ayudados de mucha clase, remates primorosos, naturales de frente y una gran estocada: por unanimidad, otra oreja, la salida en hombros y –estoy seguro– la primera sustitución que surja, en San Isidro.

¡Qué gusto da saborear la torería de un diestro que posee calidad! Gracias a Curro Díaz, salimos de Las Ventas mojados y ateridos pero felices.

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