Miguel Ángel Pacheco, en un natural al segundo novillo
Miguel Ángel Pacheco, en un natural al segundo novillo - Paloma Aguilar

La emocionante apuesta de Miguel Ángel Pacheco con un encastado «Caudillo» en Las Ventas

El gaditano pincha un premio de ley en una variada y seria novillada de Julio García

MADRIDActualizado:

Silencio. Un toro con la casta escrita en su estampa pisaba el ruedo de Madrid. La arena se sembró de pánico y el corazón del tendido se aceleró cuando apareció «Caudillo II», un castaño listón de 475 kilos. Se iba directo al pecho con aviesas intenciones: por delante se llevó al subalterno Daniel Sánchez, en una violentísima cogida de la que salió ileso de milagro. Las de Caín hizo pasar a la cuadrilla, aunque Corruco de Algeciras se marcó un arriesgado par. Se avecinaba una guerra de fuego y balas, de «sálvese quien pueda...» Pero Miguel Ángel Pacheco apostó para vencer. El joven de la Línea tuvo la inteligencia de doblarse para limar la casta fiera de «Caudillo II», un generalísimo de altiva planta. Con la muleta puesta y dispuesta, llevándolo muy tapado, lo metió en el canasto por abajo y con enorme mérito.

Este novillo de Julio García, con fondo y mucho que torear, hubiese hecho correr a medio escalafón. Repetía codicioso y con el peligro de lo bravo, y ahí que aguantó Pacheco, imponiéndose con esfuerzo a este encastado«Caudillo», agradecido y obediente en su soledad con el entregado torero. Lástima su desatino con el arma suprema: pinchó y perdió el premio ganado a ley en la emocionante batalla. No quería irse de vacío y se postró de rodillas, a la verónica, en el saludo al quinto, al que trataron de lucir en el caballo. El gaditano concedió distancias a este «Iluminado», que tenía buen son, pero se desplomaba cada dos por tres. Una pena…

La seria novillada de Julio García, que tomaba antigüedad, tuvo interés y dio opciones en su variado juego, aunque algunos tenían cuajo de toro con todas las letras... Voluntariosos anduvieron Adrián Henche, que regresaba tras un durísimo percance y tuvo un primero que embestía casi dormido y un cuarto más deslucido y con toda la barba, y El Adoureño, que debutó con un mansito que humillaba con son y cerró frente a un sexto con dificultades.