Imanol Arias, ayer martes en los Teatros del Canal
Imanol Arias, ayer martes en los Teatros del Canal - Efe

Imanol Arias: «Con los últimos palos me dieron ganas de morirme, pero no supe»

El actor vuelve a los escenarios, tras veinticuatro años de ausencia, con «La vida a palos», de su amigo Pedro Atienza

MadridActualizado:

«La vida me ha llevado por ahí». Con esta frase explica Imanol Arias su ausencia de casi un cuarto de siglo de los escenarios. Se subió a las tablas en Buenos Aires en 1994 interpretando «Calígula», de Albert Camus, y desde entonces ha habitado únicamente los platós televisivos y cinematográficos. Le devuelve a la escena un proyecto muy personal. «la herencia de un amigo». Se trata de «La vida a palos» un texto de Pedro Atienza, al que ha dado forma teatral José Manuel Mora, y que dirige Carlota Ferrer. El montaje, producido por el argentino Lino Patalano, se estrenará en Bilbao el 28 de junio próximo; se presentará después en los Teatros del Canal de Madrid (del 4 al 22 de julio) y se embarcará en una gira que le llevará a Uruguay, Argentina y Chile, antes de regresar, en octubre, a nuestro país, concretamente a Barcelona. Estaba previsto que junto a Imanol Arias actuara su hijo Jon, pero un ambicioso proyecto audiovisual se ha cruzado por en medio y será otro actor -todavía no determinado- quien acompañe al veterano intérprete.

Pedro Atienza (1955 -2014) e Imanol Arias eran amigos. No creía el actor, confiesa, que el periodista fallecido le considerara tan buen amigo suyo. «Para mí era más un compañero con el que hacer entuertos y tratar de deshacerlos después; y esra también un admirador. He sido consciente de esta amistad mucho tiempo después».

Todavía en vida, Pedro Atienza le entregó a Imanol Arias un texto. «No sabía bien qué era; quizás un relato oral de fragmentos de vida, que nace de la tradición de la picaresca española, y con un aroma flamenco» -los palos son los de este arte y los que te da la vida-. Le preguntó el actor qué quería que hiciera con el texto, y Atienza le contestó: «Tienes que hacer teatro». Arias confiesa que entonces no le hizo caso, y que incluso, ante la insistencia del autor, dejó durante una época de contestarle el teléfono. «Él sentía que tenía que dejar algo a los suyos; este texto eran pedazos de vidam y Pedro creía que a mí se me daba bien contar vidas», dice el actor.

Pedro Atienza murió, y dejó a Imanol Arias «La vida a palos» como herencia. «No sabía qué hacer», confiesa, que se puso en manos de Carlota Ferrer y de José Manuel Mora. «Necesitaba rodearme de artistas. Hacer teatro no es como montar en bicicleta, que no se olvida nunca. Hay mecanismos que hay que volver a aprender. La memoria, por ejemplo, que es una práctica, y que se talla en piedra, como las estatuas de los presidentes de Estados Unidos en el Monte Rushmore».

También Imanol Arias ha recibido duros «palos» recientemente -tuvo que pagar paga 4,9 millones de euros a Hacienda para evitar ir a prisión-. Pasa de puntillas sobre el asunto pero deja una frase lapidaria. «Con los últimos palos me dieron ganas de morirme, pero no supe. No sé morirme debiendo», concluye, parafraseando a Sócrates.

«La vida a palos» no es, dice Imanol Arias, un texto autobiográfico, «sino multiautobiográfico; hay muchas vidas en esa vida. Son pedazos cosidos por los palos del flamenco y marcados por una frase del propio Pedro, que decía que vino al mundo ya con el rumbo errado. Pedro vivía por y para la palabra, pero con una gran experiencia vital». La obra, añade, tiene que ver con la herencia, con la relación paterno-filial». José Manuel Mora apunta que Atienza era un «orfebre de la palabra además de un recolector de momentos, de fragmentos de vida. Faltaba coserlos, y esa ha sido mi labor. Pedro se rompía en cada frase, y yo he tratado de reconstruirlas». El hilo con que ha cosido el texto ha sido el lenguaje flamenco; «la obra habla de las deudas del pasado, de ese legado emocional que dejamos».