Toros

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Morante y El Juli bordan el rejoneo y Ventura forma un lío a pie

Día 13/10/2013 - 22.43h
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Insólito festival en La Puebla del Río

Festival insólito el que se ha vivido este domingo en la localidad sevillana de La Puebla del Río. Figuras del toreo como Morante de la Puebla, El Juli, El Fandi y Alejandro Talavante rejoneando y Diego Ventura, figura también a caballo, toreando a pie.

Lleno de «no hay billetes» para una buena causa y lo mejor que puede tener un festejo de este tipo: que haga afición. Porque es lo que han hecho estos toreros que, por una parte, ayudan a quienes lo pasan mal y por otra son capaces de dar espectáculo y que disfruten quienes acuden a verlo.

Paseíllo de lujo con todos los actuantes a caballos precedidos por dos glorias de La Puebla: los hermanos Ángel y Rafael Peralta. ¿Hay quién dé más?

Abrió plaza la rejoneadora Lea Vicens —que sustituía a Paco Ojeda—, que estuvo correcta con un novillo descoordinado de los cuartos traseros. Los mejores momentos los dejó con el caballo «Bético» clavando al quiebro y yendo siempre de frente.

Morante dejó un ramillete de verónicas entremezcladas con chicuelinas de escándalo. Y tras el puyazo, allá que salió el cigarrero con el caballo «Remate», de Ventura, para demostrar que sabe torear a caballo perfectamente. Sobre todo el par a dos manos y las dos rosas.

Torería en Morante, que lo bordó a caballo y luego, ya pie a tierra, cuajó varios ayudados por alto y un par de molinetes zurdos de enjundia. Una delicia.

Un lío, pero un lío gordo, formó El Juli con el caballo «Oro». Qué manera de andarle al toro, de citar, de clavar arriba y de salir de la cara de su enemigo a dos pistas para, por los adentros y pegado a tablas, cambiarle el viaje. La plaza se puso en pie. Dos banderillas al quiebro las firmaría cualquier figura del rejoneo. Y con la muleta, relajado pero sin dejar de pisar el acelerador.

Fandi y Talavante

El Fandi, con «Alfoz», estuvo algo más desorientado. Cambió de caballo y con «Juriquilla», de Francisco Palha, dio galopadas —como en sus tercios de banderillas— citando desde la otra punta de la plaza y clavó arriba. Templado con la muleta, dejó unos cuantos naturales no habituales en su repertorio.

Talavante, ataviado con el típico traje charro mexicano —incluido el sombrero—, le costó trabajo subirse al caballo, cosa que tuvo que hacer como sus compañeros. Comenzó algo dubitativo para venirse arriba cuando comprobó que le salían las cosas. Disfrutó al final a lomos de «Girasol» y posteriormente toreando pie a tierra, con ese toreo perfilero que suele realizar en vez en cuando. Las manoletinas finales gustaron mucho.

Con una larga cambiada de rodillas y cinco verónicas lentas, hundiendo el mentón en el pecho y bajando las manos, sorprendió Diego Ventura en su novillo. Tras el puyazo, un precioso quite al alimón por chicuelinas de Morante y El Juli —como aquellos de los hermanos Luis Francisco y Juan Antonio Esplá — y carrusel de banderillas con todos los diestros y el propio Ventura. Fiesta en el ruedo y en los tendidos, con la gente en pie aplaudiendo a rabiar.

La faena de muleta contuvo quietud y toreo desmayado. Y escribimos de Ventura, oiga. Lentitud en muchos de los muletazos y muy a gusto el de La Puebla en el toreo al natural. Lo mismo a la hora de tirarse a matar.

Cerró plaza el novillero local Pablo Sobrino, a quien no le pesó la responsabilidad de torear con figuras y dejó muy buenos pasajes en el toreo al natural. Tiene temple y sabe de qué va la cosa. Habrá que verlo más.

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