Una imagen de «Por vos muero»
Una imagen de «Por vos muero» - Alba Muriel
CRÍTICA DE DANZA

La vuelta a casa de Nacho Duato

La Compañía Nacional de Danza presentó «Por vos muero», una coreografía del valenciano, que regresa al repertorio del conjunto después de ocho años

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Uno de los principales valores de una compañía de danza, sea cual sea su naturaleza, es su repertorio. Ese debe ser la base sobre la que se asiente su asentamiento y su crecimiento, que es lo que le otorga personalidad y diferencia con respecto a las demás compañías. Para ello sus directores han de sumar, y no restar, como tan a menudo ha ocurrido en las compañías públicas españolas, donde cada cambio de director suponía un cambio radical de rumbo.

Por eso es muy de agradecer el entendimiento que han tenido José Carlos Martínez, actual director de la Compañía Nacional de Danza, con el que fue su antecesor, Nacho Duato, que estuvo al frente del conjunto durante veinte años. Este período supone la mitad de la historia del conjunto, y por lo tanto puede imaginarse la importancia de lo que hizo (la balanza es claramente positiva) el coreógrafo valenciano en él a lo largo de dos décadas. Su cuando menos turbia salida de la CND supuso que, legítimamente, se llevase todas sus coreografías, privando a la compañía del tronco fundamental del repertorio. Había pues que empezar nuevamente prácticamente de cero.

La vuelta de Nacho Duato al repertorio de la CND es por tanto una noticia feliz, porque supone en cierto modo la «normalización» de relaciones y porque supone la reincorporación al repertorio de la compañia de un más que brillante creador. Su regreso además es con uno de sus más hermosos trabajos. «Por vos muero», sobre música española de los siglos XV y XVI y poemas de Garcilaso de la Vega. La coreografía, inspirada y musical, delicada y armónica, con pinceladas que evocan las danzas antiguas, resiste perfectamente el paso del tiempo (fue estrenada en 1996) y es una delicia para el espectador. No está mal rodeado el creador valenciano en esta velada, donde se puede ver también «Hikarizatto», una coreografía del israelí Itzik Galili, deudor de Forsythe, pero que plantea un enérgico y hermoso juego de espejos a través del trabajo con las luces; y «Gods and dogs», una tan reflexiva como cautivadora y sensible pieza de Jiri Kylián.