Coches de caballos ante el Paroticum, en Berlín
Coches de caballos ante el Paroticum, en Berlín - ABC

¿Cuál es el origen de la expresión «mucha mierda» para desear suerte en el teatro?

Existen dos teorías que explican la procedendia de tan escatológica frase

MadridActualizado:

Nadie desea buena suerte en un teatro; da mala suerte. En su lugar se utiliza otras expresiones como «Toi toi toi», «Hals und Beinbruch!» (en alemán: ¡Rómpete el cuello y la pierna!), «Break a leg!» (en inglés: ¡Rómpete una pierna!), «In bocca al lupo» (en italiano: En la boca del lobo, empleada sobre todo en el mundo de la ópera),

Pero la forma de desear suerte en el mundo de la escena más llamativa -y más empleada- es una expresión escatológica con una larga tradición: «Mucha mierda».

Existen varias teorías sobre el origen de la expresión, y ninguna se pone de acuerdo tampoco sobre la época y el lugar en que se empezó a utilizar. La que tiene más visos de realidad es la que la remonta a los siglos XVII y XVIII, cuando las clases más adineradas acudían al teatro en coches de caballos. Cuanto mayor era la presencia de equinos -que no se recataban en vaciar sus intestinos mientras aguardaban a que sus amos terminaran de ver la función-, mayor era también el número de espectadores con posibles, que eran los que, al arrojar como era costumbre monedas al escenario según le gustara más o menos la obra, incrementaban el beneficio de actores y empresario. En definitiva, a mayor número de excrementos de caballo mayor recaudación.

La segunda teoría que algunos defienden se remonta a la Edad Media. En aquella época el teatro era itinerante; los artistas viajaban de pueblo en pueblo (por aquel entonces la higiene no era una de las prioridades del ser humano) y ver mucho estiércol en la entrada de las poblaciones significaba que seguramente se celebraba algún evento -feria o mercado- que reunía allí a mucha gente.

La costumbre está tan extendida que incluso se recoge en la comedia musical «Los productores», que incluye una canción en que se le explica al novato Leo Bloom lo pernicioso que puede ser desear buena suerte en el teatro: