Arturo Querejeta, en un momento de la función
Arturo Querejeta, en un momento de la función - Teatro de La Abadia
CRÍTICA DE TEATRO

«La ruta de Don Quijote»: el viaje entretenido

Eduardo Vasco dirige a Arturo Querejeta en la adaptación teatral del libro de Azorín

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Emprendió viaje a La Mancha Azorín (1873-1967) en 1905 para enhebrar en las crónicas que iba enviando a «El Imparcial» el pulso rural de la España de su tiempo y los rastros que adivinaba de la de Cervantes, siguiendo el rastro del Caballero de la Triste Figura al cumplirse el tercer centenario de la publicación de la primera parte del «Quijote». Salió desde Madrid en tren hacia Argamasilla de Alba y desde allí, durante quince días, pasajero de un carro conducido por un vecino de Alcázar de San Juan que había sido pastelero, visitó pueblos, anduvo por sus calles, conversó con quienes encontró y fue agavillándolo todo con su magnífica, precisa y penetrante prosa en los textos que enviaba al periódico y luego reunió en un libro.

«La ruta de Don Quijote» (***)Autor: Azorín. Versión y dirección: Eduardo Vasco. Ilustraciones en vídeo, escenografía y vestuario: Carolina González. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Técnico en escena: Daniel Santos. Intérprete: Arturo Querejeta. Teatro de la Abadía. Madrid.

De forma también magnífica, precisa y penetrante, Eduardo Vasco ha agavillado las crónicas del escritor alicantino en un hermoso espectáculo que recrea ese viaje narrado por un Arturo Querejeta transfigurado en José Martínez Ruiz. Fotos, proyecciones, un sencillo y eficaz aparato escenográfico y el talento del actor bastan para recrear gentes y lugares, los personajes populares y las fuerzas vivas de las localidades que recorrió Azorín. Un vívido retrato de aquella España en blanco y negro que salta con garbo de las páginas al escenario.