Toros

Faena muy chévere de David Mora en Manizales

Abre la puerta grande tras una sentida faena y a Luque le priva la presidencia de la salida a hombros

ROSARIO PÉREZ - Actualizado: Guardado en: Toros

La tarde se precipitaba al vacío como la carrera 26 del barrio manizalita de Linares. No habían dado el juego soñado los toros de La Carolina, propiedad del hermano de Álvaro Uribe. Hasta que apareció el quinto, bautizado como «Farruco», y se topó con David Mora, que cuajó una faena muy chévere, como dicen por estos lares. Bello y extenso fue el saludo capotero, pero lo realmente intenso llegaría en la muleta de un Mora que impulsó el in crescendo del toro. Manejó el tempo y la distancia de maravilla por ambos pitones. Y eso que por el izquierdo se calaba, pero Mora condujo la embestida con el temple y la técnica de Mauricio Duque, el Fernando Alonso de Colombia. La Monumental se puso literalmente boca abajo, extasiada con la obra del madrileño, cada vez más abandonado. No se cansaba de embestir «Farruco», y el público, totalmente extasiado, solicitó el indulto. No era para tal distinción, aunque el doctor Santiago Uribe también lo solicitara, y Mora agarró la espada.

Lástima que pinchara. No importó y con listeza trazó unas ceñidas manoletinas para enterrar luego la espada. Los tendidos se vistieron de blanco y se ganó dos merecidas orejas, mientras que «Farruco» era premiado con la vuelta al ruedo. Paseo que no pudo darse al ponerse «farruca» la yegua. También había prendido la mecha desde la bienvenida con una larga cambiada de rodillas al segundo. Mimo y suavidad eran la receta para un toro noble y de calidad pero que se apagó pronto. Demasiado. Recurrió a las cercanías y a los desplantes, aunque así era imposible aupar la emoción. Al cubo llegaría en el quinto...

No habían valido un peso los anteriores. No le importó a Daniel Luque, que aplicó el lema del éxito en el sosaína tercero: «Si no embiste el toro, embisto yo». A rajatabla lo siguió el de Gerena, que se comió literalmente al rival y se tiró a matar con fe hasta arrancar una oreja. El sevillano dejó un manojo de preciosas verónicas –de lo más lindo de la tarde- en el sexto, frente al que también estuvo por encima con pasajes de entusiasmo, como las luquesinas del broche pese a no ser rival idóneo para tal invento.

El «Modisto» primero no dio puntada sin hilo de peligro. Manso y pegando arreones, hizo pasar las de Caín a los banderilleros. Luis Bolívar comenzó con doblones por bajo para amasar la embestida. Aunque con tal material era misión imposible alcanzar la brillantez, estuvo por encima y le robó muletazos de buen porte por abajo, que era por donde lo quería este tardo y por momentos humillador «Modisto», al que despenó de mala manera. Salió a por todas con el enmorrillado cuarto, con el que erigió los oles desde las dos largas cambiadas de hinojos. «Diseñador», sin excesivas calidades, iba y venía a su manera, y Bolívar dio muletazos a granel, pero sin obligarle para que aguantase el motor del carolino, por lo que pese a la corrección y deseos la labor no quedará en el recuerdo. Las bernadinas calentaron al tendido, pero el uso del descabello enfrió los ánimos. A la próxima será...

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