Gloria Muñoz y Nuria Mencía, en una escena de la obra
Gloria Muñoz y Nuria Mencía, en una escena de la obra - Javier Naval
CRÍTICA DE TEATRO

«La respiración»: el amor es solo aire

Se ha estrenado en el teatro de La Abadía la nueva obra de Alfredo Sanzol

MadridActualizado:

El amor es sólo aire y el aire sólo se deja respirar, asegura Alfredo Sanzol en una canción gozne entre realidad y ficción, los dos territorios por los que transita Nagore, protagonista de «La respiración». El amor puede hacerse líquido como propone Zygmunt Bauman al hablar de la fragilidad de los vínculos humanos, líquido para acomodarse a cualquier recipiente, como el vino con el que brindan los personajes de esta alegre comedia tristísima y como las lágrimas en las que «todos nos hemos ahogado», según asevera Maite, la madre de Nagore.

«La respiración»Texto y dirección: Alfredo Sanzol. Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar. Iluminación: Pedro Yagüe. Música: Fernando Velázquez. Intérpretes: Nuria Mencía, Gloria Muñoz, Camila Viyuela, Pau Durà, Pietro Olivera y Martiño Rivas. Teatro de la Abadía. Madrid

Sanzol ha revelado que esta obra romántica, dolorosa y balsámica es un exorcismo contra los fantasmas caníbales de su propia separación, y que la protagonista se llama Nagore porque ese era el nombre previsto por sus padres si él hubiera sido niña. Esa mujer de 43 años, que lleva un año de náufraga en su propia cama desde que su marido la dejó tras quince años de relación, es un alter ego del autor como lo son, él lo dice, el resto de los personajes.

Nagore bracea en las aguas negras de su soledad, con el recuerdo del esposo ausente como una quemadura de la que no puede prescindir ni desprenderse, y «La respiración» es la crónica de la cura de su alma malherida a través de una ficción sustentada por una forja de afectos y fantasías sexuales. Una crónica que comparte con el público al que convierte en cómplice. Maite es la llave que abre la cerradura de esa ficción en la que ella mantiene relaciones con tres hombres (Andoni, su profesor del yoga; Íñigo, el fisioterapeuta hermano de este, y Mikel, preparador físico e hijo del primero), una amable comunidad en la que ingresa Nagore casi a rastras y que completa Leire, novia de Mikel. Sanzol devana un mullido ovillo sentimental de cariños comunicantes al que se ata la protagonista para liberarse. «La ficción es el mejor entrenamiento para la realidad», afirma Maite.

Singular texto, lleno de rabia, optimismo, humor y dolor, que el propio autor dirige en clave de comedia perpleja. Nagore es el quicio que articula todo y a su ritmo ciclotímico y descoyuntado se acomoda una puesta en escena en la que la naturalidad es la salsa de lo extraordinario. Nuria Mencía hace emerger de forma admirable en su Nagore la incertidumbre, la desazón y el ansia de un personaje atrapado en su propio laberinto; Gloria Muñoz resuelve su Maite con pasmosa y desenvuelta humanidad; Camila Viyuela, una actriz que crece y crece, asume una deliciosa Leire; también crece lo suyo en cada nuevo envite Martiño Rivas, que compone un Mikel estupendo, como lo son el Andoni de Pietro Olivera y el Íñigo de Pau Durà.