Cultura - Teatros

«Las bicicletas son para el verano», retrato de la cotidianeidad en la guerra civil

El teatro Fernán Gómez celebra sus cuarenta años de vida con un nuevo montaje de esta obra de la figura que le da nombre al espacio

Una escena de la función
Una escena de la función - Teatro Fernán Gómez

En abril de 1982, hace ahora treinta y cinco años, se estrenó en el Teatro Español, dirigida por José Carlos Plaza, «Las bicicletas son para el verano». Poco después, y debido a su éxito, el montaje pasó al teatro Fernán Gómez, donde estuvo cerca de tres meses en cartel. Este espacio cumple este año cuarenta años de vida, y ha querido celebrarlo con una nueva producción de este emblemático texto, escrito precisamente por la persona que da nombre al teatro: Fernando Fernán Gómez.

César Oliva dirige este montaje, que cuenta con Llum Barrera y Patxi Freytez como cabezas de un reparto que completan Esperanza Elipe, Álvaro Fontalba, Teresa Ases, Agustín Otón, María Beresaluze, Adrián Labrador, Ana Caso y Lola Escribano. El director se refiere a «Las bicicletas son para el verano» como «un referente imprescindible en el teatro español del siglo XX, y una de sus cuatro o cinco mejores obras».

La obra cuenta la historia de una familia de clase media madrileña durante la guerra civil -arranca el 18 de julio de 1936 y concluye poco después del 1 de abril de 1939-. Refleja el quehacer diario de esa familia y de sus vecinos a lo largo de esos meses. «Es una reivindicación de la memoria histórica -dice César Oliva-. El origen de la puesta en escena es, precisamente, que no se nos olvide lo que pasó en el 36». «Hay que revisitar ese período de nuestra historia -añade Llum Barrera-, sobre todo cuando se cuenta con el humor, la ironía y la ternura con que lo hace Fernán Gómez en esta obra. Pero hay que explicar todo lo que pasaba en aquellos momentos».

César Oliva firma también la adaptación del texto -«enorme, poderoso, grande»-, que ha sintetizado y reducido, tanto en cuanto al número de personajes -son once intérpretes- como a su duración: «se han respetado el concepto dramatúrgico y el texto, pero peinándolo. Todo texto dramático, sea de la época que sea, necesita revisiones, pero eso no significa que hayamos hecho ningún cambio sustancial que afecte a la columna vertebral de la obra».

Recuerda el director que el montaje original de la obra era de un «realismo muy sólido». Añade que «los caminos del teatro nos llevan a una puesta en escena más simbólica». y pone un ejemplo. «Dada la variedad de espacios que presenta la obra, y las actuales posibilidades de la luz y el sonido, esta versión nos descubre nuevos rincones en la vivienda protagonista de la obra, como es la escalera en donde se puedan encontrar los personajes».

Toda la actualidad en portada

comentarios