Jorge de León, en «La villana»
Jorge de León, en «La villana» - Javier del Real
CRÍTICA DE ZARZUELA

«La villana»: lo que el viento se llevó

El teatro de La Zarzuela recupera la obra de Amadeo Vives después de treinta y cuatro años ausente de los escenarios

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Guillermo Fernández-Shaw explica en sus memorias que «La villana» nunca se impuso como obra de repertorio, «pero es de las que merecen en su día, una revisión». El Teatro de la Zarzuela hace realidad el deseo volviendo sobre la obra treinta y tres años después de su última reposición en este escenario. El instinto teatral de Fernández-Shaw era indudable: «La villana» es una obra de arrestos, que pone de manifiesto la importante autoridad musical de Amadeo Vives y el buen hacer de sus libretistas, Federico Romero y el propio Fernández-Shaw.

«La villana»Música: Amadeo Vives. Libreto: Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Dirección de escena: Natalia Menéndez. Dirección musical: Miguel Ángel Gómez Martínez. Intérpretes: Nicola Beller Carbone / Maite Alberola, Ángel Ódena / César San Martín, Jorge De León / Andeka Gorrotxategi, Rubén Amoretti, Coro y Orcam. Lugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid. Fecha: 27 y 28 de enero de 2017.

Todo ello se aprecia ahora aun asumiendo la versión que construyen Natalia Menéndez y Miguel Ángel Gómez Martínez, lo que implica una adaptación teatral con inclusión del Lazarillo de Olmedo, además de la purga de varios números. Será para bien, deberían pensar los autores que ya antes del estreno, en 1927, decidieron diversos cortes con el fin de dar agilidad a una partitura que fomenta la siempre latente y siempre viejuna discusión sobre la calidad operística de determinadas zarzuelas.

Se proponen dos repartos diferentes. El primero se encarga, sin demasiado esfuerzo o quizá con mucho, de acentuar las importantes dificultades de la partitura y las carencias de una propuesta escénica que tiende a lo estático. Menéndez prefiere la elegancia del acabado y la escenificación del drama sentimental de fondo a las particularidades vitales. La geometría de la escena y los paneles frontales, fuerzan posiciones de grupo demasiado rígidas dando el relieve justo a las gentes del campo o al aséptico ejército. Ayudó poco el día el estreno, en el que tras un comienzo desastroso la compañía tardó «en encontrarse», culminando una representación sin beneficio. En el segundo cabe disfrutar de muy interesantes momentos culminantes. Maite Alberola da una calidez muy especial a la plegaria de Casilda. Ella misma participa en el estupendo dúo con Peribáñez, César San Martín, quien canta elegante y añade coraje en el «racconto» final ante el rey. Épica y expansiva es la actuación de Andeka Gorrotxategi, rematando su romanza del primer acto con voz noble y efusiva. Estupendo el coro y competente la realización de Gómez Martínez.