Cultura - Teatros

El musical para niños que huye del estruendo y los insta a expresar sus sentimientos

El cantautor Ismael Serrano y la actriz Jimena Ruiz Echazú presentan «Oliverio y la tormenta» en el Teatro Kamikaze, un musical infantil que parte de la intención de obsequiar a la hija del matrimonio (Lila) y que también lo será, con toda seguridad, para todos los niños madrileños

La actriz Jimena Ruiz Echazú y el cantautor Ismael Serrano
La actriz Jimena Ruiz Echazú y el cantautor Ismael Serrano - ÁNGEL DE ANTONIO

No pensaron en un juguete, tampoco en un iPad para que vea los dibujitos y así se distraiga, «no moleste», «no chille» o «no se queje». Todo lo contrario. Apostaron por dar rienda suelta a todos esos sentimientos que, por costumbre, suelen reprimirse y que, en realidad, no hacen más que hablar de lo que un niño siente y no puede manifestar con palabras. Ese regalo ha tomado la forma de una obra de teatro.

El cantautor Ismael Serrano y la actriz Jimena Ruiz Echazú presentan a partir de mañana «Oliverio y la tormenta» en el Teatro Kamikaze (del 3 al 20 de junio), un musical infantil que parte de la intención de obsequiar a la hija del matrimonio (Lila) y que también lo será, con toda seguridad, para todos los niños madrileños. «Los niños cantarán y bailarán, por supuesto, pero el espectáculo también apela a la sensibilidad y a la imaginación. Por lo general, hay una tendencia en el espectáculo de niños a lo explosivo, al estímulo brutal, con un nivel de excitación muy alto. Queríamos hacer diferente. Hay una idea muy presente en la obra que es la de saber escuchar. Nos habla la lluvia, la naturaleza... Proponemos estimular los sentidos», asegura Ismael Serrano.

Oliverio es un ratón muy travieso que tiene la costumbre de robar calcetines. Es gracioso y muy tierno pero, al caer la noche y avecinarse la tormenta, empieza a sentir miedo. Por suerte, cuenta con su amiga Emma (interpretada por Jimena Ruiz Echazú) que le enseñará que siempre, con ayuda de la imaginación, el miedo se puede convertir en una oportunidad para pasarlo bien.

El espectáculo nace con tres canciones inéditas compuestas por Serrano para la obra y una versión de «La gota de rocío» de Silvio Rodríguez, todas interpretadas por la dulce voz de Echazú.

¿Cómo surge este proyecto?

Ismael Serrano: Fue idea de los dos, como un regalo a nuestra hija. Además, compartimos una pasión por el trabajo y eso se traducía en que la llevamos mucho a ver espectáculos infantiles. A mí hace tiempo que me rondaba la idea de escribir canciones para niños y bueno, Jimena ha trabajado mucho tiempo en espectáculos infantiles, sobre todo musicales y en una cena surgió la idea.

Jimena Ruiz: No fue un día concreto. Fue una idea que decantó de nuestra vida cotidiana como pareja y como padres de Lila (hija del matrimonio). En una cena decidimos darle forma a algo que veníamos con muchas ganas de hacer. Todo se fue dando solo. Cuando tuvimos el proyecto armado conocimos a Miguel del Arco (uno de los directores del Teatro Kamikaze) y como mi lema es: «El no ya lo tengo», le planteé por qué no hacer infantiles. Fue de esos proyectos que realmente tenían que salir.

¿Apostaron por el Kamikaze como teatro, aparte del sí de Miguel, por algo en particular?

I.S: Miguel es uno de los mejores directores de este país, nos parece un genio. Pero además, nos encanta este teatro. Lo conocíamos como público y nos gustó mucho. Es pequeñito, y cuando planteábamos qué formato utilizar para el espectáculo pensamos que esta podía ser una aproximación para niños que tienen su primer contacto con el teatro (a partir de dos años). El formato pequeño es el que facilitaba ese contacto que habíamos percibido cuando llevábamos a nuestra hija.

J.R: Éramos público del Kamikaze cuando tenían la productora, antes de que tuvieran el teatro y también después. Nos acercamos conmovidos por las obras que tienen y, a día de hoy, son referentes en este país. Así que es una alegría trabajar con gente tan talentosa y estar en una casa donde todos los proyectos respiran amor al arte y a la artesanía del teatro. Nosotros también concebimos la obra desde ese lugar, como un regalo para los niños que vengan a ver la obra. El regalo del arte en sí mismo, con toda su magia y su poesía.

¿Es una propuesta distinta a la oferta de espectáculos infantiles que se están haciendo en Madrid? ¿Es un ruptura?

I.S: Hemos visto cosas muy bonitas, otras que no lo son tanto. Sí hay una tendencia predominante al espectáculo explosivo, al estímulo brutal, con un nivel de excitación muy alto. También disfrutamos de la diversión, del baile y nuestra obra tiene estos elementos también. Pero además, queríamos hacer algo que apelara a la empatía, la sensibilidad...Hay una idea muy presente que es la de saber escuchar. Nos habla la lluvia, la naturaleza, queremos estimular los sentidos. Esto viene también de referencias compartidas. En mi caso, concretamente, la de Gloria Fuertes, que es un poeta con la que crecí o María Elena Walsh (poeta, música y dramaturga dedicada a los niños) que conecta desde otro lado con su tradición con el folclore.

Por otro lado, hay una tendencia a la que nos oponemos que es la de ofrecer siempre un lenguaje de adulto a los niños. Lo vemos en las películas infantiles, todo tiene que ser adulto para que este también lo pueda disfrutar. Y por esa pretensión parece que hay que renunciar al código con el que hablas con un niño. Y eso no es así. El padre puede disfrutar con chistes que no sean de adultos.

J.R: Nosotros proponemos lo contrario. Es un mundo suave, tranquilo, de ensoñación y calma. Se busca ese momento de comunión en el teatro. No solo busca alejarse del lenguaje de adulto sino que es un mundo ingenuo, por decirlo de alguna forma, muy sencillo, en el que se invita al adulto a formar parte. Lo que se logra así es que este termine conectándose con su infancia. Una infancia que poco tiene que ver con la que tienen los niños ahora. Ahora todo es más frenético, inmediato y esto nos lleva a proponer algo relacionado con nuestra infancia, que apela a otro tipo de sensibilidad.

I.S: De hecho, la obra invita a eso, a imaginar, hablamos también de los miedos: para ser un gran valiente hay que ser un miedoso. No creemos que haya que decirle al niño que no tenga miedo. Lo mismo cuando les exigen a los niños que no lloren. Y esto no es así. No pasa nada por tener miedos, todos los tenemos, no pasa nada por llorar...

En escena está Emma (Jimena Ruiz) y Oliveiro (un ratón). ¿Por qué elegisteis este formato?

J.R: Es una historia que escribió Ismael, que viene de su libro de cuentos: «La niña que hablaba con los árboles».

I.S: Oliverio es el niño que tiene los miedos y Emma es la adulta que invita al niño a ejercer como tal, por lo tanto, tiene su parte de niña también. Queríamos algo tranquilo, por eso pensamos solo en dos personajes en escena. Además, le dimos un punto imaginario. Tengo un chiste interno con mis hermanos de cuando éramos pequeños que era la de un personaje que hacía desaparecer las cosas. Siempre deseaparecían cosas, sobre todo chanclas y nos inventamos un personaje, que era el ladrón de chanclas. Con esta idea pensamos en un ratón, en este caso, que roba calcetines. En todas las casas hay uno de esos. Siempre falta el par.

¿Cuál es la relación de Emma con el ratón?

J.R: Es un amigo. Un día en casa de Emma aparece Oliverio y ella no lo sabe. No tienen relación de niños, pero Emma tampoco es adulta. Queríamos ahondar en una relación donde se le diera lugar a la empatía. Los adultos por característica o porque no tenemos tiempo, tendemos a quitarnos de encima lo que le pasa al otro. Que el de al lado tenga un miedo que yo no, hace que no lo entendamos y lo relativicemos. Emma siempre le pregunta qué pasa, por qué, y le plantea cómo hacer para estar mejor.

I.S: Tratamos de crear una relación de tú a tú. Emma no es la madre. Queremos evitar, por un lado, que se trate al niño como si fuera un tonto y por otro, la figura del adulto que se porta como niño y que lo termina caricaturizando. Los niños son inteligentes, exigentes, no tienen filtros y son cosas de las que debemos aprender.

J.R: La figura de los niños hay que respetarla. Cualquier situación es comparable a la de un adulto. Es decir, cuando se le dice a un niño: «Hay que compartir» y se le arrebata el juguete. ¿Por qué? Es como si a un adulto de golpe le quitaran el periódico o el móvil. Lo mismo cuando se les exige que les sonrían a la gente. ¿A los adultos se les pide eso?

¿Pero cómo llegar a ese equilibrio entre «hay que dejar hacer al niño» y que a su vez tenga límites?

I.S: Se trata de ejemplarizar. Los límites hay que ponerlo,s lógicamente. Cuando decimos que hay que comprender al niño siempre se dice que hay que ponerle límites. Parecen posiciones contrapuestas y no es así.

¿Cómo definiriais el espectáculo? Está muy presente la música, por tu presencia Ismael como músico, pero también hay mucho de literatura, la interpretación de Jimena...

I.S: Tiene proyecciones, relatos, cuentos, apuesta por los sentidos. Es un pequeño musical de 50 minutos y 4 canciones.

J.R: La música es muy protagonista y lógicamente la interpretación que va de la mano

¿La temática del miedo es la central para enviar el mensaje de que no hay que reprimir a los niños y de que este y otros sentimientos no son malos o se abordan otras temáticas también?

I.S: La idea es transmitir que no pasa nada si se siente miedo. Que no es un interruptor que se puede prender y apagar. Es un punto de partida el miedo a la tormenta y se usa como excusa para imaginar. Jimena aportó en el texto la idea de que aprender a entender situaciones difíciles como el miedo son oportunidades para darles la vuelta, para enfrentarte a ellas con la música, con el baile, cuestionar el miedo en vez de negarlo. La idea también es apelar a la imaginación. Emma sugiere todo el tiempo ese ejercicio de imaginación. Hacer con el miedo como se hace con una hoja de papel que se convierte en un avión, algo tangible que se convierte en otra cosa. Ir más allá, escuchar más allá del trueno.

¿Las letras que canta Jimena son todas tuyas Ismael?

I.S: Sí, salvo «La gota del rocío» de Silvio Rodríguez. Se me oye un poco pero no estoy arriba del escenario.

¿Tendremos a Jimena cantando en el escenario con Ismael algún idea?

I.S: Al revés, Ismael cantará con Jimena. Estuvimos tentandos de grabar algo juntos, pero al final no se dio, aunque no se descarta.

JR: Los proyectos artísticos no faltan en esta familia, así que todo es posible.

¿Hay cosas del libro recién publicado?

I.S.: Sí, claro hay relatos rescatados de ahí.

Jimena, ¿cómo te sentiste haciendo este espectáculo? Al margen de tu experiencia en este campo en Buenos Aires aquí en Madrid hiciste obras más para adultos. ¿Cómo fue esta experiencia?

J.R: Para mí es volver a casa. Yo empecé haciendo teatro musical para niños. Fue un entrenamiento brutal trabajar con público infantil porque los niños no tienen filtro y si tienen que hablar, hablan. El teatro lo que te da es la inmediatez de esa conexión del público, va de poro a poro y el infantil tiene el agregado de la frescura de los niños que te lo dicen todo y si se enganchan son muy agradecidos. Pero hay algo de ser el padre o madre de ese espectador infantil que en el momento en que ves que tu hijo se emociona en el teatro, hace que tengas a esos artistas siempre en tu corazón por haber hecho feliz a mi hija aunque sea un segundo.

¿Va más allá de un mero espectáculo? Parece que trasladáis un mensaje importante

I.S: La idea es pasárselo bien y que el niño cante y baile, pero sí hay un mensaje, un relato. Queremos contar algo y tiene que ver con la llamada a la empatía y a la sensibilidad. Es importante el teatro para los niños como experiencia compartida, es insustituible a cualquier propuesta que se pueda hacer por redes sociales, que también son bonitas. Pero el hecho de que el niño venga al teatro y comparta con otros niños es muy bonito.

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