El toreo a campo abierto, según Juan Belmonte
Morante, entre los Sánchez Ibargüen, en la finca sevillana «La Cobatilla» - JUAN FLORES

El toreo a campo abierto, según Juan Belmonte

Ojeda, Espartaco y Morante homenajean al Pasmo de Triana en el centenario de su alternativa

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Lo que hubiese disfrutado ayer Juan Belmonte en la finca «La Cobatilla». A buen seguro que habría montado alguno de sus caballos y hubiese intentado «soltar» a alguna de las vacas que se corrieron, junto a Antonio Miura, Ignacio Sánchez Ibargüen, Ernesto Campos Peña o Luis Erquicia. Y también, muleta en mano, querría haber soñado el toreo como lo hicieron Espartaco padre y Morante de la Puebla.

Porque eso, precisamente, es lo que ocurrió ayer en la finca propiedad del ganadero sevillano José Murube. La mejor forma de celebrar el centenario de la alternativa del Pasmo de Triana fue organizar un tentadero a campo abierto a la antigua usanza, como el propio Belmonte realizaba en «Gómez Cardeña». «La Cobatilla» reunió en la jornada de ayer, merced a la comisión organizadora, entre los que se encuentran el nieto del Pasmo, Javier Beca Belmonte y el empresario y anticuario de Utrera, Manuel Morilla Tenorio, a un cartel de auténtico lujo tanto a caballo como a pie. Figuras significativas del acoso y derribo acompañadas de la familia Murube y Algarra, que hicieron de perfectos anfitriones junto a sus hijos.

Diestros como Paco Ojeda y Juan Antonio Ruiz «Espartaco» también apoyaron con su presencia este homenaje; ganaderos como Jaime Guardiola y Eduardo Miura; Carlos Urquijo y el presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, Carlos Núñez. También dos sagas de picadores de las que han hecho historia: los Cid y los Cruz.

La experiencia de Antonio Miura

Las vacas que se corrieron fueron del hierro de la casa anfitriona, Murube. La primera collera sorprende en el corredero. Tres caballistas. Amparaba Ignacio Sánchez Ibargüen a su hijo Ignacio, un joven al que ayer «dio la alternativa» su abuelo. Y el chaval demostró tener la misma destreza que el patriarca de la familia. Antonio Miura también mostró su experiencia en este arte del acoso y derribo en la segunda vaca, mientras que Ernesto Campos Peña, amparado por Luis Erquicia, volvió a dar una lección de cómo hay que «soltar».

Mañana entre claros y nubes y algo de aire. «Bueno, se hará lo que se pueda, peor sería estar en Bilbao con este viento a la hora de torear», señalaba Espartaco padre, quien volvió a dar una lección de pundonor, preparación física y, sobre todo, un «veneno» para torear que es envidiable. Antes de que bordase una media belmontina –estuvo en «Gómez Cardeña» siendo un chaval y Belmonte le aconsejó sobre la profesión–, Eduardo Cid da una lección magistral de cómo picar a campo abierto, citando de lejos, echando el palo y cogiendo arriba.

La verónica, a campo abierto

Espartaco padre haciendo embestir a las vacas con su poderío, y Morante cuajando el toreo a la verónica como si estuviese en la mismísima Maestranza soñando el toreo de esa media que aún no ha acabado. La sorpresa llega a última hora, cuando Juan Antonio Ruiz «Espartaco» se anima y también torea. Sigue estando en plena forma y tanto él como su padre y Morante ofrecen un repertorio para el recuerdo de los más 200 invitados que se dieron cita en «La Cobatilla».

Jornada para enmarcar pero, sobre todo, que sirvió para dejar constancia de la importancia de las faenas camperas, que lejos de perderse, se siguen conservando merced a ganaderos y toreros como los de ayer. Y el mejor homenaje que se podía tributar a uno de los grandes revolucionarios de los pilares del toreo: Juan Belmonte.