Tendidos llenos en Las Ventas
Tendidos llenos en Las Ventas - Paloma Aguilar

Los aficionados a los toros, pieza esencial de la Fiesta

El jurado del X Premio Taurino ABC galardona a la afición, representada en la Infanta Doña Elena

MADRIDActualizado:

El toro y el torero son, evidentemente, los dos pilares de la Tauromaquia. Junto a ellos, una tercera pata es indispensable para sostener esta mesa: el público. Sin él, no podría existir el espectáculo taurino. La Sociología del arte afirma, además, que, en cualquier disciplina estética (y no cabe duda de que el toreo lo es), el público no es un puro receptor pasivo sino que influye de modo decisivo en la creación de los artistas.

El Premio Taurino de ABC, que ha distinguido ya, en anteriores ediciones, a grandes ganaderos y matadores, ha querido resaltar, esta vez, el trascendental papel de los aficionados. Sin ellos, la Fiesta se extinguiría, sin necesidad de ataques externos.

El mérito de la afición merece especial reconocimiento en estos años, en los que la crisis económica ha afectado a todos los espectáculos. Últimamente, además, ser aficionado a los toros se ha convertido en una actividad de riesgo, por los lamentables e inciviles actos de muchos antitaurinos, que no respetan una actividad perfectamente legal, reconocida, además, como integrante del patrimonio cultural inmaterial español. Cualquiera que asiste a una Plaza de Toros o, simplemente, se manifiesta aficionado a este arte puede recibir agresiones e injurias, tanto físicas como a través de las redes sociales. No se pueden olvidar los lamentabilísimos insultos que se dedicaron a toreros fallecidos como Víctor Barrio y Fandiño, así como al niño aficionado Adrián.

En las deliberaciones del jurado de ABC, se ha insistido en la peculiar actitud que mantiene el aficionado a los toros con respecto al que ama cualquier otro arte o asiste a cualquier otro espectáculo. Disfrutamos de una obra literaria, una pintura o una música cuando ya están acabadas, retocadas por su autor, perfectas, dentro de sus posibilidades. El toreo, en cambio, es absolutamente azaroso, imprevisible.

Se trata de un arte que debe surgir en fecha y hora fijas, sin posibilidad alguna de rectificación o mejora, y que se contempla en vivo, en directo. (Por eso, mi amigo Manolo Vázquez le dijo una vez a don Severo Ochoa que lo suyo era objetivamente más difícil que sus experimentos, por complicados que fueran).

Imprevisible

Además, la materia con que trabaja este artista no es piedra o lienzo, algo inerte, sino un animal imprevisible, misterioso, cambiante, a lo largo de la lidia. El diestro debe crear belleza resolviendo las dificultades que el toro presenta. (Por eso, además del valor y la gracia, necesita una inteligencia rápida, ver claro). Y, en esa tarea, está exponiendo gravemente su vida.

La conclusión de todo ello es evidente: si yo compro un libro de Virginia Woolf o entradas para un concierto de la Filarmónica de Viena, tengo casi garantizado un placer estético de muy alto nivel. En el toreo, en cambio, puede anunciarse un gran cartel de toros y toreros y que, al final, apenas suceda nada relevante. Por eso, se comentaba en las deliberaciones de este Premio, el aficionado a los toros es el tenaz perseguidor de un sueño que sólo algunas veces se produce.

Además, ese aficionado encarna muchas virtudes: respeto al toro y al torero; conocimiento de la técnica; sensibilidad; educación; criterio… Siempre se ha dicho que lo que da más categoría a una Plaza (las de Madrid o Sevilla, como claros ejemplos) es el carácter habitual de sus aficionados.

Aceptada ya unánimemente la oportunidad de distinguir, esta vez, a la afición taurina, debía elegir el jurado de ABC a la personalidad que pudiera representarla con justicia. No ha sido muy difícil: la Infanta Doña Elena es una aficionada ejemplar, que acude a Plazas de todas las categorías y que ha transmitido esta afición a sus hijos.

Además de su frecuente presencia en Las Ventas, con frío y con calor, la hemos visto también en muchas Ferias y hasta en pueblos, con carteles de figuras o de diestros modestos: lo mismo que hace un auténtico aficionado. Hereda, por supuesto, esta afición de su padre, Don Juan Carlos, y de su abuela, Doña María.

Este X Premio Taurino ABC recuerda y proclama algo indiscutible: mientras existan aficionados que acudan a las Plazas con la ilusión de comulgar con la belleza y la emoción, no podrá morir nuestra Fiesta Nacional.