Toros

Cumbre de Perera con torrealtas de puerta grande en las Colombinas

El extremeño hace pleno con cuatro orejas y sale a hombros con David de Miranda

Miguel Ángel Perera remata con una media verónica
Miguel Ángel Perera remata con una media verónica - Alberto Díaz
LORENA MUÑOZ Huelva - Actualizado: Guardado en: Toros

La tarde fue de un inspirado Miguel Ángel Perera, que hizo pleno con cuatro orejas en una notable corrida de Torrealta. El extremeño amarró la puerta grande tras cuajar una gran faena a «Legionario», al que se premió con la vuelta al ruedo. Lo dejó crudito en el peto tras un templado recibo a la verónica en el que ya se vio que metía bien la cara por abajo y sirvió para que Curro Javier saludara tras un segundo par de banderillas soberbio. Con el pase cambiado por la espalda inició Perera, pero el astado era de lío como se vio en cuanto tomó la diestra y se puso a torear en redondo primero y al natural después. Fue largo a la muleta y con importancia y el extremeño lo toreó a placer sin la ayuda con la diestra, con circulares invertidos y cambiando la muleta por la espalda sin rectificar la posición.

Le quedaba otro, el quinto, con el que volvió a lucirse con el capote en el recibo y formó un lío en el quite por cordobinas sin enmendarse. La cuadrilla también brilló a buena altura, Curro Javier en la lidia y Javier Ambel y Guillermo Barbero saludaron en banderillas. La plaza era un hervidero cuando brindó al ganadero. Era tiempo de muleta y de rematar una tarde inspirada y de mucha entrega en una faena de tentadero. Otro doble trofeo y palmas por bulerías en la vuelta al ruedo.

Le acompañó en la salida a hombros el torero local David de Miranda, que puso todo para triunfar con un toreo de valor y un bravo tercero, que tuvo codicia y humillación. Le dejó un ajustadísimo quite por saltilleras y comenzó por estatuarios una labor que tuvo de todo. Cortó un solo trofeo ya que acertó al segundo intento. En el sexto, de embestida irregular, De Miranda anduvo entregado y cortó otra oreja.

Sebastián Castella regresaba a la plaza de Huelva y se fue sin premio. A la verónica a pies juntos recibió al primero, que salió de los chiqueros medido y además se dio una voltereta en el saludo. Aunque lo cuidó en el caballo llegó a la muleta muy justo. Fue una pena porque tenía cierta clase y nobleza pero no las fuerzas suficientes para que la faena tomara cuerpo. Dejó una estocada entera de rápido efecto y saludó la ovación. El cuarto fue un precioso jabonero con nobleza pero un punto rebrincado en la muleta en la que la calma la puso el francés que desplegó su repertorio por estatuarios, pases cambiados por la espalda y a pies juntos. Con oficio y técnica fue una labor larga y de dominio que acabó en los terrenos del toro. A pesar de la petición unánime el presidente no le concedió la oreja.

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