Los intérpretes de «La valentía»
Los intérpretes de «La valentía» - Javier Naval

«La valentía», una historia de fantasmas en una casa con autopista

Alfredo Sanzol, último premio Nacional de Literatura Dramática, presenta su nuevo trabajo en El Pavón Teatro Kamikaze

MadridActualizado:

Los caminos de la creación son inescrutables. Y un buen ejemplo es Alfredo Sanzol, que lo mismo busca en google las historias para sus textos que construye éstos sobre la frágil estructura del título. Esto es lo que ha ocurrido con «La valentía», el nuevo trabajo del útlimo premio Nacional de Literatura Dramática, que se estrena en El Pavón Teatro Kamikaze dirigida por el propio autor, y con un reparto que integran Jesús Barranco, Francesco Carril, Inma Cuevas, Font García, Natalia Huarte y Estefanía de los Santos. La escenografía y la iluminación -que tienen, asegura Sanzol, un gran protagonismo en la función- las firman, respectivamente, Fernando Sánchez Cabezudo y Pedro Yagüe. El vestuario es de Guadalupe Valero y la música original de Fernando Velázquez.

El propio Sanzol cuenta el proceso de creación de «La valentía». «En mi anterior montaje, “La ternura”, había un momento en el que hablaba de la valentía, y esa palabra me emocionaba y me removía. Así que decidí que mi siguiente texto se titularía “La valentía”».

Con esta decisión bajo el brazo, Sanzol buscó productor -«La zona»- y reparto -«me basé en intuiciones y en actores que me gustaban»-, y juntos comenzaron un taller centrado en el concepto de la valentía; lo único que tenía claro Sanzol que aparecía en la obra. De dichos talleres y de sus propios recuerdos -de chico pasaba las vacaciones en una casa al norte la provincia de Burgos a la que se situó cerca una autopista- apareció la historia. Dos hermanas, Trini y Guada, heredan la casa familiar; su inconveniente, que una autopista pasa a cinco metros de la puerta. La primera hermana quiere deshacerse de ella, mientras que la segunda quier quedarse. Trini decide contratar a los Hermanos Espectro, propietarios de una empresa que da sustos para echar a la gente de los sitios. Guada, por su parte, alquila una habitación en Airbnb. Sus primeros inquilinos son unos hermanos, que resultan ser los fantasmas de los antiguos propietarios de la casa. Los seis se juntan en ella un fin de semana.

Hasta aquí, dice Sanzol, la superficie, la anécdota. Pero el dramaturgo madrileño es, confiesa, «un autor dramático con aspiraciones filosóficas, de igal manera que hay muchos filósofos con aspiraciones cómicas», y su comedia -que es al tiempo «comedia de puertas y de fantasmas»- tiene un trasfondo que pone sobre la mesa «las paradojas esenciales del ser humano». Así, dice Sanzol, «la obra tiene que ver con la valentía que necesitamos para aceptar al otro, y sobre todo para aceptar los miedos del otro; para eso sí hace falta valentía. Como hace falta ser muy valiente para aceptar que uno no siempre tiene razón». «Y la obra -concluye el dramaturgo-, que es una historia de relaciones fraternales, tiene que ver también con el pasado, con las herencias que recibimos y que no siempre son lo que esperamos».

Madrid. El Pavón Teatro Kamikaze. Del 17 de mayo al 17 de junio.