Cultura - Teatros

«Mujer no reeducable» lleva a escena la historia de la periodista rusa Anna Politkóvskaya

Lluís Pasqual dirige un monólogo «urgente y necesario» que interpreta Miriam Iscla

Miriam Iscla, en «Mujer no reeducable»
Miriam Iscla, en «Mujer no reeducable» - David Ruano

El 7 de octubre de 2006 murió asesinada la periodista rusa Anna Politkóvskaya, célebre por sus feroces combates contra la guerra chechena. Justamente un año después, el 7 de octubre de 2007, se estrenó en Italia «Donna non reeducabile», una obra de Stefano Massini que recoge la historia de la combativa periodista. Lluís Pascual recibió la obra cuando estaba terminando de cuadrar la temporada del Teatre Lliure, y cuando la leyó decidió hacer los cambios necesarios para incluirla en la programación. «Es teatro urgente y necesario», justifica el director catalán. Esta es, indiscutiblemente, una obra política. «Escribir teatro con carga política es muy difícil por los cambios constantes de la sociedad -dice Pasqual-. Pero Massini, una de las voces más importantes del teatro europeo y actual director artístico del Píccolo de Milán, nos explica lo que hemos podido ver en la televisión y le añade el teatro; es decir, las emociones, y es entonces cuando la historia se cuenta de otra manera; sumando al relato lo que tiene la complejidad humana». El teatro político se ha humanizado».

Miriam Iscla encarna a Anna Politkóvskaya. «No pretendíamos que hiciera de ella», dice Pasqual. «Lluís no quería “teatralización” -añade la actriz-. Buscamos la mayor verdad posible, que yo me convirtiera en un instrumento para contar a esta mujer y a su historia. Massini quiere explicar el problema sin tomar partido, pero cada escena es una involucración en el problema checheno, y ya no puede salir, solo le queda seguir adelante. Y el compromiso de Anna llegó hasta el final». «Lo que describe en la obra -concluye Pasqual- no ha dejado de ocurrir. Diez años después no ha cambiado nada».

«Mujer no reeducable» recoge la historia de Anna Politkóvskaya desde su llegada a Chechenia hasta su muerte, que narra ella misma. «Todo está perfectamente documentado -cuenta Pasqual-; son hechos históricos que Massini cose muy bien y a los que les da incluso una pincelada de lirismo. Es casi un texto en verso, tiene las frases cortadas. Es una partitura».

«La verdad hay que decirla cueste lo que cueste -continúa el director-; y también hay que escucharla». Y reflexiona: «el teatro se ha convertido, en esta sociedad, en casi un refugio antropológico para reconocer el silencio. En el teatro se produce el silencio, se produce la escucha, se escuchan las razones de los demás, y eso produce cierta paz».

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