Israel Elejalde
Israel Elejalde - Vanessa Rabade

Israel Elejalde: «Me gusta el teatro popular»

El actor dirige «Idiota», de Jordi Casanovas, con el que abre sus puertas de nuevo el teatro Pavón, gestionado por Kamikaze

MadridActualizado:

Desde hace unos años, el vocabulario teatral madrileño se ha enriquecido con una nueva palabra: kamikaze, a la que se podría definir, con dos acepciones, más o menos asi: «1.- Compañía liderada por Miguel del Arco que ha revolucionado la escena con montajes contemporáneos y de calidad que despiertan gran expectación y alborozo entre el público teatrero. / 2.-Miembro de dicha compañía». E Israel Elejalde es un kamikaze; el actor es una suerte de «escudero artístico» de Miguel del Arco, y ha participado en los montajes emblemáticos de la compañía, desde su fundacional «La función por hacer» hasta el muy comentado «Hamlet». Y desde hace apenas unas semanas, Elejalde es uno de los responsables de El Pavón Teatro Kamikaze (junto al propio Del Arco, a Aitor Tejada y a Jordi Buxó). «Miguel y yo -cuenta-nos ocupamos de la parte artística, y Aitor y Jordi llevan la gestión del teatro; pero los cuatro colaboramos en todo».

El Pavón -hasta la temporada pasada, sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y cerrado desde hace algo más de un año- abre su andadura mañana (aunque el estreno oficial es el 8 de septiembre) con «Idiota», una obra de Jordi Casanovas dirigida por el propio Israel Elejalde e interpretada por Gonzalo de Castro y Elisabet Gelabert. «Idiota» se estrenó en Barcelona el pasado año. «Fue un gran éxito allí; ahora se estrena en México, y Daniel Veronese la va a presentar en Argentina», cuenta el actor.

Dirección

Israel Elejalde quería volver a dirigir tras su experiencia con «Sótano», de Benet i Jornet, y encontró en el texto de Casanovas el vehículo perfecto. «Quería adentrarme en el terreno de la comedia; no he tenido, como actor, muchas oportunidades de hacerlo. Ésta es una comedia extraña, y sentí que me venía bien; a mí me gusta el mundo macabro y que el género no esté demasiado claro... Esto es un poco “Idiota”, que empieza de una manera hilarante que poco a poco se va transformando, casi sin duarse cuenta, en un “thriller” angustioso. Ese viaje, esa transformación de la atmósfera, me interesaba mucho».

«Idiota», sigue Elejalde, «es una obra que dialoga con el público en distintos niveles. Puede ser un puro divertimento que funciona muy bien, pero tiene debajo una serie de capas con mucho poso; y querer o no desentrañarlas ya es cuestión del público. A mí me gusta mucho el teatro popular, lo que hacían los clásicos: teatro para todo tipo de gente, en el que cada uno elige hasta dónde quiere rascar».

Decidido el texto, Elejalde se encontraba con una dificultad añadida «Necesitaba dos muy buenos actores; las obras de dos pueden ser un mecano perfecto, pero para ellos son un “tour de force”; y el problema era encontrarlos. Actores hay, pero se los rifan... Gonzalo de Castro era el primero en mi lista, y tuve la suerte de que dije que sí. Después pensé en Elisabet, me dijo también que sí, y empezamos a andar».

Pavón

Y con «Idiota» levanta el telón El Pavón. «Da mucho vértigo -confiesa Elejalde-. En arte siempre hay incertidumbre, pero aquí se multiplica a niveles estratosféricos. Pensamos que va a salir muy bien, porque si no no lo haríamos, pero sabemos que las dificultades son máximas. No sabemos si el público va a venir y no tenemos ninguna ayuda pública. Nuestra intención es además hacer espectáculos de calidad, con factura de Centro Dramático Nacional. El riesgo es grande».

¿Hay un sello kamikaze? «Sí, lo hay. O al menos eso pretendemos. Apostamos por un teatro de actor, de palabra, de buenas interpretaciones. Un teatro que, sea el texto que sea, clásico o contemporáneo, hable al público de hoy. Nos interesa mucho dialogar con los espectadores, que se sientan cercanos. Y también hay un sello en nuestro intento de formar familia con la gente que trabaja con nosotros; de crear lazos no solamente con los actores, sino también con los técnicos... Son fundamentales para nosotros y tienen tanta voz y voto como nosotros».

El público es, finalmente, el objeto de deseo de la familia kamikaze. «Hemos hecho hincapié -no solo nosotros; mucha gente también- en tener una relación con nuestros espectadores, en hablar con ellos; nos gusta preocuparnos por ellos. Tirarnos al barro».