Joaquín Cortés - Belén Díaz / Video: Rodrigo Muñoz Beltrán

Joaquín Cortés: «Si las teles solo dan deporte, es imposible que un niño quiera ser bailarín»

El bailaor cordobés presenta en Madrid y Barcelona su nuevo espectáculo, «Esencia»

MadridActualizado:

Llega Joaquín Cortés (Córdoba, 1969) a la entrevista con ABC provisto de sombrero. El tocado, puesto en su cabeza, recuerda a la imagen que verán los amantes de su arte durante los próximos días. Porque Cortés vuelve a Madrid. Y vuelve a Barcelona. A las dos primeras ciudades españolas les toca reencontrarse con el número uno de la danza española y el flamenco que destapará su tarro de «Esencia», un espectáculo que abrirá en canal aquello que atesora el niño que fue a luchar por sus sueños hasta convertirse hoy en lo que es, una figura internacional.

El próximo jueves Barcelona le acoge en su Teatro Tívoli y casi un mes después le veremos aquí, en Madrid, en el Rialto. ¿Este espectáculo es para sus fieles de toda la vida o abre la puerta a nuevas generaciones?

Como reza su nombre, es mi «esencia», la que le debía a mi público, que quiero que llegue a mi gente de siempre, fiel como ninguna, pero también a esas nuevas generaciones a modo de regalo. Cuando uno lleva 36 años sobre el escenario, llega un momento para un creativo que puede permitirse este lujo de hacer un espectáculo de esencia, es decir, de Cortés.

¿Para un artista es muy diferente el público de Madrid y Barcelona?

Son dos públicos fantásticos. Ya no hay muchas diferencias. Hace muchos años algunos hablaban de que Barcelona era una capital más vanguardista, más europea, si quiere.. Pero ahora se han igualado mucho y yo me siento muy feliz, tremendamente feliz, con un público tan entregado en ambos casos.

Los grandes de la cultura en España respiran por una herida: las instituciones no apoyan las artes, la creatividad… ¿Está usted entre ellos?

Por supuesto. Los políticos no apoyan la cultura como deberían hacerlo. Mire el IVA cultural que, aunque está previsto que se rebaje en los espectáculos en vivo, todavía no se ha bajado. Es urgentísimo. Las instituciones y los políticos no apoyan a los que representamos a nuestra cultura por el mundo.

Aunque ha sido distinguido con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, ¿encuentra alguna razón para que no le hayan dado el Premio Nacional de Danza?

No me lo han dado, es verdad. Y eso que «Pasión Gitana» ha sido la obra española más vista en el mundo. A mí lo que me preocupa es que no se apoye a los artistas que sí hacen Marca España por el mundo. Me preocupa mucho. ¿Y sabe en qué repercute luego eso? En que al no haber apoyo, hemos dejado de tener maestros, referentes en quien mirarnos.

¿Quiere decir que los jóvenes que quieran dedicarse a la danza y al flamenco lo tienen ahora más difícil que cuando usted empezó hace más de treinta años?

Exacto. Lo que veo ahora es que hay bailarines frustrados que, en algunos casos, se han recolocado como profesores mediocres. Es imposible que salga un nuevo Antonio el Bailarín, ni un Antonio Gades, que se conviertan en mitos. Solo veo que, en los medios de comunicación y muy fundamentalmente en las televisiones, únicamente se apoya el deporte, con retransmisiones a todas horas. Así que es imposible que un niño quiera ser bailarín; prefiere ser futbolista, claro. Ya no hay coreógrafos en los que mirarse.

Usted que se pasea por las cuatro esquinas del mundo, ¿ve un panorama distintos en otros países?

Por supuesto. En Estados Unidos, o incluso en Francia, que la tenemos ahí mismo, en Gran Bretaña… apoyan a las compañias, a la creatividad, a los bailarines como una fuente de orgullo para todos. Aquí no.

¿Qué le dice por ejemplo su amiga Jennifer Lopez de que hace ocho años la Unesco le reconociera su legado artísitico como Patrimonio Universal de la Humanidad, antes de que esa distinción le fuera otorgada al propio arte flamenco, y en España casi no tuviera repercusión?

Bueno, ella, como otras estrellas internacionales, sí son arropados en sus países. Pero yo me siento muy querido por la gente, aunque las instituciones no respondan. Yo, desde que mi madre me pusiera un barreño cuando tenía diez años con agua caliente con sal y vinagre para consolarme tras bailar durante doce horas, solo he sentido el cariño del público hasta este momento…

Y si es difícil para usted, que está en la cúspide, entiendo que más para los que no tienen su potencia ni pueden producirse ellos…

Claro. Yo me produzco aquí en España y fuera produzco también a otros artistas. Y lo seguiré haciendo. En «Esencia» somos 40 personas de equipo total, más diez de apoyo fuera del teatro. A mi cargo hay 12 bailarines y 19 músicos. Es decir, 31 contándome a mí sobre el escenario. Eso es un lujo para que el espectador reciba calidad y emoción que yo quiero mantener.

¿Es usted además de bailarín, el jefe de todos ellos, el coordinador, el psicólogo tal vez?

Bueno, hay que serlo todo, pero merece la pena. Al final, lo que ven los espectadores es lo mejor de ese trabajo. Desde que concibo la música con Antonio y Pepe Carbonell, hasta que construirmos el espectáculo, es un tiempo apasionante.

Además de usted, ¿qué otro artista español señalaría usted como icono del arte español en el mundo?

Julio Iglesias y yo.

¿Y por qué no ha actuado nunca en el Teatro Real, si ha pisado el Royal Albert Hall de Londres, el Luna Park de Argentina, el Tokio Forum de Japón, el Radio City Music Hall de Nueva York, la Arena de Verona..?

Pues esto es un ejemplo más de lo que antes le decía. En otros países eso sería impensable. Pero me lo tiene que ofrecer el Teatro Real a mí. Y nunca lo ha hecho.

Amigo de diseñadores como Armani o Gaultier y con sus pinitos en el cine de Almodóvar o Saura, ¿se ve en un futuro dedicado a una u otra actividad?

Yo no me veo dejando la danza hasta dentro de mucho tiempo. Cuando eso suceda, y el paso del tiempo no me deje seguir, continuaré ligado al arte, en una u otra actividad porque no me veo nunca ajeno a este mundo que tanto amo. De hecho ahora tengo proyectos con el cine independiente americano.