Ester Bellver, en «Réquiem»
Ester Bellver, en «Réquiem» - ABC
CRÍTICA DE TEATRO

«Réquiem»: despedida

Ester Bellver presenta en el teatro Fernán Gómez un monólogo escrito, dirigido e interpretado por ella misma

Actualizado:

Qué bien combina Ester Bellver amor, humor y ternura para aproximarse paradójicamente al desconsuelo de una despedida. Durante las tres últimas semanas de la vida de su padre, le acompañó en el hospital y confiesa que a ambos se les «cayó la máscara de padre e hija» para mirarse frente a frente como seres humanos con una proximidad que no habían tenido hasta entonces. Luego, le tocó deshacer la casa paterna, sumergirse en los objetos del fallecido y, de alguna forma, redescubrirlo.

La actriz, directora y dramaturga, que ya se contó a sí misma en una joyita que tituló «protAgonizo», se adentra de nuevo en los territorios de la autoficción para devanar un adiós que es también un exorcismo contra los fantasmas de la tragedia, una íntima fiesta de la memoria y una celebración de la vida y sus pequeños rituales domésticos. Y lo hace en un monólogo que viste de sencillez y espontaneidad la hondura, utilizando una difícil simplicidad a flor de piel con la que atraviesa por episodios de gran crudeza y evoca momentos compartidos.

Un círculo acotado por perchas de madera es el espacio donde convoca la magia de la rememoración ayudada también por un acordeón y un galán de noche. Arropada por la iluminación cómplice de Juan Gómez-Cornejo, la actriz viste una falda formada por una catarata de chaquetas de hombre y recoge su pelo en una trenza anudada con corbatas para escribir su particular y emocionante carta al padre dirigida también a sí misma y al corazón de los espectadores.