Cultura - Teatros

«En la orilla»: cadáveres tras la crisis

Adolfo Fernández dirige en el Valle-Inclán una adaptación de la premiada novela de Rafael Chirbes

César Sarachu, Sonia Almarcha y Rafael Calatayud
César Sarachu, Sonia Almarcha y Rafael Calatayud - SERGIO PARRA
J. B. Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura Teatros

«No es teatro político; es teatro actual. Lo que nos preocupa es la realidad». Son palabras de Adolfo Fernández, adaptador, director y uno de los intérpretes de «En la orilla», adaptación escénica de la novela de Rafael Chirbes, que se estrena en el teatro Valle-Inclán dentro de la programación del Centro Dramático Nacional. La pasión por el novelista valenciano es el origen de este montaje. «Teníamos la necesidad de subirlo a la escena», confiesa Fernández. Le acompañan en el reparto Ángel Solo (que firma junto a él la adaptación), Sonia Almarcha, Marcial Álvarez, Rafael Calatayud, César Sarachu y Yoima Valdés.

«En la orilla» es una obra en la que Chirbes continuó el retrato de una sociedad corrupta y especuladora que comenzó en «Crematorio». El propio autor hablaba así de la obra: «¿Trata sobre la corrupción? No. ¿Sobre el crimen? No. ¿Sobre el suicidio? No. ¿De sexo? Tampoco. Al final, insistirán: “Pero ¿estaban enamorados o no?” Pues yo qué sé, contestaré. Si lo supiera, lo habría dicho. La literatura trata de la complejidad de la vida». Y complejo es también el lenguaje de Chirbes que Solo asegura que se ha querido respetar. «Hemos intentado no rebajar su lenguaje».

La corrupción

La crisis y la corrupción sobrevuelan indiscutiblemente sobre la obra. Lo reconoce Adolfo Fernández, que habla de la corrupción como «un elemento tóxico en la sociedad que solo se elimina denunciando con insistencia, como hicieron en su día las Madres de Mayo en Argentina. Pero en el montaje –añade– huimos de toda superioridad moral, de escudarnos en que la culpa de todo la tienen los políticos o los banqueros. Si a Trump le han votado 95 millones de estadounidenses, algo de culpa tendrán ellos de lo que haga su presidente. La culpa es nuestra, no de las multinacionales;puede haber unos pocos ignorantes, pero en general no lo somos. Igual de corruptos somos si seguimos votando a los que decimos que lo son. De hecho, en esta función no aparece ningún político; se habla de ellos, pero todos los personajes son del pueblo llano».

«Todos somos cómplices», apunta Rafael Calatayud. Y Yoima Valdés coincide con el director en que «esta función habla de la desesperanza. No tiene esperanza ninguna. Chirbes muestra en su novela los cadáveres que dejó la crisis económica».

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