CRÍTICA DE TEATRO

«Fuenteovejuna»: la gota que colma el vaso

Javier Hernández-Simón dirige la obra maestra de Lope de Vega a la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico

Pablo Béjar y Paula Iwasaki, en una escena de «Fuenteovejuna»
Pablo Béjar y Paula Iwasaki, en una escena de «Fuenteovejuna» - MarcosGPunto
JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN - Actualizado: Guardado en: Cultura Teatros

Lope de Vega escribió en torno a 1612 esta gran pieza que puede ser interpretada tanto como elogio del tiranicidio, encomio de la revolución popular o alegato a favor del orden establecido por la monarquía, o todo ello a la vez. «Fuenteovejuna» se asume en cada época con aires nuevos, plena de nervio dramático y equilibrio entre lo épico y lo lírico, lo culto y lo popular. El levantamiento en 1476 de los vecinos de la localidad cordobesa de Fuente Obejuna contra el comendador de la orden de Calatrava lo contextualiza Lope en el reajuste posfeudal de las estructuras de poder a comienzos del reinado de los Reyes Católicos, representantes de la nueva realeza cohesionadora de la unidad nacional y quienes en la obra restablecen la paz y la justicia. Aunque hay otros enfoques: García Lorca rebanó de su versión la escena final y dejó Fuenteovejuna convertida en cantón insurgente, subrayando lo en el texto hay de exaltación de la venganza social, la justicia popular y la solidaridad.

«Fuenteovejuna» (****)Autor: Lope de Vega. Versión: Alberto Conejero. Dirección: Javier Hernández-Simón. Escenografía: Bengoa Vázquez. Iluminación: David Hortelano. Vestuario: Beatriz Robledo. Intérpretes: Jacobo Dicenta, Paula Iwasaki, Carlos Serrano, Pablo Béjar, Marçal Bayona, Loreto Mauleón, Daniel Alonso de Santos, Aleix Melé, Raquel Varela y Miguel Ángel Amor, entre otros. Teatro de la Comedia. Madrid.
En su soberbia versión, Alberto Conejero, confeso apasionado del teatro de Lope, no enmienda al autor, aunque introduce elementos que matizan la pleitesía ante los Reyes Católicos, ordenantes, al fin y al cabo, de la investigación de la muerte del comendador y las consiguientes torturas. Además, se hace hincapié en el mirar general hacia otro lado cuando el malvado abusa de cuantas mujeres le viene en gana hasta que la violación de Laurencia, hermana del alcalde, colma el vaso de la paciencia de los vecinos. Según me aclara Conejero, ha escrito romances y redondillas para Mengo y Jacinta, y utilizado fragmentos de otras obras de Lope, «El alcalde mayor» y «El mejor alcalde, el Rey».

Todo es orgánico y tiene sentido en la magnífica puesta en escena de Javier Hernández-Simón, que trabaja muy bien los contrapesos entre lo individual y lo colectivo, bien secundado por el entusiasmo y la calidad de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, reforzada por la presencia poderosa y proterva de Jacobo Dicenta, que compone un formidable comendador. Estupendos el Mengo de Carlos Serrano, el Flores de Marçal Bayona, la Laurencia de Paula Iwasaki y la Jacinta de Loreto Mauleón, en sintonía con el gran trabajo general.

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