Una escena de «24 horas en la vida de una mujer»
Una escena de «24 horas en la vida de una mujer» - Teatro de la Abadía
CRÍTICA DE TEATRO

«24 horas en la vida de una mujer»: la atracción del vacío

Silvia Marsó protagoniza una versión escénica y musical de la novela de Stefan Zweig dirigida por Ignacio García

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Tiene sentido y coherencia escénica la traslación de esa breve joya narrativa que es «24 horas en la vida de una mujer» a un concentrado musical de cámara lleno de encanto y hondura. La dramaturgia de Christine Khandjian y Stéphane Ly-Cuong se centra en la almendra esencial del texto de Zweig: el relato de una digna dama casi anciana de un episodio de su pasado en el que en un solo día experimentó la plenitud gozosa y terrible de toda una vida, la pasión y el vértigo del vacío, la posibilidad de despojarse de condicionantes sociales.

Su interlocutor es aquí una suerte de personaje mefistofélico que se va transformando mientras ella devana su historia en una atmósfera de gran intensidad onírica subrayada por la música fantasmagórica del compositor ruso Sergei Dreznin y la sutilmente espectacular escenografía de Arturo Martín Burgos. Suena muy bien la adaptación al español de Ignacio García, que dirige con inspirado pulso de miniaturista un precioso espectáculo puesto en pie por el tesón de su protagonista, una estupenda Silvia Marsó, a la que acompañan entonadamente Felipe Ansola en la piel del joven ludópata que hace perder la cabeza a la dama y Víctor Massán como inquietante maestro de ceremonias.