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«Madama Butterfly»: Teatro de la primera a la última nota

El Teatro Real recupera su producción de 2002 de la ópera de Puccini

El Teatro Real recupera su producción de 2002 de la ópera de Puccini
El Teatro Real recupera su producción de 2002 de la ópera de Puccini - Javier de Real

Emoción fue la palabra más pronunciada ayer durante la presentación de «Madama Butterfly», la última producción de la temporada del Teatro Real (se cerrará con la versión en concierto de «Macbeth», de Verdi, con Plácido Domingo como protagonista). La ópera de Giacomo Puccini, uno de los títulos más populares del repertorio operístico, se ofrecerá en un conocido montaje, el que firmó Mario Gas en 2002 –se repuso por vez primera en 2007–, y que es ya, según dijo Joan Matabosch, director artístico del Real, «patrimonio de este teatro». Ezio Frigerio y Franca Squarcipino, dos de los más ilustres nombres de la escena internacional, firman respectivamente la escenografía y los figurines de la producción, que se ambienta en el rodaje, en los primeros tiempos del cine sonoro, de una película sobre la ópera de Puccini.

La dirección musical de la producción es de un gran especialista en el repertorio pucciniano, el italiano Marco Armilliato. Y el doble reparto incluye, en los principales papeles, a Ermonela Jaho y Hui He como Cio-Cio-San; Jorge de León, Andrea Caré y Vincenzo Constanzo como Pinkerton; Enkelejda Shkosa y Gemma Coma-Alabert como Suzuki; y Ángel Ódena, Vladimir Stoyanov y Luis Cansino como Sharpless.

Estrenada en febrero de 1904 en la Scala de Milán, «Madama Butterfly» llegó a España apenas tres años y medio después, en noviembre de 1907. La cantó la misma soprano que la estrenó en Milán, Rosina Storchio, y los figurines los hizo Joaquín Xaudaró, uno de los grandes ilustradores de la revista Blanco y Negro. La ópera está basada en una obra de teatro homónima de David Belasco, que a su vez se había inspirado en un relato de John Luther-Long. Flota sobre ella la chinoiserie, la visión que de lo oriental se tenía en Europa en el siglo XIX. Acerca de ello, el Museo Thyssen ha organizado una exposición titulada «Madama Butterfly y la atracción por Japón», abierta hasta el 27 de agosto. La exposición, según sus responsables, «pone de relieve la fascinación por Japón que recorrió Occidente en el último tercio del siglo XIX», reflejada a través de pinturas, carteles, estampas, porcelanas, fotografías, complementos de moda y libretos teatrales procedentes de distintos centros, entre ellos el Museo ABC.

Un clásico

Pero «Madama Butterfly» se convierte, en manos de Puccini, en otra cosa y trasciende esa visión, asegura Mario Gas. El compositor de Luca escribió aquí una de sus mejores partituras. «Ha conseguido viajar por encima del tiempo y se ha convertido en un clásico. Yo soy pucciniano desde mi más tierna infancia», dice el director de escena.

Y si hay algo que caracterice la música de Puccini es su dramatismo. Lo dice la soprano Ermonela Jaho, una de sus protagonistas: «Su música es teatro desde la primera hasta la última nota. Sus personajes están llenos de colores, de contrastes, abarcan 360 grados». Incide en ello Mario Gas: «La ópera es teatro, lo esencial es contar una historia, con un sustantivo especial que es la música».

«Madama Butterfly», la última producción de la temporada del Teatro Real
«Madama Butterfly», la última producción de la temporada del Teatro Real- Javier de Real

Y si algo define singularmente la música de Puccini es la emoción, omnipresente en esta tragedia de amor que es «Madama Butterfly», que cuenta la historia de Cio-Cio-San, una joven japonesa a la que toma por esposa, sin conocerla, un oficial de la marina de los Estados Unidos, B. F. Pinkerton, que al poco de casarse la abandona para volver a su país. Esa emoción es al tiempo la baza principal de la ópera y su gran peligro. «Un exceso de pasión lleva al emborronamiento –dice Mario Gas–, pero una ausencia de esa pasión lleva a la frialdad». «Vivimos de las emociones –apunta Marco Armilliato–. Corremos el peligro de pasarnos. A los protagonistas hay momentos en que la emoción les dificulta cantar». Asiente Jorge de León, uno de los intérpretes de Pinkerton –el personaje «antipático» de la obra–, que confiesa que mientras está entre cajas esperando entrar para cerrar la ópera con las últimas frases –«Butterfly! Butterfly!», grita– le resulta muy difícil «no tener un nudo en la garganta» mientras escucha el último aria de la protagonista.

En este aria, dice Ermonela Jaho, «hay que desgarrarse. Puccini tortura a las cantantes, no se puede perder la tensión en ningún momento». Y añade la soprano albanesa: «Me preparo el papel como una estratega, para poder combinar la emoción con la técnica. Los espectadores notan cuando un artista es sincero o falso sobre un escenario. No se puede engañar al público. Y éste no busca una voz perfecta, sino una artista que sepa transmitir la desesperación del personaje». Un personaje, añade, que es un reto, y un viaje, cómo no, por sus emociones.

Ficha:

-Teatro Real (Plaza de Isabel II, s/n). Director musical: Marco Armilliato. Director de escena: Mario Gas. Coro y Orquesta: Titulares del Teatro Real.

-Días 27, 28 y 30 de junio, y 1, 3, 4, 6, 7, 9, 12, 13, 15, 16, 19, 20 y 21 de julio.

-www.teatro-real.com

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