Ariana Bruguera, en una escena de la obra
Ariana Bruguera, en una escena de la obra - Javier Naval
CRÍTICA DE TEATRO

Venus: «Retorno al pasado»

Víctor Conde dirige en El Pavón teatro kamikaze su primer texto

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El pasado es un territorio movedizo que creemos conocer, una suma de presentes consumidos, vividos o soñados, que albergan las insospechadas semillas de los hoy futuros. En ese terreno incierto se instala «Venus», primera pieza escrita por el director Víctor Conde, que se presenta en El Pavón Teatro Kamikaze como un ejercicio de teatro de sentimientos. En su arranque parece una comedia de amores adolescentes confrontados con los desencantos de la treintena, un mapa de afectos que se entrecruzan rebozados en el tramposo almíbar de la nostalgia, pero el autor propone un viaje más arriesgado, una filigrana conceptual y sentimental en la que Jorge, el protagonista, regresa tras la muerte de su padre al bar que frecuentó en su juventud y allí vive distintos momentos temporales en el mismo espacio.

«Venus» (***)Autor y director: Víctor Conde. Dirección musical: Marc Álvarez. Escenografía y vestuario: Ana Garay. Iluminación: Juanjo Llorens. Intérpretes: Ariana Bruguera, Diego Garrido, Nuria Herrero, Antonio Hortelano y Carlos Serrano-Clark. El Pavón Teatro Kamikaze. Madrid

Una fantasía reflexiva que aborda el peso de lo que no se ha dicho ni hecho, y también el de los pasos emprendidos, y cómo eso ha afectado a las vidas posteriores, planteándose la posibilidad de segundos intentos en los que el ayer se mira con los ojos de hoy inmerso en un recorrido que visita diversos momentos de los años sesenta y de nuestros días. Pero el tiempo es una convención y hasta un espacio mental en el que los fantasmas se reencuentran con sus fantasmas en una sugerente perspectiva en la que se difuminan los límites de lo vivido y lo tal vez imaginado. Y todo eso encapsulado ese arte del instante que es el teatro, como otra pirueta más en un juego entre el espacio y el tiempo.

Un grupo musical llamado Venus, una madre muerta, el cine como parte de la vida, el vértigo de la dicha, las canciones imprescindibles, los adioses dolorosos, los amores no formulados… No quiero dar más detalles porque el espectáculo es también un reto para la inteligencia del espectador que va encajando piezas durante una función que el autor y director maneja con delicadeza, pulsando con habilidad los resortes de las emociones. El ambigú del Pavón Kamikaze conforma un espacio escénico ad hoc bien aprovechado por Ana Garay, que firma también el evocador vestuario. Antonio Hortelano es un equilibrado Jorge que se mueve en los tonos medios, mecido entre el arrebatador encanto de Ariana Bruguera, su antiguo amor, y la espontaneidad explosiva de Nuria Herrero, la decidida cantante del grupo. Diego Garrido y Carlos Serrano-Clark son los sensibles vértices de un triángulo instalado en el corazón secreto de la obra.