Toros

Las 35 cornadas de Ferrera, el torero más castigado por los toros

Cosido de norte a sur, su cuerpo parece «un mapa de carreteras»

R. PÉREZ - Actualizado: Guardado en: Toros

Tiene el cuerpo cosido a cornadas: 35 heridas por asta de toro, 35 medallas que condecoran la piel de un valiente. Antonio Ferrera cuenta con récord de percances de un matador en activo, pues el «guinnes» lo ostentaba el inolvidable Diego Puerta, con 58.

El último drama del héroe extremeño ocurrió el pasado martes en Gijón: una puñalada en el muslo derecho, en la misma zona donde ya contaba con otras ocho cicatrices, hizo que tuviera que pasar a la enfermería. ¡Pero que no se quedara! Fererra pidió a los médicos que no le operaran y, como aquella madrileña Corrida de la Prensa de 1965 de Puerta, se enfundó «los pantalones de valor». No de arenero, como hiciera el del barrio del Cerro del Águila, sino de monosabio. Épica de Ferrera, mano a mano con el también herido Javier Castaño, con un balazo en el coxis, y que milagrosamente no necesitó pasar luego por el hospital tras la intervención en la enfermería.

Antonio Ferrera ya se recupera en su tierra pacense de su cornada número 35. Su carrera está colmada de sangre: el muslo derecho es un auténtico «mapa de carreteras» -como dice el propio torero-, con 15 cicatrices, la mayoría por cogidas al entrar a matar.

Su entorno recuerda de modo espantoso tres de los percances: uno en Pamplona, que le atravesó el muslo; otro en Teruel, en el pecho, y uno en el vientre, en Nimes, coso francés donde ha sido castigadísimo por los toros. Algeciras fue testigo de otro horror. Y Madrid... «Casi es más fácil decir en qué plazas no le han cogido», comentamos con su mozo de espadas, su hermano Diego.

Al tratar de recomponer esa extensísima lista de heridas de fuego que llamea la piel de Antonio Ferrera, Diego rememora cada instante e incluso, «de tantas, alguna puede olvidárseme». A bote pronto, porque su memoria guarda cada instante de la carrera de su torero, las alegrías de tantos triunfos pero también los sinsabores de tanto dolor al ver al hermano barnizado en sangre. Un parte de guerra de gladiador. De un héroe de carne y hueso.

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