Verónica Echegui y Daniel Pérez
Verónica Echegui y Daniel Pérez - Vico Vang

Verónica Echegui regresa al teatro con «El amante», de Pinter

Nacho Aldeguer dirige la obra del premio Nobel británico

MadridActualizado:

Verónica Echegui debutó en el teatro hace doce años; lo hizo de la mano del añorado Tomaz Pandur, en el montaje de «Inferno» que presentó en el teatro María Guerrero el director esloveno. Desde entonces, la actriz madrileña no se había vuelto a subir a un escenario. «Después de “Inferno” me ofrecieron proyectos teatrales, pero al hacer “Yo soy la Juani“ me centré en el cine; al cabo de un tiempo me movilicé porque me apetecía mucho hacer teatro, pero hasta ahora no ha cuajado ningún proyecto».

Su vuelta es nada menos que de la mano del premio nobel Harold Pinter. Suyo es «El amante», que el teatro Pavón Kamikaze presenta en una producción adaptada y dirigida por Nacho Aldeguer, con dirección creativa de Álex García y un reparto que protagonizan Daniel Pérez y la propia Verónica. El espectáculo, explican sus responsables, es una experiencia gastro-escénica que incluye la degustación de un aperitivo y un cóctel creados por el chef Diego Guerrero.

Verónica Echegui conocía la obra. «Hice un seminario de dirección de actores y había elegido la última escena de “El amante” para trabajarla. Me interesa mucho lo que cuenta, o más bien lo que contiene, porque no hay que olvidar que es Pinter y resulta muy difícil descodificarlo. Es casi imposible no interpretarlo a tu manera, llevarlo a tu terreno para tratar de descodificar lo que el autor quería contar. Cuando la trabajé en aquel seminario ya comprobé lo difícil que era, pero cuando me ofrecieron participar en este montaje me pudieron las ganas. Pero soy consciente de lo complicada que es la obra»,

En vísperas de subirse al escenario, Verónica Echegui espera que hacer teatro sea como montar en bicicleta, algo que no se olvida. «No he pasado más nervios en toda mi vida que en “Inferno”; estaba rodeada de auténticos gigantes de la interpretación y era un gran reto. Pero yo tenía un monólogo, todo era muy físico... Era diferente. Aqui somos dos actores pim-pam-pim-pam durante una hora».

«El amante», añade, exige tanto un esfuerzo emocional como intelectual. «Creo que es mayor de todos modos el esfuerzo emocional; es una obra que solo se sostiene si hay algo interno muy potente. Si estamos conectado con el material no tiene nada que ver una función con otra. Pero nada, son totalmente diferentes. La obra obliga a los actores a estar en una tesitura, y si por lo que sea no estás en ella resulta imposible llevar la obra».

Pinter exige total implicación por parte de los autores. «Absoluta. Tiene tantas capas de acción interna que el actor corre el riesgo de perderse. Cada dos frases te encuentras con algo que nos decimos con doble o triple sentido, y si no estás concentrado en el lugar en el que está el personaje no llegas. Por eso es tan difícil».

La obra de Harold Pinter no es fácil de entender. «Sí, hay una parte que está ahí, que es más intuitiva quizás. En este caso, todos decidimos que íbamos a dar a la función una dirección completa, porque es un texto que se presta a perderse y no concretar. Por lo menos, sé lo que voy a contar; no sé si es lo que querría Pinter que se hubiera hecho con su obra, espero que sí. Pero teníamos dos opciones: o perdernos en el océano del autor o desentrañar lo que creíamos que estaba contando y darle un punto de vista concreto para que el público le llegue una historia concreta».

Y lo que se quiere contar, dice Verónica, es la historia de dos personas atrapadas en un sistema que ellos mismos han generado; han convertido una fantasía, fruto de un tabú sexual entre ellos, en parte de la realidad de la pareja. Y están en una ratonera, en un callejón sin salida, porque como no saben comunicarse. Si en la segunda escena en el primer acto esta pareja se hubieran hablado frontalmente, la obra se termina. La incomunicación, sumada a la dependencia que tienen el uno del otro, hace que no puedan salir de una situación en la que no dejan de dar vueltas y vueltas».