Bárbara Lennie e Israel Elejalde, en una escena de la obra
Bárbara Lennie e Israel Elejalde, en una escena de la obra - JOSEP AZNAR

«La clausura del amor»: combate desnudo para pareja rota

Bárbara Lennie e Israel Elejalde interpretan en los teatros del Canal una dura obra de Pascal Rambert

MadridActualizado:

«Es un exabrupto de una hora y la respuesta a ese exabrupto». Así define Israel Elejalde «La clausura del amor», la pieza de Pascal Rambert que el actor interpreta junto a Bárbara Lennie, y que podrá verse en los teatros del Canal, dentro del Festival de Otoño a Primavera, del 11 al 15 de noviembre. La obra, un combate desnudo de una pareja rota, se estrenó hace en el prestigioso Festival de Aviñón de 2011.

El texto, que Elejalde define como «muy poético, nada realista, más cercano al universo de Koltés», no fue lo que más convenció a los dos actores para emprender la aventura. «Nos atrajo lo que emana de él, porque es una radiografía perfecta del dolor profundo que el ser humano siente en el momento de la ruptura de una pareja. Rambert lo define de una manera brutal, diría que sanguinaria en algún momento, pero muy real; consigue poner en palabras esos sentimientos que llevamos dentro y no sabemos definir... Es un puñetazo», concluye.

El propio estilo de la función, igualmente nada realista y, en algún momento, metateatral, atrajo a los dos actores: «La función empieza arriba, y exige estar al cien por cien física y emocionalmente; hay algo telúrico en ella, y es un tipo de teatro de vanguardia que no habíamos hecho Bárbara ni yo. Nos apetecía explorar ese territorio».

«La clausura del amor» se estructura en dos monólogos de una hora. «Hay un personaje que habla y otro que escucha y reacciona físicamente: llora, se cae, se agacha... El cuerpo habla y expresa su derrumbe; es algo que le interesa mucho a Pascal. Es una mezcla entre un combate y un juicio».

«En la obra -dice Elejalde- hay mucha violencia verbal que no emana tanto del rencor como del miedo y del dolor profundo de saber que estás arrancando de tu vida a una persona a la que amas. Mi personaje, por ejemplo, tiene miedo del de Bárbara. Y en el caso de ella, que ha tenido que aguantar sus exabruptos, hay momentos de venganza... Pero llenos también de amor. El amor se expresa de una manera muy dolorosa en esta obra, y la separación es un corte quirúrgico que él lleva a cabo. De algún modo, él es un verdugo y ella una víctima».

Es inevitable referirse a lo que una obra tan emocional sobre la separación provoca en dos actores que, además, son pareja real. «Este hecho crea una turbación especial -reconoce Elejalde-. Nos dirigimos el uno al otro como Bárbara e Israel, y estamos jugando a imaginarnos una situación, pero somos nosotros los que nos decimos las cosas».

Confiesa el actor que la función resulta agotadora para los dos. «Es un salto al vacío, que provoca un desgaste emocional y físico». Los dos salen a escena como salen los toros al albero. «Se abre una puerta y salimos a cien. La función tiene un ritmo físico muy alto, que está apoyado también en la emoción de la desesperación, del dolor profundo. Es como hacer puenting... Es una función en la que hay que dejar el corazón en ella».

¿Y a un actor le compensa dejarse el corazón en el escenario? «Sí... -dice Elejalde- Si Bárbara y yo nos llevásemos mal, sería imposible hacer esta función, pero nosotros disfrutamos con este tipo de cosas. Hay algo que nos hace vibrar; nos emociona buscar esos dolores que están ahí y jugar a que nos pasan esas cosas que en la vida no nos gustan».