Estefanía de los Santos e Inma Cuevas, en «La valentía»
Estefanía de los Santos e Inma Cuevas, en «La valentía» - Javier Naval
CRÍTICA DE TEATRO

«La valentía»: autopista hacia la felicidad

Se estrena en El Pavón Teatro Kamikaze el nuevo texto de Alfredo Sanzol, último premio Nacional de Literatura Dramática

Actualizado:

Alfredo Sanzol busca en su última obra el resguardo del machadiano sol de la infancia para indagar en el imaginario de los paraísos perdidos, el paso del tiempo y las relaciones fraternales. Al parecer, su abuela Luisa tenía una casa cerca de Briviesca (Burgos) junto a un monte y un río; la placidez arcádica se hizo añicos cuando se construyó una autopista a cinco metros de la edificación. En ese enclave sitúa la acción de «La valentía», formidable comedia de inspiración jardielesca en cuyo entramado de relaciones familiares también me parece advertir ecos del gran Eduardo de Filippo.

El Sanzol director cose su pieza con hilos de astracán furibundo y plantea una comedia gritada a la antigua, de ademanes marcados y con el punto de mira apuntando a la platea; una fórmula muy eficaz y aún más divertida. La casa en cuestión es propiedad de dos hermanas: Trini, que quiere vender el edificio, y Guada, que se quiere quedar a vivir en él. Para disuadirla, la primera contrata a unos especialistas en fantasmagorías, los Hermanos Spectrum, Clemen y Felipe, con el fin de que metan el miedo en el cuerpo a la asustadiza Guada. Otros dos hermanos, Martina y Martín, los fantasmas de los antepasados de las hermanas que construyeron la casa en el siglo XVIII, se suman al embrollo como hipotéticos turistas con el objetivo de impedir la venta.

Sanzol saca notable partido cómico a las situaciones que van planteando estas triples parejas fraternas, introduciendo descacharrantes guiños cinematográficos a «El resplandor», «Los cazafantasmas» y «Nosferatu», y anudándolo todo con pericia y algún remate menos fino de lo que en él es habitual. La escenografía de Sánchez-Cabezudo plantea un sutil juego de muros translúcidos cuyo movimiento ofrece sugerentes perspectivas de la casa y sus interiores. Las interpretaciones son la pera: Inma Cuevas (Trini) y Estefanía de los Santos (Guada) componen unas particulares y soberbias hermanas Gilda; Jesús Barranco y Font García son unos perfectos hermanos Malapata, y Natalia Huarte y Francesco del Carril encarnan respectivamente a una cautivadora Martina y un divinamente grotesco Martín. Una pregunta por contestar: ¿dónde está el bote de Cola-Cao con dos mil euros por el que las hermanas discuten en varias escenas?