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Toros

López Simón, heroico, conquista Madrid

Con una cornada en su primero, aguanta y abre su tercera Puerta Grande para regresar luego a la enfermería

El pitón del primer toro se introduce en la cara posterior del muslo izquierdo de López Simón - PALOMA AGUILAR
López Simón, en un derechazo - PALOMA AGUILAR
López Simón, con gesto de dolor, es trasladado a la enfermería - p. aguilar
López Simón, a hombros - p. aguilar
Sensacional muletazo del madrileño - p. aguilar
andrés amorós - Madrid - Actualizado: Guardado en: Toros

Culmina Alberto López Simón la temporada de su revelación con una actuación sencillamente heroica, en la Feria de Otoño: herido grave por su primer toro, al que corta una oreja, sale de la enfermería, en contra del criterio médico, y realiza una extraordinaria faena en su segundo, culminada en la suerte de recibir: otra oreja, que debieron ser dos. A pesar de su estado, le sacan a hombros: con un valor fuera de lo común, se consagra como primera figura del toreo.

El cartel de toreros poseía gran atractivo. Era de temer, en cambio, que los toros del Puerto de San Lorenzo no tuvieran la fuerza y bravura deseables. Para un mano a mano de este nivel, ¿por qué no se ha traído una de las divisas que este año han triunfado en Las Ventas? Los toros han dado, en general, escaso juego: flojos, deslucidos, inciertos. El segundo de López Simón se ha entregado a su tremendo valor, nada más. Diego Urdiales ha solventado la papeleta con dignidad pero sin brillo.

¿Por qué ha triunfado este año en todas las Plazas el diestro madrileño? No es difícil explicarlo: se coloca en el sitio donde los toros se entregan (o hieren) y no se mueve un centímetro. (Algo así hacían José Tomás y Talavante, en sus comienzos). Esa forma de torear tiene un riesgo evidente pero también llega al público con mucha fuerza. No es la que yo prefiero (la verticalidad impávida no ayuda al dominio) pero merece un enorme respeto. Si sabe conjugarla con algo más de naturalidad, los éxitos son seguros.

Diego Urdiales viene de triunfar rotundamente en Bilbao y Logroño, ha alcanzado ahora el reconocimiento de muchos aficionados. En el primero, juega bien los brazos a la verónica pero el toro flaquea y vuelve al revés. No se acopla ni acierta con la espada. El tercero, veleto, se mueve desigual, con genio. Comienza Diego con doblones muy toreros, lo embarca bien; aguantando, logra algunos derechazos buenos pero no una faena redonda. Lo mata con habilidad y el toro casi lo coge, al caer. Se corre el turno, por estar López Simón en la enfermería. El quinto, muy flojo, es sustituido por un sobrero de Valdefresno, incierto, que flaquea varias veces. Urdiales no está a gusto con él, se justifica y lo caza. Sabe torear bien, desde luego, pero, para llegar a primera figura, hace falta más regularidad en los triunfos.

El segundo, flojo y deslucido, es protestado; huye de la muleta: una birria de toro. (Comenta un vecino: «Le han enseñado a correr hacia atrás, como a los futbolistas»). López Simón se mete en su sitio, no le deja espacio para que huya: la cogida está cantada y llega. Cojeando, todavía logra una serie estupenda y mata a la segunda: corta oreja y pasa a la enfermería. (Comenta mi vecino, valleinclanesco: «Parece el baldadiño de las Comedias bárbaras»).

Aunque lleva una cornada, sale para matar a su segundo, que no para de dar vueltas al redondel. Sin poder moverse, cita de frente, tragando muchísimo: el toro, acobardado, se entrega y logra dos series extraordinarias, con muletazos lentísimos. Citando a recibir, consigue una estocada delantera: nueva oreja, que, para muchos (entre los que me incluyo), debieran haber sido dos. En el último, se aplaude al picador Alberto Sandoval y al peón Vicente Osuna. Lo brinda a su amigo Andrés Calamaro y al público pero el toro se parte la pata, al comienzo de la faena de muleta. No hacía falta más. Y el público, que no conoce la gravedad de su cornada pero ha vivido una tarde de gran emoción, lo saca a hombros.

López Simón ha conquistado Las Ventas con un valor sereno ante el que hay que rendirse. Sin sentimentalismos, ha estado de verdad heroico. Mi vecino valleinclaniano apostilla, como don Latino: «Me quito el cráneo».

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